Tras encontrarse con las puertas cerradas de aquel lugar que había sido su espacio laboral durante tantos años, los trabajadores decidieron luchar por sus puestos de trabajo y pasaron miles de dificultades, superaron las adversidades con gran fortaleza y lograron conformar una cooperativa, que hoy en día es su sustento.
Una ardua tarea, recuperar una fábrica llena de deudas, sin recursos, sin sueldos, sin indemnizaciones, sin clientes, ni proveedores con confianza.
Tiempo después de aquellos tiempos vertiginosos donde debían resistir dentro de las plantas para que no les arrebataran la posibilidad de seguir trabajando, continúan luchando por un futuro mejor y se sorprenden de los logros que consiguieron como fruto de su perseverancia y trabajo.
El Eco de Tandil dialogó con referentes de tres emblemáticas fábricas recuperadas que cuentan cómo vivieron aquellos duros inicios y cómo siguen hoy en día.
Impopar crece y anhela
Con una producción de alrededor de 10 mil calefactores en el año, la cooperativa Impopar avanza año a año luego de los difíciles momentos que debió atravesar desde 2003 cuando la planta cerró, dejando a 60 familias en la calle. Desde ese momento, un grupo de trabajadores conformó la cooperativa de trabajo que hoy se proyecta con muchos proyectos a futuro.
Rodolfo Mascetti, el presidente de la cooperativa, recordó que la fábrica cerró sus puertas el 26 de agosto de 2003, dejando a 60 familias en la calle.
Nace la cooperativa
“Para poder desocupar la planta nos dieron unos días de vacaciones que nos debían. Entonces cerraron las puertas y las soldaron. Yo en ese momento me enteré por radio que dio la noticia de que Impopar había quebrado”, rememoró.
Entonces se empezaron a reunir con el fin de comenzar a conformar la cooperativa.
“Para poder entrar en la fábrica, mi hermano, que es abogado, trató con el juez que tenía la causa para ver si nos podía dejar entrar. De ahí en más fue una lucha constante golpeando puertas”, explicó.
Y recordó que “el antiguo dueño tenía un contrato con Surrey y habían quedado equipos sin terminar acá. Lo que nosotros queríamos era no perder las fuentes de trabajo, entonces nos pusieron como traba el hecho de que teníamos que terminar el contrato con Surrey para poder entrar a la fábrica. Había venido un síndico de Capital, uno de acá y estaba el juez que era de Tandil”.
“Mi hermano tuvo que explicarle al juez que lo que nosotros queríamos era trabajar porque el juez pensaba que queríamos entrar para adueñarnos de alguna máquina para cobrarnos lo que no cobramos nunca”, sostuvo.
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