La extensión de la Ruta 188 no es necesaria

La extensión de la Ruta 188 no es necesaria

La prolongación de la ruta entre Alvear y Malargüe no tiene, según especialistas consultados, razón de ser. La infraestructura actual responde a las necesidades reales de la producción y el tránsito de personas, aunque tiene 400 kilómetros en mal estado que necesitan mejoras urgentes.  

Mucho se ha escrito acerca de la Ruta Nacional N° 188. Hay discusiones sobre su traza, los puntos que debería unir, pero como suele suceder en muchos temas de la Argentina actual no se ha discutido si se justifica su realización, el orden de prioridad y mucho menos su oportunidad. A la luz de lo que se observa, entonces, esta carretera parece más una cuestión de celos pueblerinos y oportunismo político que una respuesta concreta a problemas que existen y nadie resuelve.

Diario San Rafael consultó con especialistas esas premisas, necesidad y oportunidad, a partir de un diagnóstico actual de la situación vial de la región, y las respuestas arrojan conclusiones interesantes. Se deben sumar al debate actores sociales involucrados y un profundo y serio análisis técnico, a fin de contar con opiniones y resultados racionales antes de que se lleve a cabo una inversión que puede no sustentarse en el tiempo.

El sur provincial presenta una extensa red vial que comunica las ciudades y pueblos, construida a lo largo del tiempo para responder a las necesidades de comunicación y transporte de productos y bienes. Cómo es lógico, las rutas troncales unen las ciudades más importantes. Entonces, siendo San Rafael la ciudad más importante del sur, es el eje desde donde se unen el norte (Mendoza) el oeste (Malargüe) y el Este (General Alvear). Como está planteada, la red responde específicamente al movimiento real de bienes y personas.

Una coincidencia central es que el orden de prioridades para las obras lo debe marcar el sector productivo, comercial, minero (para nuestra región) y turístico. En contraste, la traza propuesta de la ruta 188 no se caracteriza por recorrer zonas productivas. Atraviesa un vasto desierto donde no hay zonas irrigadas, ni centros urbanos y una escasa población, y además afectaría uno de los humedales de reserva que tiene nuestra provincia (Llancanelo). Es una franja de asfalto en medio de la nada. 

A valores de hoy, la construcción cuesta unos quinientos mil dólares en llanura y un millón de dólares en zona montañosa. Además, atraviesa zonas técnicamente dificultosas, como los Toldos y Trintrica, donde son necesarios desmontes, rellenos, alcantarillados y otras obras de arte (como le llaman en ingeniería) que encarecen significativamente los costos. 

Podría, tal vez, surgir a futuro un posible proyecto minero en Trintrica, Agua Escondida, continuar con VALE (sales de potasio), entre otros, pero si la prioridad es la producción y las zonas bajo riego, entonces la Ruta N° 188  no encuentra mayor justificación. 

En contraste, desde hace 50 años se viene reclamando la necesidad de asfaltar la Ruta N° 180, que va de El Nihuil a Rincón de los Sauces y de ahí a Neuquén, hemos perdido los tres departamento del sur y la provincia extraordinarias ganancias económicas por no contar con la correspondiente red vial. 

Además no se ha cumplido un paso elemental, que es el censo de tránsito en General Alvear y Malargüe. Un simple censo establecería cuál es el tránsito real entre ambos puntos para establecer el uso posible del trazado. Haber salteado este paso es llamativo. El transporte de pasajeros no la utilizaría, ya que no está en su lógica evitar la ciudad más poblada. El turismo que llega a Malargüe proviene, según se ha informado, más que nada de Mendoza vía San Rafael, de modo que es difícil establecer una utilidad.

Otro argumento decisivo tiene que ver con la oportunidad. La región exhibe en este tiempo 400 kilómetros de asfalto colapsado. Es necesario y urgente ponerlo en condiciones. Y es el asfalto que une justamente los sectores productivos y los sectores poblados. Son las rutas de uso real de la gente y la riqueza, y su estado y mantenimiento son las verdaderas prioridades.

En síntesis, el sur de la provincia tiene un buen porcentaje de la infraestructura vial que necesita. Las ciudades y las zonas productivas están unidas, los caminos pasan por donde deben pasar, que es donde está la gente y la producción. Pero dicha infraestructura necesita inversión y mantenimiento urgentes. Por ello, que se quiera construir otra ruta, sin demasiada justificación ni los estudios necesarios, pudiendo con ese dinero solucionar problemas acuciantes en la red vial, aparece como una idea de escaso sustento. 

Tal vez cuatro o cinco propietarios de tierras en las  zonas interesadas tengan el poder de invertir las prioridades sensatas. Pero argumentos de peso, es difícil encontrar. 

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