Como una burda paradoja del destino, cuando uno debería sentirse protegido por el personal policial, hechos como el ocurrido ante la salvaje agresión del policía Jorge Chavero al joven Leandro Bustos a quien dejó ciego y posiblemente con profundas dificultades en el habla, hace que la familia del chico asegure que “vivimos con terror a la Policía.
La novia de Leandro es la principal testigo del hecho, puesto que estaban juntos en esos momentos y Daiana relata lo que su cuñada ha comentado, tanto a familiares como en sede judicial.
Luego de haber estado “jugando a las cartas en la casa de un tío mío”, la pareja subió a su automóvil y se dirigió con destino a la casa de la chica en el barrio San Luis XV, pero en el trayecto “se le cruza una camioneta policial y casi los choca”, es entonces que “para evitar problemas” el joven cambia el rumbo “y se va para mi casa” en el barrio Jardín del Sur. Cuando va llegando a su casa “la camioneta (policial) estaciona en la esquina” de la casa y el personal policial -Jorge Chavero y Matías Baladas- se baja de la camioneta “y le comienza a hacer preguntas a Leandro”. En medio de las preguntas “de mala manera”, le consultan por su identidad y cuando el joven les responde, “le dicen que lo diga más fuerte y ahí le pegan con una linterna con la que le alumbraban la cara”.
Como Leandro decide entrar a su casa, “los policías entran a la cochera y le pegan al auto y mi hermano salió para preguntarles por qué le golpeaban el auto y le estaba apuntando y le disparó” provocándole heridas gravísimas que ocasionaron la ceguera permanente del joven, destrucción del maxilar y lesiones que le harían perder el habla o al menos que tenga muchas dificultades para hablar. Todo depende de la operación a la que fue sometido ayer en la provincia de Córdoba, a donde fue derivado por no contar nuestra provincia con personal médico capacitado para realizar esta intervención quirúrgica.
Lo que dejaría muy mal parado ante la justicia a Chavero es que luego de realizar el salvaje disparo “se escapó corriendo”, lo que indica que no estaba realizando un procedimiento policial, puesto que de haber sido así, se debería haber quedado en el lugar, haber pedido refuerzos con anterioridad a los hechos y nada de esto ocurrió.
Luego de que el padre de Leandro lo lleva al hospital para su atención, “en la casa quedan mi mamá y mi hermana” y ésta se la lleva a su casa “desde donde se ve toda mi casa”. Al llegar a la casa de la hermana “apagan todas las luces y se ponen a mirar hacia mi casa y ven llegar la camioneta (que había participado de la salvaje agresión) con tres móviles más y se estacionan y apagan todas las luces”, otra maniobra evidente de que no se trataba de un operativo policial y con tanta gravedad, al menos, los uniformados deberían haber dado parte al Juzgado de turno, pero tampoco lo hicieron, lo que deja aún más mal parado a Chavero. Esta operación, se repitió más tarde pero esta vez la camioneta llegó “con cinco patrulleros más”. Según versiones judiciales, esas dos incursiones inexplicables, tendrían como motivo buscar el cartucho de la Itaka para eliminar una prueba fundamental, pero esas mismas fuentes confirmaron a Periodistas en la red que ‘la prueba del cartucho está muy bien guardada’.
Daiana contó que su familia vive “aterrorizada con la policía” y que su hermanito menor de 11 años “se despierta llorando y cuando ve un móvil policial llora desconsoladamente”.
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