Según la esposa del hombre ahogado, Sonia Domínguez, ayer la Policía decidió no seguir con el operativo.
A ellos poco les importó el olor nauseabundo del vertedero San Javier a un costado y los precarios elementos con los que cuentan para “peinar” el cauce. No se rinden.
La pesadilla comenzó el miércoles a las 15, cuando Lorenzo, de 53 años, se encontraba a un costado de la finca La Pedrera ingiriendo vino con dos de sus hijos y decidió refrescarse. Dentro del agua, el hombre no pudo hacer pie y fue arrastrado por la corriente, por lo que uno de ellos se tiró a salvarlo y otro corrió por un costado. Lamentablemente, ninguno pudo socorrerlo.
Más tarde, la Policía Lacustre llegó acompañada de los Bomberos y el Sistema de Emergencias y con un gomón salieron en dirección al sur, pero sin resultados positivos. Esa búsqueda tuvo que suspenderse cuando anocheció y recién a las 7 del otro día volvieron al río.
Los miembros de la Lacustre realizaron un “peinado” desde el puente que conecta el barrio Solidaridad con el Parque Industrial, hasta aproximadamente cuatro kilómetros en dirección a donde va la corriente de agua, pero finalizaron después del mediodía, sin encontrarlo.
Según comentó su esposa, Sonia Domínguez, a El Tribuno, ayer la Policía ya no respondió con amabilidad los insistentes llamados y “nos dejaron solos. Abandonados”, dijo.
Lejos de darse por vencidos, David, Manuel y otros hijos de Lorenzo decidieron realizar la misma metodología que usaron los policías un día antes, aunque -claro-, con materiales precarios.
Con una soga y un gancho llegaron a la zona del vertedero San Javier donde se tiraron una y otra vez, para intentar dar con el cuerpo del hombre.
“Ya no sabemos que hacer. No vamos a dejar de buscarlo como si lo hizo la Policía. Ya hace tres días que no tenemos idea donde puede estar y a veces pierdo las esperanzas, pero otras veces no”, remarcó ayer su esposa.
“Por buscarlo también corren peligro mis hijos que se tiran a las profundidades del río. Estamos desesperados y nadie nos ayuda”, dijo entre lágrimas.
Al lado de Domínguez y sus hijos, se encontraba Rogelia, de 59 años, la mayor de las hermanas de Lorenzo, quien no abandonó el lugar desde que se enteró de la desaparición del hombre, quien sostenía fuertemente una estampita del Papa Francisco.
Un albañil con 13 hijos
Con 53 años cumplidos, Lorenzo Mejías era un conocido albañil y -a veces- sereno en la zona del Parque Industrial. Vivía junto a su segunda esposa y 9 de sus 13 hijos en una humilde vivienda del barrio Solidaridad, a pocas cuadras de donde fue visto por última vez.
Antes de conocer a Sonia Domínguez, tuvo sus tres hijos mayores y desde hace 20 años tenía mal de Chagas, enfermedad que lo angustiaba a diario.
El hombre fue el hermano del medio entre Rogelia, de 59 años y Faustina de 44. Los dos mayores nacieron en Ledesma y a los 5 años se instaló en Salta para no irse jamás.

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