Lo sucedido en los últimos días, en materia económica, es una cabal muestra de que el llamado modelo kirchnerista estalló en 10 mil pedazos. Y las consecuencias, como no podía ser de otra manera, las está pagando la gente.
Ante la escasez de recursos, el gobierno dejó en claro sus prioridades. Concretamente, prefirió seguir financiando los 3 millones de dólares por días que La Cámpora le hace perder a Aerolíneas Argentinas y sacrificar durante cinco días (el paro recién se levantó hoy, a primera hora, ver página 5) el derecho que le asiste a los sectores mas humildes de poder viajar a las localidades del interior donde no existen aeropuertos. Estamos hablando de un servicio que, básicamente, es usado por personas que deben dejar sus lugares de origen para poder estudiar o trabajar. Ni siquiera a los conservadores de la década infame, que conducían el país antes de la llegada del peronismo, se les hubiese ocurrido una política más regresiva y reaccionaria.
La presidenta Cristina Fernández y sus secuaces han vaciados todas las cajas del estado. Tiraron por la borda una oportunidad histórica, como fue el período de crecimiento macroeconómico que beneficio a gran parte de los países de América Latina, despilfarrado miles de millones de pesos de los recursos públicos para alimentar un enorme aparato de clientelismo político que le garantice el voto fácil de los que dependen de las dádivas del Estado para sobrevivir, y llenarle los bolsillos a funcionarios y empresarios amigos del poder.
Crisis del dólar
Ayer, por primera vez desde estalló la crisis por la escalada del dólar blue, la presidenta se dignó a mencionar tangencialmente el tema. Fiel a su estilo de negar la realidad, no reconoció el colapso en el que se encuentra la economía y habló como si la Argentina fuese Suiza o Dinamarca.
Su bipolaridad política la llevó al extremo de decir que su gobierno “no va a devaluar”, cuando en los hechos, con el cepo cambiario que impuso el kirchnerismo en el año 2011 y la consecuente proliferación del mercado paralelo de divisas, se está registrando una devaluación de hecho. Entre la convertibilidad, que ficticiamente planteaba que un peso valía un dólar y se terminó llevando puesto el sistema productivo de la Argentina en los años ‘90, y el actual retraso cambiario sostenido artificialmente por el gobierno, prácticamente no existen diferencias. La economía está en bancarrota, en un panorama que cada vez se asemeja más al de crisis de 2001.
Cristina también volvió a hablar del famoso modelo, afirmando que el mismo no “permite la transferencia de recursos” hacia sectores concentrados. Tampoco se puso colorada al decir que “hay que profundizar la industrialización”. La realidad (que siempre es la única verdad) muestra que la Argentina, tras una década del poder kirchnerista, es un país con una economía basada en los servicios, con un puñados de grupos económicos amigos del poder que controlan las exportaciones y con una industria que esta reducida a ensamblar partes que se produce en otras partes del mundo.
Más burocracia
La bipolaridad política que aqueja a la presidenta ayer también la llevó a anunciar un cambio en el sistema de comercialización de granos, como si fuese un cambio copernicano, cuando lo único que hizo fue presentar un fideicomiso que recaudara las retenciones de las ventas de trigos al exterior.
Es decir, se generará más burocracias para seguir ayudando a los que más se beneficiaron durante las épocas de bonanza del modelo K, como los pooles de siembras y las cerealeras, en momentos en que los pequeños y medianos productores agropecuarios, como consecuencias de las erráticas políticas oficiales, están quebrados y atraviesan por una situación paupérrima. Una clara muestra es que Uruguay, que tiene el tamaño de una provincia argentina, produce más carne que nosotros.
El viento de cola económico, generado por un mundo que demanda los alimentos que se producen en nuestro país, hace tiempo dejó de soplar en la Argentina. Los K lo hicieron posible: con todas las condiciones para cambiar la historia, hicieron que la Argentina se transformara en el país con menos crecimiento de la región, con una de los índices de inflación real mas altos del mundo, y con niveles de corrupción propios de naciones donde reinan las mafias y el narcotráfico.
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