Fue una de las consideraciones vertidas durante la I Jornada Regional de Derecho Público que se llevó a cabo en Tucumán. Se analizaron las características que determinan una aplicación de justicia de forma selectiva que siempre recae sobre los sectores sociales desprotegidos. Accionar policial y formas de enjuiciamiento.
Durante el desarrollo del I Congreso Regional de Derecho Público que se concreta hasta hoy en la provincia, uno de los tópicos que se trataron en las disertaciones propuestas, se relacionó con el esquema de penalidad selectiva que adquirió el sistema jurídico argentino.
En este sentido, Fabián Balcarce (profesor de Derecho Penal de la Universidad Blas Pascal de Córdoba) hizo alusión a la estratificación que se realiza desde los centros de justicia al momento de caer con el peso de la ley solamente sobre un determinado sector de la sociedad.
"En el país existe una política criminal destinada esencialmente a los pobres, a las clases marginales. El sistema penal está hecho para aquellos que no firmaron el contrato social, casi para las clases proletarias a quienes había que sacarle la capacidad de trabajo a partir de la privación de la libertad", sostuvo el docente universitario.
Al respecto, postuló que se encara una política criminal "extrasistemática" en la cual se establecen un conjunto de estrategias destinadas a la prevención y represión de los hechos delictuosos determinando un conjunto de calificaciones legales para las conductas y la imposición de penas.
Tal política, sostuvo, puede resumirse en cinco conceptos básicos que afirman sus consideraciones en relación a la estigmatización que se hace de las clases bajas al momento de introducir toda una serie de penalidades ante la violación de normas.
Como primer elemento, estipuló que "existen delitos que pueden ser denominados de tenencia, que son aquellos en donde a las personas se las castiga por el sólo hecho de tener, no por hacer o no hacer nada, es decir por una relación de dominio o custodia de alguna cosa (tenencia de estupefacientes, portación de armas). Son delitos de peligro abstracto o permanente. Se castiga a la persona porque tiene un material que puede ser peligroso a la postre, pero que ni siquiera afecta el bien jurídico protegido".
Seguidamente, Balcarce indicó que para la investigación de este tipo de delitos se apela a la "criminalística del presunto", por lo que las características en que se basa la policía para demostrar estos hechos "son el color de piel, el pelo largo, el piercing, la vestimenta, el lugar a dónde voy y de dónde vengo. El olfato policial hace que en determinados lugares (recitales, canchas de fútbol) se criminalice a determinada gente. La policía verifica quiénes son los que tienen la cara morocha y pide órdenes de allanamiento para investigar en villas miserias o barrios humildes en donde seguramente encontrarán algo".
Este motivo, le dio pie al catedrático para referirse al tercer punto, que se vincula a lo descripto como "excepciones a las exclusiones probatorias".
Para explicar tal punto, argumentó que "a través de la teoría de la buena fe, el policía ingresa a la casilla buscando determinada arma, pero encuentra cien gramos de estupefacientes, entonces, como la sociedad es resultadista, consideramos a ese allanamiento como viable y a partir de allí se inicia toda investigación en contra de la persona".
Una vez que se produce la privación de la libertad de estos individuos, marginados de por sí del estrato social pues no tienen un domicilio fijo o bien el dinero para pagar la respectiva fianza, el profesional criticó la concreción, casi de manera exclusiva para los afectados, de los "juicios abreviados donde el imputado ya no tiene nada que tranzar, ya lo han privado de lo último que tenía que es la libertad, a cambio de saber dos garantías: el tiempo en el que se le va a realizar el juicio y cuánto tiempo estará detenido. El juicio común ha pasado a ser arqueología jurídica, se encuentra en vías de extinción", alertó.
