La Municipalidad de Resistencia logró una exitosa convocatoria de vecinos que fueron a pagar con descuentos el tributo de Tasas y Servicios.
La odisea de pagar Tasas y Servicios para un ciudadano común en el día de vencimiento insumió tres horas y veinte minutos. De las nueve cajas habilitadas en la Caja Municipal de avenida Italia e Hipólito Yrigoyen, siete correspondían al público en general y dos cajas fueron destinadas a personas con discapacidad, mayores de 70 años y mujeres embarazadas o con hijos en brazos.
En horas de la siesta del día lunes 10 de marzo, en ningún momento estuvieron todas las cajas habilitadas y esto se podía observar porque hay un tablero electrónico que marca el número de caja que llama para que pase el contribuyente. Siempre eran dos o tres cajas las que atendían, siempre las mismas, ante la indignación de la gente, que cada tanto hacía escuchar su queja a través de sostenidos aplausos o gritos, donde algunos con humor ácido, a veces irónico, se acordaban de la intendente o de la familia más cercana de funcionarios y cajeros.
Esta crítica, que pretende ser constructiva, es porque no se puede disponer del tiempo de ciudadanos que tienen sus respectivas ocupaciones y que van a pagar, además de ser su responsabilidad, fueron a pagar porque la publicidad de la Municipalidad de Resistencia funcionó bien. Además, la gente hoy más que nunca cuida el centavo y cuando puede lograr un descuento interesante, como en este caso, el vecino se moviliza, hace un esfuerzo y paga todo el año.
En tantas horas de cola los comentarios y los improperios abundan, pero es dable destacar el humor negro de un vecino que se comunicó vía celular con su oficina y después de despotricar contra “estos inútiles e impresentables”, comenzó a dar directivas de trabajo y al final le dice a su interlocutor “y por favor, llamé para que no hagan la denuncia, no me secuestraron, ni estoy perdido, ni me fugué, estoy voluntariamente en medio de una cola para pagar y no sé cuando p… voy a poder salir de acá”. Un verdadero guionista el tipo, hizo catarsis por teléfono y fue como tomar aire para seguir sufriendo.
Si, sufriendo, después de un par de horas parado, te empiezan a doler el cuello, la espalda, la cintura, comenzás a mover la cabeza, los brazos, tratando de lograr alguna posición que fuera cómoda y no la encontrás, porque estás cansado de tanta espera. Algunos mascullan y mastican bronca, otros son más sociables y hablan en voz alta, como buscando alguien que se prenda en el diálogo.
En el largo periplo hacia la caja cobradora, destaco otra ocurrente expresión, al entrar a la Caja Municipal y ver la cantidad impresionante de gente, un vecino dijo como si hubiera llegado al paraíso, “esto es una Olimpiada, cuando llegue a la caja soy capaz de levantar los dos brazos como si hubiese ganado la prueba de 10 mil metros llanos con obstáculos”.
La fila de las personas con discapacidad, mayores de 70 y embarazadas, estuvo durante toda la siesta con un solo cajero y por supuesto, iba muy lenta, pero el respeto y la paciencia de la gente, contrastaba inexorablemente con el maltrato que nos impuso la Caja Municipal.
Para escribir con sinceridad, hay que admitir que la mayoría de las entidades financieras y bancarias de Resistencia tratan muy mal a sus clientes o aquellos que deben utilizar sus servicios, hay un maltrato diario innecesario. Hay que disponer de mucho tiempo para hacer trámites y a nadie se le cae una idea para mejorar la atención al público.
Bueno señores, de eso se trata, es preciso y necesario que comiencen a tratarnos como ciudadanos, merecemos respeto. En el caso de la Caja Municipal, la bronca de hoy estaba dirigida a que sus autoridades, que sabían que hace unos meses cerraron una sucursal céntrica, y ése público en algún lado iba a ir a pagar. Es indudable que ese detalle no lo tuvieron en cuenta. Todos los módulos también en la jornada de este lunes estuvieron colapsados.
Es de esperar, que los funcionarios tomen cartas en el asunto, que el año próximo no tengamos que ocuparnos de este mismo tema.
Para finalizar, una a favor del cajero que me atendió, después de tres horas y veinte minutos de cola, ya no sabía ni como me llamaba, le di dos boletas de Tasas y Servicios y el dinero, el cajero que estaba en el puesto 7, me devolvió el dinero y me dijo “hay cien pesos de más”. Tomé el dinero, lo conté y efectivamente había un billete de cien de más, le agradecí, como corresponde y hasta me hizo olvidar por un instante, que había pasado la siesta y parte de la tarde para pagar un impuesto municipal. Una tragicómica odisea resistenciana.
Comentá la nota