En la capital hay 133 chicos menores de 15 años que están bajo este tipo de cuidados. Sin embargo, hay cerca de 50 -entre 9 y 12 años- que aún esperan esa posibilidad.
Sobre las causas de que haya pocas familias de acogimiento para estos chicos, especialistas aducen que el fenómeno se debe a una falta o crisis de voluntad.
Ante la ausencia de una lista de familias sustitutas, la dirección hizo un llamado a inscripción para las personas que estén interesadas.
Neuquén > “Es una cuestión de solidaridad”, son las palabras que eligen los integrantes de la Dirección de Familias Sustitutas, dependiente del Ministerio de Desarrollo Social de la provincia, para definir lo que hacen más de setenta familias de esta ciudad que albergan a menores de edad que fueron separados momentáneamente de sus padres ante una amenaza de vulneración de sus derechos.
El programa está previsto en las leyes 26.061 de Protección Integral de Niños, Niñas y Adolescentes, y la provincial 2.302, y tiene por objetivo la inscripción de una familia o un adulto mayor de 25 años como voluntario para acoger en un período que va de los tres meses a los dos años, a uno o más chicos en su hogar.
En la actualidad, en la ciudad de Neuquén 133 chicos menores de 15 años están al cuidado de familias sustitutas o solidarias. Pero hay cerca de 50 menores, entre los 9 y 12 años, que permanecen desde hace tiempo -en algunos casos desde hace largo tiempo- en hogares a la espera de ser acogidos por una familia. Ante la ausencia de una lista de familias sustitutas, la dirección hizo un llamado a inscripción para aquellos interesados, ya sea una pareja o una persona, con o sin hijos, mayores de 25 años, sin antecedentes judiciales, para recibir transitoriamente a niños.
“Las familias que se inscriben tienen que entender que este no es el camino más corto hacia una adopción sino que tiene que favorecer el vínculo de ese niño para el retorno a su núcleo familiar de origen”, aclaró Miguel Martínez, asistente social y director del programa.
La prioridad es que los niños vivan transitoriamente con alguna familia hasta tanto regrese a su hogar, siempre y cuando no haya impedimentos legales. “El 95 por ciento de los chicos entregados a familias solidarias o que se encuentran en hogares fueron por motivos de violencia en todas sus formas”, señaló Rodrigo Navarro Barros, psicólogo y coordinador técnico del programa. “Cuando digo violencia en todas sus formas también incluyo la negligencia y el abandono, es decir chicos olvidados, sin los cuidados de salud, sin los cuidados de higiene, chicos accidentados por desprotección o negligencia”, agregó.
Las familias que se anotan reciben un subsidio de 500 pesos por chico por mes, cifra que puede elevarse si tiene problemas de salud o alguna discapacidad (en esos casos se entrega un extra de 300 pesos). Por supuesto que el tema de la retribución es complejo y siembra sospechas respecto a las verdaderas intenciones de los postulantes. "Cuando hablamos de 500 pesos desalienta a cualquiera porque ese dinero a veces ni alcanza para cubrir los gastos. Nadie puede ver esto como un negocio”, comentó Martínez.
Las familias solidarias son auditadas por los asistentes sociales y psicólogos que integran el área; en tanto, la mayoría de los encuentros entre el chico y su familia biológica, se desarrolla en la sede de la dirección de Familias Sustitutas. “Después de un tiempo los espacios de revinculación pueden ser en el domicilio de los padres o de algún familiar pero siempre con la presencia de los profesionales del equipo, quienes evalúan como se desarrolla este contacto”, explicaron.
El rol de la familia sustituta no sólo es el de acoger y cuidar al chico sino también de colaborar con la familia biológica para tratar de restablecer la relación del menor de edad con su vínculo natural. “Hemos estipulado un tiempo mínimo de seis meses que consideramos necesario para evaluar si mejoran las nuevas vinculaciones entre hijos y padres. Hay veces que los padres pudieron cambiar la forma de relacionarse con sus hijos pero no van a poder volver a vivir con sus hijos, porque han cambiando pero no lo suficiente como para convivir nuevamente. Entonces seguirán con su familia solidaria y tendrán encuentros semanales o quincenales con sus padres biológicos”, explicó Navarro Barros.
En su mayoría, los chicos que se encuentran en hogares provienen de familias pobres, según los profesionales del área del Ministerio de Desarrollo Social. “Gran parte de ellos son de familias monoparentales, chicos que están solos con la mamá, o niños que han quedado al cuidado de su tía o de su abuelo”, indicó Martínez.
Las causas de que haya pocas familias de acogimiento para estos chicos se debe, según la óptica de Navarro Barros, a una falta o crisis de voluntad “sobre todo en la familia extensa, es decir los tíos, los primos, etcétera. Lo que está fallando es la contención de esa primera línea extensa de la familia”.
Por otra parte, resaltó que puede notarse “una falta de paciencia de los adultos responsables por motivos que son propias de la psicología evolutiva de un preadolescente” lo que motiva también que los padres no se quieran hacer cargo de su hijo o bien esto puede generar situaciones de violencia.
La realidad indica que, por lo general, estos menores institucionalizados, separados de su núcleo familiar natural transitan durante mucho tiempo por estas familias de paso sin encontrar su destino final o, lo que es peor, en hogares e instituciones en donde consumen su infancia y adolescencia.
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