Por: Oscar Raul CardosoSi se aceptan, solo como ejercicio, las explicaciones de ambas partes -la organización Hamas y el Estado de Israel- una extraña locura se ha instalado en ese conflicto. Dos géneros cinematográficos se combinan para definir la acción de ambos: el "policial" en el que Hamas actúa desde sus bases en la Franja de Gaza como "asesino serial" disparando sistemáticamente cohetes que cobran alguna víctima y el de "desastre" en el que Israel responde generando una auténtica masacre en ese territorio palestino.
Esto hace que Gaza sea, aun después del retiro unilateral israelí de 2005 un territorio ocupado, algo que las formalidades del lenguaje político apenas disimulan. Si lo que sigue a los bombardeos de estos días es una ofensiva terrestre israelí, el gobierno deberá reconocer que el "desacople" que imaginó el ex primer ministro Ariel Sharon hace tres años debe considerarse un fracaso más. Otra invasión no sería necesariamente una respuesta eficiente: en cuatro días de bombardeos y con más de 600 víctimas, Israel aun no ha conseguido detener los cohetes Kassam del "asesino serial".
Hamas, uno de grupos más radicalizados del mundo islámico, ganó las elecciones parlamentarias palestinas de 2006 e Israel se dedicó desde entonces a intentar anular al grupo de cualquier manera, incluyendo el aliento a una guerra civil entre Hamas y Fatah, la organización tradicional de los palestinos en 2007.
De hecho en Israel y en Estados Unidos se jugó entonces con la idea de circunscribir a un estado palestino solo en Cisjordania (definida como Fatahstina) bajo control de Fatah manteniendo en el limbo del sitio a Gaza (aludida como Hamastan) hasta que Hamas fuese destruida o repudiada por los propios palestinos.
Israel insiste en caracterizar a Hamas como una banda terrorista, pero esto de demonizar al enemigo algunas veces puede tener costos ocultos. Hamas es una organización político-religiosa con raíces más profundas que un mero grupo terrorista, aunque recurra al terrorismo como uno de sus métodos. Insistir en no reconocerla como jugador en el tablero del conflicto palestino-israelí parece una soplonería peligrosa.
Otra dimensión de locura es la interpretación que liga a la decisión militar de Israel a la campaña política que en febrero del año entrante definirá el nuevo gobierno israelí. Esta ofensiva está liderada por Ehud Olmert, un primer ministro a punto de dejar su cargo acusado de corrupción y que ya ensayó -con escaso retorno- la vía militar en el Líbano en 2007. Aquella vez no pudo eliminar al grupo Hezbollah y si esta vez falla con Hamas el futuro se anuncia asfixiante.
Uno de los candidatos a reemplazar a Olmert es el actual ministro de Defensa, Ehud Barak, cuya campaña política está presidida por los eslóganes sobre el restablecimiento de la seguridad. ¿Es todo parte de una puja electoral? Si fuese así se habrá llevado el término bélico "daño colateral" al paroxismo del absurd
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