Felipe Pigna presentó su libro en La Plata: Habló de la historia argentina y del peronismo

Felipe Pigna presentó su libro en La Plata: Habló de la historia argentina y del peronismo
El prestigioso historiador Felipe Pigna participó del ciclo de charlas que organiza la secretaría de Cultura del club Estudiantes de La Plata y habló sobre los contenidos de su nuevo libro “Los mitos de la historia argentina 5, del derrocamiento de Perón al golpe de Onganía”.

La conferencia se realizó en el auditorio del Colegio de Abogados de la provincia de Buenos Aires, y ante una gran cantidad de público destacó la fervorosa etapa del peronismo de aquellos tiempos, el rol que desempeñaron los sindicatos y los daños que causaron los distintos golpes de estado de aquella época.

En aquel entonces, cuando Perón pisó suelo paraguayo en octubre de 1955 luego de su derrocamiento, un corresponsal le preguntó qué pensaba hacer para regresar al poder. Perón lo miró y le respondió: “Nada. Todo lo harán mis enemigos”. En su exposición, Pigna sugirió que lo que siguió en la historia argentina parece resumirse en esa frase.

BOMBARDEO EN PLAZA DE MAYO

Es una falacia que ese hecho sangriento tenía como único objetivo matar a Perón. El escritor señaló que “en realidad lo que hay es ametrallamiento, porque la mayoría de los muertos son a causa de metrallas, no de bombas. Fue efectivamente un acto terrorista incalificable. Y fue un poco el anticipo de lo que iba a venir desde el sector más duro lo que después fue la Revolución Libertadora”.

Sobre esto, Pigna comentó que “es importante aclarar que hubo dos momentos: uno de ellos fue el del general Eduardo Lonardi, que era un general católico nacionalista que no quería desarticular completamente al peronismo, sino eliminar a Perón. Él entendía que el elemento nocivo era Perón, pero que el peronismo era una muy buena barrera contra el comunismo, y que por lo tanto había que mantener algunas conquistas sociales del peronismo, cosa que no fue entendida en aquellos momentos por la gente más poderosa de la Revolución Libertadora”.

“Lonardi duró muy poco tiempo, estuvo de septiembre a noviembre, se produce un golpe interno y asume Aramburu, violando inclusive los propios códigos de ellos porque había un vicepresidente que era Rojas. Sin embargo, asume Aramburu con Isaac Rojas de vicepresidente y comienza 'la venganza de clase'”.

En este momento el historiador relató cómo actuaron estos personajes siniestros, cuyas medidas causaron un efecto contraproducente a lo largo del tiempo. “Se ensañaron con la figura de Eva Perón, que es la persona que más odiaron estos sectores. Y atacaron los lugares de la fundación, los asilos, los hogares, destruyeron elementos quirúrgicos, destruyeron diez pulmotores, se bombardeó la residencia presidencial -un hermoso palacio en Austria y Libertador, porque allí murió Evita y ellos pensaban que eso podía ser un lugar de culto-. La Ciudad Infantil, que era como una réplica en chiquito de lo que es la República de los Niños, fue arrasada con los tanques, las piletas se rellenaron con cemento para que no se puedan utilizar, se paralizó la construcción del Hospital de Niños más grande de América, hoy un Carrefour. Podríamos enumerar un montón de casos, pero lo más emblemático que refleja el odio en toda su dimensión es el secuestro y desaparición del cadáver de Evita. Así comienza esta llamada Revolución Libertadora, que no tiene ninguno de los elementos que componen esa frase”.

“Y la mejor síntesis de lo que fue la Revolución Libertadora la da el contraalmirante Rial, cuando frente a unos obreros que estaban esperando ser atendidos por Lonardi él les dice: ‘Que les quede muy claro que la Revolución Libertadora se hizo para que el hijo del barrendero, muera barrendero’. Fue volver los relojes para atrás, el tener un país sin movilidad social, borrar aquellas conquistas del peronismo que habían logrado equilibrar la vida social argentina”.

Ante la pregunta de por qué el peronismo causó tanto odio en aquellos sectores de la oligarquía, Felipe Pigna dijo que “hubo un hecho que se lo denominó ‘la ocupación de la ciudad blanca’, porque el peronismo permitió la ocupación de Buenos Aires por parte de los cabecitas negras. El compartir los parques, las plazas; la ciudad de Mar del Plata, un reducto de la oligarquía que se convierte en lugar de hoteles sindicales. Pero lo que realmente enojó a las clases altas fue la conciencia de la adquisición de derechos por parte de la gente. Es decir: los tribunales de trabajo, las ocho horas realmente cumplidas, las vacaciones pagas, que el obrero se plante ante su patrón, que la empleada doméstica tenga derecho a tener libre los fines de semana, el temor a la empleada doméstica -un fenómeno extraño que se dio en la época del peronismo-. Todas estas cosas fueron imperdonables. Para resumirlo: la concientización de la clase trabajadora de derechos adquiridos, eso fue lo que más irritó a los sectores poderosos”.

