La feligresía pergaminense honró a la Virgen del Rosario de San Nicolás

La feligresía pergaminense honró a la Virgen del Rosario de San Nicolás
Ayer se cumplió el 30º aniversario desde la primera aparición de esta advocación ante Gladys Motta en la vecina localidad bonaerense. Para celebrarlo, la comunidad religiosa de la parroquia, ubicada en el barrio José Hernández de nuestra ciudad, realizó la procesión. Posteriormente se celebró misa en el patio del templo.

Una vez más, como cada 25 de septiembre, miles de feligreses participaron de la celebración popular en honor a la Virgen del Rosario, en San Nicolás.

Este año la convocatoria fue mayor, habida cuenta de que se cumplen 30 años del acontecimiento mariano, de la primera aparición que la Virgen hiciera, en 1983, ante Gladys Quiroga de Motta, que recibió su imagen y sus pedidos en varias oportunidades hasta 1990.

Cuenta la historia que fue el padre Carlos Pérez, rector del Santuario construido en honor la Virgen del Rosario que escuchó por primera vez a Gladys. El sacerdote confió en lo relatado por esta mujer y fue así que luego de varios procesos, se legitimó la aparición y se puso la piedra fundamental en “El Campito”, lugar que cada 25 de septiembre se convierte en uno de los puntos de mayor concentración de los fieles, convocados por la imagen de esa Virgen que sostiene al niño Jesús y que lleva en una de sus manos un Rosario.

En Pergamino

En numerosas localidades del país, existe un templo dedicado a esta advocación mariana. Así en nuestra ciudad, en J. J. Valle 1113, en el barrio José Hernández, se encuentra la parroquia Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás y San Carlos Borromeo.

Dirigida por el padre Miguel Nadur, la comunidad religiosa transitó la novena que se inició por mediados de este mes para llegar al Día de la Virgen preparados espiritualmente, con un corazón predispuesto a escuchar el mensaje de la “Madre de Jesús”. Fue así que ayer el programa de actividades fue intenso. Se celebraron misas a las 10:00, 11:00, 19:00, 20:00 y 21:00.

Procesión

Pasadas las 16:00, un grupo de devotos de María llegados desde diferentes puntos de la ciudad, se congregaron en las puertas del templo para iniciar la caminata que recorrió las calles del barrio Hernández.

Al son de cánticos a la Virgen y rezando el Santo Rosario, los fieles paso a paso llegaron hasta el patio de la iglesia donde se celebró la misa que fue presidida por el padre Carlos Córdoba, misionera redentorista que arribó a nuestra ciudad para conocer la comunidad dado que el próximo año se realizará una misión por el barrio en el marco de los festejos por los 20 años de la creación de la parroquia como tal.

Encuentro

Una vez que los peregrinos llegaron al patio del templo, comenzó la celebración de la eucaristía que fue concelebrada por el párroco Miguel Nadur y el padre Denis Fritzpatrick.

Como es habitual, luego de la lectura del evangelio, el padre Carlos Córdoba hizo alusión a la Palabra de Dios referida al encuentro entre María e Isabel cuando ambas estaban embarazadas, y destacó la importancia de que los cristianos “salgamos al encuentro del hermano”.

Homilía

El sacerdote expresó que “en esta Liturgia de la Palabra queremos destacar, recalcar, que el Dios que animó al pueblo, el Dios que restauró aquella situación derrumbada, es el Dios que perdonó a aquel pueblo que se quedó sin templo y que se fue con otros dioses. Dios en cada momento de nuestras vidas nos brinda su confianza, y en estos casos vale mencionar lo que manifiesta el profeta Sofonías que expresa la restauración y la reconstrucción del pueblo de Dios.

“Nuestro Dios no se deja vencer por el mal, por la tristeza, por todo aquello que puede desembocar con la pérdida de la fe. Nuestro Dios es aquel que, no obstante nuestras fallas, nuestros pecados, sigue queriendo proponer un camino alentador.

“Hablábamos en el Salmo sobre la grandeza de Dios, esa grandeza que traspasa los tiempos y nosotros estamos llamados a ser testigos de esa presencia de Dios”, expresó el sacerdote.

Alegría de Dios

Prosiguiendo con la homilía, el padre Córdoba, puso de manifiesto que “la presencia de Dios imprime en el ser humano una alegría descomunal. Si sentimos a Dios en nuestro corazón vamos a saltar en una pata, vamos a glorificar a Dios.

“Y una de las pruebas de Dios vivo es el evangelio que hoy nos habla de una adolescente embarazada, que aceptó en ella la voluntad del ‘Padre’ y que fue a visitar a su prima embarazada, a Isabel. La Virgen María dejó de lado su comodidad, aceptó el ‘Plan Divino’ y fue al encuentro de Isabel. Ese reencontrarse estuvo signado por la alegría del aflorar de la vida, una alegría inconmensurable que fue transmitida por Juan y Jesús los pequeños que crecían en los vientres de esas mujeres.

“Esta lectura es conocida comúnmente como el Magnificat y hace alusión a lo magnífico. Jesús siendo joven también tuvo su magnificat, y lo tuvo desde la humildad, en la sencillez, allí se descubre lo que es verdaderamente grande”.

Reencuentro

Destacando la importancia del encuentro con el otro, Córdoba agregó que “la alegría es mostrada en la Palabra de hoy, a través del reencuentro. La Iglesia en general vive para el encuentro, para el diálogo aunque nos exponemos a ser discriminados por ello. El cristiano es aquel que expone su fe porque confía en Dios, somos testigos creíbles en la vida. Por eso debemos venir a la Iglesia para encontrarnos y salir del templo para reencontrarnos con los demás hermanos, en la realidad, en la calle, en el barrio, en la vida”. En comparación con la misión que se realizará en la comunidad de la parroquia Nuestra Señora del Rosario el próximo año, el sacerdote expresó: “Esta comunidad va a renacer en la medida en que se arriesgue a salir, y juntos podamos celebrar estos 20 años como parroquia de la mejor forma, misionando, celebrando, mostrando nuestra fe, y para ello no estamos solos sino que nos acompaña Dios y la Virgen María. Aquel que con docilidad está disponible al Espíritu será convertido por el Paráclito. Aquí estamos queriendo salir al encuentro, reconociendo nuestros pecados y con ansias de ser restaurados.

“El Papa Francisco nos está dando una mano maravillosa invitándonos a salir, a hacer lío evangélico. Tenemos este respaldo para dejar la comodidad. Venimos para encontrarnos y salimos para el reencuentro. El Espíritu Santo está con nosotros y a él le pedimos que se manifieste en nuestra vida”.

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