Sólo las ruinas de las ex fábrica quedaron en medio de una lujosa zona residencial.
La estructura de un viejo volcador Dodge, una grúa y pedazos de cables de acero desparramados por toda la isla recuerdan a una inmensa maquinaria que sacaba, por pasada, cerca de 2.000 kilos de arena y piedra al lecho del río. Lagunas internas de hasta cinco metros de profundidad son las heridas, tapadas por el agua, que dejó la actividad. Son el mayor peligro que el lugar representa para los bañistas que transgreden los límites del Río Grande: del otro lado, en la costa de la fábrica, grandes bloques de cemento, piedra y hierros dan una idea de lo que podría encontrar un equipo de buzos.
En los mejores años de Fattorello, no iba al lugar ni a la décima parte de los bañistas que hoy, en la búsqueda del verde que escasea en el resto de la ciudad, avanzan sobre los islotes y sectores del río que no están habilitados como balnearios. La ausencia de guardavidas y las prohibiciones no son límites que muchos respeten, por lo que cientos de neuquinos se bañan entre los restos de la fábrica durante los fines de semana.
Dos silos oxidados y la estructura de la fábrica se conservan en el predio ubicado al final de calle Pampa. Al este, sólo una inmensa casa-quinta se interpone con el balneario Río Grande. No son más de 50 metros, que incluso se pueden caminar por la costa con sólo sortear una pared que llega hasta el agua. Una vez del otro lado, un sendero rodea la propiedad. Se trata del lugar en el que a principios de noviembre se denunció la tala de un bosque de árboles nativos (ver aparte).
Tras dos décadas de abastecer de viviendas premoldeadas a una provincia en crecimiento, en los 90 la fábrica creada por Alejandro Fattorello, un veneciano que llegó a la Argentina a fines de la década del 40, comenzó a decaer. La pala dejó de cruzar el río allá por 1995 y las ruinas demuestran el paso del tiempo: ya nada sirve sobre un terreno que fue a remate en plena crisis del 2001 y que es una tentación para cualquier desarrollador inmobiliario.
Investigan tala de árboles
El corte de calle Pampa es abrupto. El asfalto llega al río y, sin rastros de lo que en algún momento fue un alambrado perimetral, el acceso a la costa es libre. En ese lugar, hace pocas semanas, Defensa Civil municipal detectó en una recorrida de rutina que alguien había talado una la línea de más de 50 metros de árboles, de distintas especies y edades, provocando un daño ambiental irreparable.
El expediente está en manos de la secretaría de Gobierno municipal, que inició una investigación para determinar el responsable de haber cortado, con motosierra y sin autorización el bosque costero.
El dato principal es que no se buscaba leña: los troncos cortados yacen sobre el río.
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