Una familia atravesada por el terror a la Policía

Una familia atravesada por el terror a la Policía

El domingo 27 de julio transcurría tranquilo para la familia Pastén, hasta que el hecho que ellos mismos describen como “una imagen típica de la dictadura”, arruinó sus vidas, violó sus derechos y vapuleó su dignidad.

A las 17, Maxi, uno de los hijos de la familia, descendía de un remis con su bebé en los brazos. Detrás una agente llamada Gabriela Rodriguez, llegaba “gritando e insultándolo con su handy pidiendo refuerzos”, relata la familia.

“Ingresó mi hijo al domicilio y nosotros le pedíamos a la agente que nos explicara lo sucedido. Somos buena familia y le decíamos que nos dijera, que nosotros lo entregábamos, pero necesitábamos saber. Sin embargo ella sólo nos insultaba”, comentá Mónica, mamá de Maxi. Mientras tanto, en el domicilio se encontraban, el esposo de Mónica, su hijo Maxi y sus hijas de 15 y 21 años, más dos bebés, sus nietos.

Y llegó lo peor. “Sin resistirnos ninguno a un arresto, aunque era sólo a mi hijo quien la agente señalaba como responsable de un hurto, llegaron los refuerzos. Alrededor de 10 policías armados rompieron la puerta y entraron a mi hogar arrasando con todo. Incluso, entraron tan violentamente que se golpearon entre ellos, nosotros los escuchábamos. Al estar en el fondo de la casa comenzaron a golpearnos. Mientras tanto, afuera cortaron la calle. Los niños lloraban. Ellos no paraban de gritarnos e insultarnos. A mi hijo Maxi le pegaban con una pala. El hecho continuó hasta que la perra comenzó a ladrar tanto y, guiada por la situación violenta, mordió a unos policías y a nosotros. Fue cuando ellos le tiraron cuatro perdigones al animal que quedó muy mal. Mi hijo y mi marido también recibieron numerosos perdigones”, relató Mónica.

Luego de esto y, como si no fuera suficiente, Mónica, su marido, su hijo Maxi y su hija de 20 años fueron llevados detenidos a la Comisaría tercera.

Según el relato, “llegamos tan golpeados que quienes estaban en la comisaría no nos querían recibir para no comprometer a sus compañeros. Allí la pesadilla siguió. Nos golpearon y maltraron tanto…”

En la tercera permanecieron detenidos desde la noche del domingo hasta el lunes, que fueron trasladados a la Primera. Según cuentan, “estábamos tan golpeados que en la Primera nos trataron muy bien y nos instaron a que esto no quedará impune”.

La pesadilla continuó

Maxi convulsionó estando en la Tercera y se resistían los policías a hacerlo ver por un médico. Hasta que, por los llantos de Mónica, su madre, lo hicieron llegar al hospital, desde donde, por ser tan grave el cuadro, debieron llamar a más familiares.

La familia permaneció detenida tres días por averiguación de antecedentes y “resistencia a la autoridad”, cuando la policía ingresó al domicilio violentamente sin las órdenes correspondientes.

“Nos tuvieron tanto tiempo para que se nos fueran los hematomas y heridas un poco. Pero, apenas salimos, pedimos asesoramiento y el legista constató las heridas”, cuenta Mónica.

La hija de 20 años, mamá de un bebé, recibió un duro golpe en un pecho, por lo que no puso dar de mamar por unos días. En el domicilio, cuando se los llevaron arrestados, quedó la hija de 15 años, a quien no llevaron por ser menor, con los dos bebés, solos.

Maxi poseían $400, ya que había cobrado su quincena en esos días, y al momento de quedar en libertad no los tenía.

Cuando regresaron por sus pertenencias, los policías se burlaban, y entre los dichos los Pastén oyeron: “la perrita ladraba, adiós perrita, le metí unos tiros y sonó”.

El origen del caso

Maxi ingresó a comprar al ACA. Aparentemente hubo un hurto en ese momento y él era sospechado. Pero, él posee el ticket de la compra que realizó y pagó. Lo que molestó a la agente que originó la violencia, fue que al llamar a Maxi, él no respondiera al llamado como ella lo esperaba. Al no estar incriminado, él se fue. Pero, nada justifica tamaña violación a los derechos humanos.

Los Pasten ruegan recuperar la tranquilidad que por ser una familia trabajadora y de bien, caracterizaba sus vidas.

“No queremos que nadie más pase por esto. Es lo peor”, aseguraron entre lágrimas.

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