Exclusión, “conurbanización” y ausencia del Estado, detonantes de la violencia

Exclusión, “conurbanización” y ausencia del Estado, detonantes de la violencia
Los sectores periféricos de la ciudad configuran el escenario principal de las agresiones. Los referentes barriales alertan por la falta de políticas de contención en las zonas alejadas del centro. Especialistas analizan este fenómeno: la influencia del consumo de drogas y el riesgo de parecerse cada vez más al Gran Buenos Aires.

Los cinco crímenes ocurridos en Junín en lo que va de este año marcan que se profundiza la tendencia de 2013, en donde en donde la tasa de homicidios fue de 11,07 superando la marca de la provincia y de los distritos calientes del conurbano, como informó ayer este diario.

Esta violencia creciente, que además incluye agresiones, peleas, heridos de arma blanca, reyertas, tiene algunas características sobresalientes: la gran mayoría es protagonizada por jóvenes y adolescentes, y se produce en barrios periféricos, donde la ausencia del Estado se hace notable.

En ese marco, los referentes barriales de las zonas alejadas del centro, muestran su malestar por la falta de políticas activas de contención.

La voz de los barrios

Esta semana, el barrio San Antonio apareció con fuerza en los medios a partir del asesinato de Jonathan Lavallen, apuñalado en la esquina de Tula y República. El presidente de la sociedad de fomento de ese vecindario, Sergio Cuello, reclama desde hace tiempo la acción de las autoridades estatales para contener a los chicos del lugar.

“Acá no hay nada, sólo tenemos la Unidad Sanitaria –explica–, la asistente social ni siquiera recorre el barrio. La problemática está pero no hay contención para nadie, no hay políticas municipales, provinciales ni nacionales. Los barrios han sido dejados de lado, estamos olvidados por las autoridades”.

La preocupación también está presente en el barrio Ferroviario, donde está ubicada la Escuela Secundaria N° 5 en la que se produjo el homicidio de Naira Cofreces. Martín Sofía, titular de la entidad barrial, sostiene que “así como se estableció la emergencia en seguridad habría que decretar la emergencia social”, y amplía: “Muy esporádicamente tenemos la visita de autoridades de Asistencia a la Víctima o de la Dirección de la Mujer. Solamente vienen cuando pasa algo. Son encuentros que no llegan a una solución porque no se continúa en el tiempo, o porque no tienen la capacidad operativa para dar respuestas, o porque no tienen las herramientas necesarias”.

El 5 de abril falleció el joven Jonathan Corredera, luego de ser apuñalado en el barrio Capilla de Loreto. La tesorera de la sociedad de fomento, Nancy Priano, también admite que hay poco apoyo de las autoridades: “Acá se ven a los chicos en las calles, excedidos en alcohol, molestando a la gente, a veces hay peleas. Los vecinos tienen miedo. Nosotros venimos haciendo un trabajo social: contamos los problemas a los funcionarios y después nos desligamos, por orden de ellos, y porque no queremos tener problemas posteriores. Después del problema de Villa Belgrano se había dejado de tratar el tema en el barrio, pero ahora nos llamaron y esperamos que se empiece a trabajar de nuevo”.

Entre las numerosas reyertas con heridos, en enero de este año una mujer terminó apuñalada por su pareja y un nene de tres años sufrió heridas, en el barrio El Progreso. Sandro Anaya, vicepresidente de la sociedad de fomento, se queja porque el trabajo hecho por los vecinos y fomentistas no tuvo resultados: “Acá se ve ‘muy a las perdidas’ un patrullero. Nosotros hemos hablado sobre la venta de droga y alcohol, pero nadie hace nada. No nos han llamado para nada: supimos que hubo una reunión en la Federación de Sociedades de Fomento y no fuimos convocados. Tampoco hay contención. Solamente nos llamaron para dar apoyo escolar, una hora, dos veces por semana”.

En tanto, otro punto de conflicto se produce a la salida de las confiterías bailables. Un ejemplo de ello es lo sucedido en la madrugada del 18 de abril con Miguel Lencina, de 24 años, que fue apuñalado en Benito de Miguel al 900.

Alicia Risotto, presidenta de la sociedad de fomento del barrio Eusebio Marcilla (uno de los más afectados por este tema), advirtió que “la salida de los boliches es tremenda”, y puntualizó: “Hay más hechos de los que salen a la luz, por eso queremos hacer un petitorio la semana próxima para que se tomen cartas en el asunto. A nosotros (el secretario de Seguridad Víctor) Knappe nos dijo que no pueden hacer nada”.

Exclusión y falta de modelos

A la hora de analizar este fenómeno de violencia social, la socióloga Elisabet Belligoi asegura que “hay una gran exclusión social porque hay una concentración cada vez mayor en pocas manos, y no se trata solo de lo económico, sino que hay exclusión en todos los aspectos”.

