Explotación petrolera: bajar las expectativas

Explotación petrolera: bajar las expectativas

Desde hace algunos años, los neuquinos y patagónicos en general, vivimos afiebrados por la aparición de los “no convencionales”, como se llama a los hidrocarburos ubicados a varios miles de metros de profundidad, en arcillas y rocas.

Se las presentó como la panacea para los males estructurales del país, empezando por la recuperación de la soberanía energética. EE.UU lo hizo, nos dijeron.

Y seguramente, desde la teoría, esa posibilidad cerrara.

Pero la práctica muestra otra cara, alejada de los voluntarismos o necesidades de quienes impulsan los emprendimientos.

La fuerte dependencia del país respecto del capital inversor, pone al gobierno en una notable inferioridad de condiciones. Las empresas fuertes, para venir a la Argentina, ponen sus condiciones, que solo tienen en cuenta sus propios intereses. Es la cruda lógica del inversor, que siempre busca hacer negocios, lograr rentabilidad.

Hoy, lo que pasa en el mundo con el precio del petróleo y las crisis de varios países, nos obliga a ampliar la mirada, sobre una cuestión tan sensible, como es la inversión que se necesita para que la formación Vaca Muerta llegue a rendir los beneficios económicos que nos prometieron.

Los gobernantes hacen esfuerzos no ya para evitar el impacto en el mundo laboral y económico en general, sino para retrasarlo. Hay un proceso electoral en marcha, que aspiran a transitar sin sobresaltos, con los ecos de los discursos cargados de promesas y bonanzas de no hace muchos meses. Neuquén, fue el paraíso para miles de argentinos necesitados.

Una posición responsable, nos exige ampliar la mirada, para ver que es imprescindible que los actores políticos y económicos, empiecen a bajar las expectativas sobre Vaca Muerta, al menos en lo inmediato. Y no sólo eso, sino a trabajar en programas alternativos, para que el sofocón que ya se siente, no se transforme en asfixia con consecuencias sociales profundas.

La economía y la empresa privada, sobre todo la gran empresa, tienen sus reglas, muchas veces brutales para los pueblos. Sus reglas, su lógica, no se conjuran con parches o actitudes voluntaristas de los gobernantes. Solo sirven medidas inteligentes, prácticas y oportunas. Pero todo empieza por un sinceramiento.

Y ampliando la mirada, sobre el país en general y en particular de las provincias con petróleo y gas, debemos asumir la debilidad y dependencia que tiene la explotación de nuestros recursos naturales. La autonomía no se logra con discursos bravucones ni con slogan y consignas ya gastadas por tanto mal uso. Debemos situarnos en un mundo desigual, en donde ningún país es amigo ni solidario y que se maneja con intereses. Y con un capital transnacional cada vez más fuerte y desbocado.

Entender también, que dentro de este contexto, cuando uno de los grandes países y sus poderosas empresas, estornudan, nuestra Argentina, entra en una pulmonía extrema. Eso es lo que nos pasa hoy.

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