Un fenómeno inusual, que hizo mella en toda la ciudad

Seguramente pasará tiempo hasta que se borren los rastros del sorpresivo temporal que se presentó el miércoles pasado en la ciudad. Es que a los daños materiales particulares, que incluyen casas tumbadas, autos inundados, paredones destruidos hay que sumarle los sufridos en los accesos, ruta y espacios públicos.
Sólo lamentos se escuchaban ayer en gran parte de la ciudad. Empezando desde el centro, donde los comerciantes de la calle San Martín, sobre todo los ubicados entre Belgrano y Mitre debieron comenzar la jornada paleando el barro que bajó desde la misma calle Mitre y entró en los negocios, sin compasión.

El mismo cuadro se repetía en la avenida Yrigoyen al 800, donde el agua y el barro afectaron a particulares y comercios por igual, todos motivados con la misma consigna "tratando de sacar el lodo a ver si se puede recuperar algo".

Detrás del María Auxiliadora, en Italia 1.153 la tierra que caía del cerro no dio tregua a los frentistas y los obligó a permanecer en vigilia y trabajando toda la noche sin descanso prácticamente, por lo que los pedidos eran de ayuda para pasar la situación y anteponerse a otra probable lluvia.

En la calle Alem, en su intersección con San Martín, los hombres de Clear no dieron abasto para sacar la montaña de barro allí acumulada, por lo que debieron acudir a máquinas viales que le agilicen y alivianen la esforzada tarea. En ese lugar, también los vecinos debieron tomar sus palas en mano, arremangarse los pantalones y embarrarse hasta donde podían para despejar veredas y entradas de casas y negocios.

En la ruta 3, en tanto, en su cruce con Juan B. Justo, se descalzó la calle y se desplomó una columna de alumbrado público, por lo que ayer el acceso permaneció cortado hasta tanto la SCPL ponía en condiciones la energía y se esperaba que se asegurara el camino.

La gente de Defensa Civil, por su parte, debió soportar el derrumbe de parte de su paredón de la base de Viamonte y Misiones, aunque se priorizó la atención de los damnificados por lo que seguramente el muro deberá esperar.

Pánico y temor

Los 21 mm de agua caída en sólo dos horas, perjudicaron sobre todo a los barrios. A los perjuicios sufridos por los vecinos de km.3 (ver aparte), se sumaron los momentos de pánico que vivieron los habitantes de Divina Providencia. Es que, por estar ubicados frente al camino que conduce al barrio Saavedra fueron tristes testigos de los automovilistas que perdieron el control de sus autos y llevados por la corriente de barro y agua terminaron en las canchas del Club de Golf Santa Lucía.

"La gente pedía auxilio, no se veía nada; no sabíamos si en los autos había chicos. Fue desesperante, los que salían se trepaban a los árboles, fueron varias horas de angustia", relató una vecina. Por la mañana, en tanto, manos anónimas se unieron para poder sacar a un Renaul 9 y a un Gol que terminó su desplazamiento involuntario a unos 150 metros de la ruta.

Siguiendo por el mismo camino, el cuadro no era distinto. A la altura del acceso al Parque Saavedra y ya entrando casi al camino Roque González, la lluvia levantó gran parte del asfalto que sin rumbo terminó amontonándose por pedazos sobre el paredón de la intersección de Los Rosales y El Algarrobo.

Otro barrio maltratado por el agua es Laprida. A la pérdida de un vecino (ver aparte), le sumaron gran cantidad de daños materiales. En Cuba y Salvador, por ejemplo, el agua derribó una casa prefabricada, que afortunadamente no tenía a nadie en su interior aunque si perdió la vida el perro que oficiaba de guardían de la propiedad.

En esa misma cuadra, los reclamos del vecindario se extendían. Las quejas tenían que ver con las obras de drenaje necesarias y grotescamente visibles ya que el desnivel es notorio, el agua se acumula en el valle natural, y por donde el barro la única escapatoria que encuentra es la vivienda de los vecinos. Como la de Normando Caniza, de Salvador 582 que perdió muebles, ropa, electrodomésticos y aún ayer, como cientos de comodorenses, permanecía limpiando lo que el agua le dejó.

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