La decisión del intendente capitalino, Víctor Fayad de imprimir en los cascos de los "motoqueros" el número de patente de la moto, les produce dudas a los conductores que este martes a mediodía fueron recibidos por el jefe comunal en la Municipalidad a fin de profundizar la medida y analizar los pro y contras de la misma.
Yo me pregunto si ésta no es una “sociedad de la anarquía” como el Intendente manifiesta en forma poco feliz en la TV, y digo poco feliz porque esta expresión hace partícipe a aquellos que no tienen motos, que teniéndola no se manifiestan, que manifestándose no cortan las calles … etc.; si él cree que ésta es una “sociedad de la tiranía” ya que intenta implementar en 90 días lo que ya oportunamente fuera rechazado, esto incluye el estacionamiento medido en calle Arístides Villanueva. Dejo constancia que no pretendo la anarquía, pero tampoco la tiranía de que las normas se implementen o por la ley o por el decreto (léase por la fuerza). Pretendo el ejercicio de la democracia. En esto le pido ayuda a quien pueda asistirme. Democracia (según la RAE) es la “doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno y el predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado”. Por una parte, me pregunto si deberíamos reformular esta definición o deberíamos anoticiar al mandatario capitalino sobre que el lugar que ocupa no es un lugar de privilegios para concretar caprichosamente los proyectos, la Intendencia es un lugar estrictamente de servicio al pueblo, como todos aquellos que resultan de ser electos y nombrados con juramento de por medio. No es de ninguna manera un espacio de poder para ejercer en forma libre y arbitraria. En vez de hacernos a todos sospechosos con la patente en el casco bajo el falaz argumento de reducir las salideras bancarias y otros hechos delictivos, invirtamos en detener a los que delinquen, invirtamos en penas cumplidas con proyectos de reinserción, no invirtamos en sostener representantes que no nos representan, que no nos escuchan, que insisten en implementar sus proyectos personales, en fin, ¡invirtamos! no tiremos el dinero que a nadie le sobra, y menos a aquellos que deben administrar los fondos públicos. Porque además el alfanumérico del casco correrá por cuenta de los titulares, mientras que los detenidos (y si resultan finalmente condenados culpables) son soportados por el presupuesto público, dándoles techo, comida, asistencia médica, educación, … para que además cada tanto se les escape alguno de la Penitenciaría provincial de Boulogne Sur Mer o de la flamante Almafuerte, y sea la sociedad la que viva atemorizada tras las rejas de sus propias ventanas y los culpables circulen tranquila y libremente.

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