Para Belligoi, “la sociedad es más violenta en general y Junín no es una isla”, al tiempo que destaca que el crimen de Naira Cofreces también “tiene que ver con una ausencia de valores, de padres, de docentes, muchas ausencias reiteradas de gente que no estuvo cuando tenía que estar, en la crianza”.

En un sentido similar, el responsable de la oficina de Atención a la Víctima del Municipio, Andrés Rosa, sostiene que en la actualidad “los chicos no tienen modelos de identificación en una edad en la que es clave tenerlos, por eso lo piden a gritos, sumado a un cuadro social que los deja afuera de todo, donde hay un consumo exagerado, un pensamiento light, y van perdiendo el sentido de la reflexión: ante eso, la respuesta es la violencia”.

En ese marco, el funcionario contó un hecho que grafica el panorama actual: “El 1° de mayo estuvimos trabajando con el grupo de chicas que fueron agredidas (amigas de Naira) y en uno de los casos, primero entrevistamos a la madre que, cuando le preguntamos si la chica iba a seguir en la escuela, nos dijo ‘no sé, pregúntenle a mi hija’; luego entrevistamos a la joven, de 16 años, y le consultamos si iba a continuar en el colegio, ella contestó ‘¿qué dijo mi mamá?’. Ese es un dato: tenemos familias desestructuradas, con padres que muestran falta de autoridad y adolescentes que están pidiendo límites, como lo demostró la respuesta de esta chica”.

Conurbanización

Belligoi considera que, dadas las circunstancias, “esto va a seguir”. Y profundiza: “Acordémonos de la violencia del año pasado y del 10M: ¿nos paró? ¿nos tranquilizó? ¿nos hizo cambiar? En ese momento yo hablé del fenómeno de conurbanización porque esto va in crescendo. Cuando hablo de conurbanización me refiero a este crecimiento demográfico que se dio de manera muy rápida, en una ciudad rodeada de una periferia complicada y el apuro que tenemos todos por el trabajo, por llegar y por estar”.

Drogas

Las drogas y el narcotráfico es otro punto que suele aparecer como uno de los principales detonantes, a la hora de analizar este escenario.

En tal sentido, Rosa remarca que “la portación de armas, el alcohol y la droga no son causas del delito, pero sí lo impulsan y en muchos casos los hacen más violentos”.

En tanto, Belligoi advierte que “el de la droga es uno de los tantos factores, aunque no diría que es el principal”.

La socióloga, que trabajó durante muchos años en la problemática de las adicciones, comenta que “en Junín se consumen muchas más sustancias que en ciudades de los alrededores. Eso también forma parte del fenómeno de conurbanización, porque acá han llegado el paco y otras sustancias, mientras que en otras localidades del interior el alcohol sigue siendo el disparador de la violencia”.

No obstante, insiste en que “el principal problema, aún más que el de la droga, es la falta de presencia de modelos adultos y de reglas. Las normas son necesarias porque nos cuidan y hoy hay una ausencia de sanción”.

Respuestas

Dado este panorama, la socióloga Elisabet Belligoi considera que de cara al futuro “hay posibilidades de empezar a pensar qué hacemos para que cada uno de los actores sociales pueda ocupar los lugares que debe ocupar, de manera que los chicos puedan encontrar caminos”.

En tal sentido, se manifiesta “optimista” respecto de este tema, aunque aclara que “hay que hacer un trabajo largo, lento, en el que se trabaje con los docentes, los padres, los chicos, en los barrios más carenciados, y en un contexto donde se puedan reunir todas las instituciones en una mesa de diálogo, en la que se vayan planteando todas las cuestiones para empezar a cumplir los roles que le corresponde a cada uno”.

Por su parte, Rosa considera que se debe comenzar por admitir la situación: “No podemos desconocer que tenemos un problema, lo primero que hay que hacer es reconocer la violencia, analizarla, no taparla, tener una actitud reflexiva ante lo que está pasando. Tengo claro que esto no se resuelve con más policías, más patrulleros o más cámaras. La política viene dando este nivel de respuesta y no es la solución”.

El funcionario municipal subraya que “no hay soluciones mágicas ni a corto plazo”, y pide que se trabaje “en prevención desde todos los ámbitos”.

En ese contexto, plantea que los agentes del Estado deben dar la cara ante la sociedad y convoca especialmente a los representantes del ámbito judicial: “Yo considero que soy un funcionario que va y pone la cara, y por eso sé de lo que estoy hablando cuando me refiero al nivel de conflictividad que estamos teniendo. Esto también va para la Justicia. Tenemos a Iván Calderón, un chico que hace 20 días que está en terapia intensiva, y la familia estuvo dos semanas sin conocer al fiscal. Por eso quiero incluir a los operadores judiciales. Creo que el funcionario de cualquier nivel debe estar dispuesto a poner la cara y a dar respuestas. Hoy tenemos una demanda terrible en ese aspecto, y yo no concibo un funcionario que se queda en su despacho, sea judicial, municipal o lo que fuere”.

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