La falta de gas y de agua aflige en Tafí del Valle

Los lugareños reclaman más obras de infraestructura básica y piden que se promocione como destino turístico durante todo el año. Los habitantes de un precario asentamiento piden asistencia o que el municipio los traslade a otro punto de la ciudad
Alfombras de pasturas verdes, cerros que parecen modelados por alfareros y una tranquilidad que conmueve. Los foráneos son los que disfrutan de los atractivos de Tafí del Valle, a 107 kilómetros de la capital tucumana, durante la temporada (enero-febrero) y los veraneantes locales, los que lo hacen durante algunos fines de semana más al año. Sin embargo, también están quienes viven en el "otro Tafí", en el de los 10 meses restantes. Los tafinistos que reclaman obras de infraestructura básica y viviendas; y los comerciantes, que desilusionados por una "mala temporada" piden al Estado que controle a los vendedores ambulantes y que se fomente el turismo todo el año.

El "otro" Tafí

Cuesta asociar la imágenes con la idea que el común de la sociedad tiene de la villa turística. Pero son parte del paisaje y de la realidad. Un puñado de casillas levantadas con chapas, maderas y bloques de cemento albergan a 10 familias locales. Ubicado en la zona de La Quebradita, el asentamiento bautizado como Los Grateos (por los arbustos espinosos que abundan en el lugar) está allí desde hace siete años. Sostienen que ellos son la "otra cara" de Tafí, la de la pobreza. Tienen un grifo comunitario y algunos consiguieron electricidad, pero ningún otro servicio más. En su mayoría, son pobladores que llegaron de ciudades de alta montaña y que, sostienen, no pueden pagar el costo de un terreno en la villa.

Luisa Navarro (29 años) armó su vivienda con la ayuda de un hermano: "yo hice la chimenea, con barro y bloques. Fue lo primero, porque aquí el invierno es horrible". Al recordar la nieve que cayó el invierno pasado, la empleada doméstica apretuja a uno de sus hijos e insiste: "pasar frío es espantoso". Cuenta que alquilaba hasta que no pudo seguir pagando. "Conseguí maderas y nos vinimos. Muchas veces vinieron a sacarnos, pero realmente no tenemos adónde ir. Queríamos que la Municipalidad nos llevara a otro barrio; nos diera casitas, pero nada... aquí hay muchos niños (ella tiene cuatro menores de 10 años), algunos discapacitados. Cuando llega el turismo, es peor. Dejamos de existir para las autoridades", relata.

"Ya nadie se nos acerca, siempre nos prometían soluciones que nunca llegaron. Sentimos que hay dos ciudades distintas, y en la que vivimos no es prioridad", rezonga Verónica Ayala (26 años). En la casa que comparte con su marido y sus tres hijos, no tiene luz ni agua.

Andrea Davanesa (20 años), llegó al asentamiento hace dos años y vive en una pieza con su pareja y su hija. "Algunos veraneantes nos dicen que arruinamos el paisaje, pero no tenemos adónde ir", afirma la joven.

Temporada y obras

Los comerciantes tafinistos afirman que el verano, inusualmente lluvioso y muy frío, no fue bueno. Reniegan porque vendedores ambulantes llegaron a montones y las ventas bajaron.

"¡Hasta carne venden en la calle!", se queja Mary (39), dueña de una carnicería céntrica. "Pagamos los impuestos todo el año y no nos protegen contra la competencia desleal. Además, tenemos problemas con la luz y con el agua. Porque cuando se corta la electricidad, automáticamente nos quedamos sin el otro servicio también", remarca.

Celina Moreno (78), es propietaria de un mercadito desde 1974. "Pagamos los platos rotos por la falta de control", sostiene. "El gas natural hace mucha falta pero creo que me moriré sin ver esa obra", concluye la comerciante tafinista.

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