Tomando como base las consideraciones vertidas hasta aquí, Balcarce señaló que "se ha introducido la idea de la mc'donalización (por la cadena de comidas) de la justicia. Es decir, se nos ofrece rapidez, una comida abundante (los "papas fritas", forma de aludir a quienes resultan perseguidos judicialmente, pero que sólo son un eslabón mínimo de la cadena de delitos), certidumbre (siempre comeremos lo mismo y en el mismo lugar, se atienen a los mismos casos) y un control sobre las personas que ellos manejan y sobre los propios clientes (porque entran e inmediatamente tienen que salir). Con este sistema, en tres o cuatro días, se van a resolver las causas penales con la condena del sujeto, así será la justicia argentina dentro de poco tiempo", señaló.
“El sistema punitivo no toca a la delincuencia organizada”
Por Sebastián Herrera Prieto
Profesor Derecho Penal UNT
Tanto el sistema judicial, legal y ejecutivo se encargan, a veces intencionalmente, de elegir su clientela penal de los más bajos estratos de la sociedad. El pobre, el que roba la gallina, el ladrón de poca monta, el que vende droga en la costanera, normalmente aquel que hace el menudeo de un delincuente de mayor monta o de un sistema del crimen organizado.
Siempre detrás de las personas que llegan a la cárcel hay círculos mayores que se benefician de la delincuencia organizada a los que el sistema punitivo no toca y en muchos casos no se atreve a tocar, o anima a tocar o no los toca porque son ellos mismos. Los problemas que están en la cúspide no son encarados política ni policialmente.
Con detener a los infractores no se resuelve nada, porque hay una mano de obra desocupada que está disponible para volver a hacer esta tarea, jóvenes, humildes, con limitaciones culturales y necesidades que son la clientela básica de los penales. Allí se ven a estas personas, muy difícilmente verán al capo de las mafias o al capo de la usura. A ellos, la policía no les llega, por eso nuestras cárceles obviamente están destinadas a los pobres.
Hay una selectividad legal dictada por el Congreso, por ejemplo los delitos para los funcionarios públicos tienen una pena ínfima y nadie va preso.
Hay una selección de tipo judicial, los defensores oficiales que tenemos en la provincia defienden solo a los pobres y tienen muchísimo mas trabajo que un defensor particular. Están absolutamente abarrotados de trabajo, hay casos en que jamás conocen a su cliente, es mucho más fácil que esa persona caiga dentro del sistema penal.
“En las cárceles no hay derechos, se mata, tortura y viola”
Por Leandro Halperín
Director del Programa UBA XXII
El sistema penal, que debería haber sido creado para igualar las desigualdades entre los ciudadanos, que debería defender a los ciudadanos de los abusos del Estado, está hecho para controlar, para elegir y castigar a una sola parte de los que infringen nuestro código penal. Y uno podría plantearse también sobre los hipócritas fines y modelos que el Estado propone como válido para el conjunto de la sociedad. Define así quiénes son exitosos y por qué no lo pueden ser. De esta forma, exitoso es aquel que puede acceder a lo que se puede comprar, es aquel que tiene dinero.
No todos tenemos las mismas herramientas para poder llegar a ese fin que establece lo exitoso, se puede transitar el camino institucionalmente propuesto como valido para ser exitoso.
Pero hay muchos otros que no van a poder alcanzar los fines que se les presentan como válidos y si quieren ser exitosos deberán burlar el camino que se les presenta y transitar otros rumbos para llegar a los mismos fines. Si en ese transitar no han sido detectados por el sistema penal, se convierten en exitosos, en uno más de nosotros y si se los detecta, son frustrados en el camino.
Pero no todos son seleccionados por el Estado para cumplir condena y ejemplificar en ellos lo que puede pasar en caso de haber cometido algún delito.
En las cárceles se mata, se tortura, se viola, en las cárceles no hay derechos y allí van a parar los que se encuentran en las capas más bajas de la sociedad. ¿Es en este contexto, pretendemos que esta persona burle el abismo de lo inevitable?, por lo que se espera de ellos es que vuelvan a reincidir. En las cárceles hay muy poca vocación, poco trabajo.
Comentá la nota