Sol Líneas Aéreas se estableció en 2006 a partir de un convenio entre el gobierno de la provincia de Santa Fe y la empresa turística rosarina Transatlántica, con el fin de servir rutas aéreas no cubiertas por otras aerolíneas nacionales.
Atribuible entonces a su corta vida empresaria quizá, o a una errada estrategia institucional, hay varios aspectos cuestionables para con la línea aérea que al menos en las primeras doce horas tras el accidente aéreo llegó tarde con todas las informaciones.
De hecho, y como ejemplo, Carlos Basaldúa, hermano de Gustavo víctima de la tragedia, señaló ayer a los medios de comunicación que confirmó el deceso de su hermano a través de la información periodística ya que la empresa “si no nos comunicamos nosotros no nos llaman”.
La lentitud en los reflejos para la contención se evidenciaron la noche del miércoles en los aeropuertos de Neuquén, Comodoro y Aeroparque. A la primera estación aérea comenzaron a llegar familiares de las víctimas cerca de medianoche, cuando los medios difundían los detalles del accidente. En el lugar, sólo fueron recibidos por policía aeronáutica, dado que a esa hora todavía no se había dispuesto personal jerárquico de Sol para la necesaria información.
En Comodoro Rivadavia no obtuvo una mejor política: este era el último destino del vuelo y los familiares de los 19 pasajeros habían arribado al aeropuerto minutos antes de las 22, pero fueron anoticiados de la tragedia pasadas las 2 de la madrugada, cuando la noticia ya estaba en las pantallas de la televisión nacional.
Además, el primer comunicado oficial de la empresa fue difundido a las 0:29 de ayer, ratificando el accidente aéreo, y minutos antes de las 2, cuando el aeropuerto comodorense era todavía un mar de dudas y lo sería por otra media hora. Horacio Darré, director de planeamiento de la línea aérea confirmaba la fatalidad desde el aeroparque de Buenos Aires, dando a entender que resultaba prácticamente imposible hablar de sobrevivientes.
Ayer en tanto, el vicepresidente de Sol, Juan Nifeneger aseguró en horas de la tarde que los pilotos del avión siniestrado tenían “experiencia”, eran “muy meticulosos” y estaban “en plena capacidad de sus actos”.
Como contrapartida, horas antes se había informado desde la Asociación de Aeronavegantes que Jesica Fontan, la azafata que tripulaba la nave había denunciado que la empresa no respetaba los horarios de descanso estipulados.
Fue el titular de la asociación, Ricardo Freccia, quien expuso que la tripulante llegó a denunciar “las irregularidades, los mínimos descansos y las máximas actividades. Nos comentaba por ejemplo que no podían comer entre vuelo y vuelo durante diez horas”.
Por otra parte, Nifeneger sostuvo que el avión siniestrado no sufrió “ninguna” falla técnica “ni aborto de despegue” en algún vuelo anterior al que se precipitó en el paraje de Prahuaniyeu, aunque Freccia replicó en declaraciones en Radio Mitre que la misma aeronave protagonizó un “aborto de despegue” en los últimos días.
Finalmente, el directivo de Sol aseguró al periodismo que se abocaban fundamentalmente a “asistir a los familiares y allegados de las víctimas y de quienes tripulaban nuestro vuelo”, aunque en Comodoro Rivadavia algunos partían por tierra para llegar a Río Negro dado que a doce horas del accidente no había precisiones ni traslado asegurado para las familias.
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