LA RESISTENCIA PERONISTA

Obviamente que este tipo de acciones causaron reacción en los ámbitos en donde se veneraba las políticas del peronismo. A raíz de esto nace lo que se denomina “la resistencia peronista” y Pigna ilustró un episodio en la provincia de Santa Fe: “Hay un hecho romántico que se produce en Rosario, por eso en su momento se le dijo a Rosario la capital del peronismo, en donde se produce el mismo día del levantamiento de la Libertadora, en una villa muy pobre llamada Villa Manuelita; un acto muy heroico por parte de las mujeres y los pibes de esa villa, uniendo guardapolvos de los chicos arman un gran cartel que dice: ‘El mundo reconoce a Lonardi, Villa Manuelita no lo reconoce’. Un acto hermoso, emocionante, lo pegaron en el tanque de agua, y resistieron durante tres días los embates de la policía, de la guardia de infantería, básicamente las mujeres y los chicos hasta que finalmente el cartel fue descolgado”.

“Allí comenzó la resistencia que tuvo básicamente dos actores sociales muy importantes, los jóvenes obreros y las mujeres, fueron los grandes protagonistas de la resistencia peronista en distintas formas: los actos relámpagos, los caños, la propaganda, volantes, revistas, todo lo que se hacía. Fue un movimiento que se corrió hacia la izquierda de Perón, más allá de la voluntad del propio Perón, que en un principio lo puso a Cooke y después lo saca porque se había corrido mucho para la izquierda por sus vínculos con la revolución cubana y todo lo que va a pasar a partir de 1959”.

“Pero esto es un dato muy interesante, porque Perón -que era un gran estratega- veía en Cooke a su heredero, y le era muy útil su estrategia de golpear para luego negociar. La resistencia es un hecho muy importante de alcance nacional, manejado centralmente por el movimiento obrero, fue esencialmente sindical”.

“Recordemos que el artículo 4161 dictado por Aramburu prohibía la palabra ‘Perón’, la palabra ‘Evita’, el movimiento peronista, los discos, las canciones, todo lo que sea peronista. Y creo que fue el decreto más benéfico para la resistencia peronista que le dio una identidad, una fuerza y solidez muy grande a ese movimiento prohibido”.

Sobre esto, Pigna reflexionó: “Lo que ocurre ahí es que el lugar político lo ocupa lo sindical, que les resulta casi imposible a los libertadores aniquilar, porque hacen de todo, meten tanques en las fábricas, meten presos a 4.500 obreros, 90 mil delegados de fábricas son despedidos y no pueden parar al movimiento sindical, y el sindicalismo actúa sufriendo la ausencia de lo político”.

LOS FUSILAMIENTOS Y LA “OPERACIÓN MASACRE”

Poniendo sobre relieve al estandarte del periodismo argentino, el intelectual historiador ordenó su discurso diciendo: “En primer lugar me parece que es importante hacer justicia a Walsh, que es el primero en escribir un gran libro de periodismo de investigación, bastante anterior a ‘Sangre fría’ de Truman Capote; ‘Operación Masacre´ es un libro extraordinario desde lo literario, además”.

Ya metiéndose en el suceso histórico, Pigna recordó que “hubo fusilamientos en Campo de Mayo, en La Plata, en Lanús, en José León Suárez, en distintos lugares”.

“Fue una insurrección preparada por el general Valle y Cogorno. Se le avisó a Perón, quien se opuso completamente a este acto, les dijo que iba a fracasar y que es un peligro, que los van a infiltrar, les aconseja que desistan, pero de todas maneras se hizo. Se puso mucha voluntad y con escasa inteligencia, trataron de convencer a los oficiales y suboficiales del ejército, así que la infiltración fue bastante sencilla”.

“De manera que cuando se lanzó el movimiento aquel 9 de junio de 1956, estuvo totalmente infiltrado. El gobierno tuvo toda la información necesaria y criminalmente dejó actuar, de esa forma pudo captar más gente. Aramburu estaba al tanto de todo, firmó los decretos de fusilamiento y se fue a Rosario”.

“Es una verdadera operación masacre. Se fusiló a toda esta gente de una manera cobarde, avalado por todo el arco político y por la Suprema Corte de Justicia que fue creada por la Libertadora. Es un hecho desgraciado, es un acto desmedido que tuvo gravísimas consecuencias para ellos políticamente. Se fueron complicando, desacreditando. En un año que había empezado muy mal, que es un año en donde la Libertadora hace ingresar a la Argentina al Fondo Monetario Internacional”.

Es importante observar cómo cada acción de represión fue acompañada de una acción económica-política. Sobre esto, Pigna narró que “la Argentina ya había ingresado al fondo monetario y con ello comenzaron a aplicarse las políticas de ajuste aconsejada por el fondo a través del famoso plan Previch, que es uno de los tantos planes de ajuste que representa la reducción de salarios, contención del gasto, reducción del consumo para liberar saldos exportables; una receta que conocemos todos de memoria y que hoy están padeciendo España, Chipre, Grecia y demás”.

“Las instituciones tuvieron una respuesta gélida, se recurrió a la iglesia y por supuesto la iglesia no movió un dedo y no quiso salvar a nadie. ‘Dios controla los cuerpos pos morten’”.

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