Angeles vivía con su hermano, su mamá, el padrastro y un hijo de él. Y tenía un medio hermano.
Todas las imágenes que trascendieron –de sus perfiles en redes sociales– retratan a un grupo muy unido, siempre en situaciones risueñas o lúdicas, que expresan una comunión nada fácil de lograr. En varias de ellas se ve a Jerónimo Arellano Villafañe (25), medio hermano de la adolescente asesinada, también acusado del crimen.
En el edificio de la calle Ravignani que la Policía ya revisó cuatro veces, Angeles vivía junto a su mamá, a Opatowski, a un hijo de éste (que es menor de edad, por lo cual se preserva su nombre) y a su hermano, Juan Cruz Rawson (18). Este chico y la adolescente asesinada tienen los mismos padres: “Jimena” y Franklin Rawson, quien a su vez tiene una nueva mujer.
Juan Cruz trabaja con un tío, pero sus allegados cuentan que es muy creativo, un “talentoso” dibujante y guionista de historietas que intenta insertarse en ese universo de manera profesional. Al igual que Angeles, es fanático absoluto del animé (comics japoneses) e integra un fans club de ese género.
El otro adolescente en la casa de Ravignani es hijo de un primer matrimonio que tuvo Sergio Opatowski con Patricia, quien murió de leucemia hace una década, cuando el chico tenía 7 años. La mujer eran íntima amiga de “Jimena”.
Tras la muerte de aquella mujer, y con un nene que criar, Sergio encontró apoyo en la mamá de Angeles (que ya estaba separada) y con el tiempo conformaron una nueva pareja, se casaron y unieron a sus hijos en una nueva familia.
Ella ya tenía además otro hijo: Jerónimo, imputado anoche, fruto de una relación previa a la que tuvo con el papá de Angeles. Este joven, estudiante de la UBA y empleado del Banco Galicia, dejó la casa materna hace unos años y vivía solo en un departamento.
En cuanto a las actividades, “Jimena” siempre fue muy cambiante y ahora trabaja como administrativa en la empresa de un hermano. Sergio es instructor de pesca con mosca –daba clases en los lagos de Palermo– y ayudaba a su esposa en tareas de cobranza. Ayer, horas antes de las detenciones, una allegada le contó a Clarín: “Todos ellos están quebrados, destrozados”.
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