Cinco días después de la operación cardiovascular, mejora el niño que nació prematuro y con una malformación que fue superada. Ayer comenzó a recibir leche de su madre.
Es que agregaba un signo más de evolución en el estado de este bebé de apenas 800 gramos que termina de ser protagonista, a los 11 días de vida, de una operación sin precedentes en el ámbito del Hospital Interzonal Doctor José Penna.
Su mamá, María del Carmen Molina, llegó desde Tres Arroyos con una panza prominente, a la espera de irse junto a su marido, Gastón Ferrario, con un par de varoncitos.
Lamentablemente, uno de ellos apenas sobrevivió 48 horas y, de ahí en más, no quedó otra salida que poner todas las esperanzas en Máximo.
¿Por qué? Porque se sabía, desde el mismo momento del alumbramiento, que el camino no sería fácil, por la sencilla razón de que había nacido muy prematuro, con sólo 30 semanas de gestación, a lo que se le agregaba una patología que no es tan extraña, pero que por sus condiciones físicas resultaba grave.
Ayer, tanto el cirujano cardiovascular como el cirujano infantil reafirmaron las posibilidades de vida del bebé, sencillamente porque se había agregado una función más en el pequeño cuerpito.
La caca negra (meconio, en el lenguaje médico) significaba que tanto la glándula hepática como el intestino ya comenzaban a responder, eliminando la bilis que se produce antes de la primera digestión.
"Es un síntoma por demás favorable. Esto ya nos permite que el bebé pueda ser alimentado con la leche de su madre, lo cual no es poco porque habrá de agregarle todos los beneficios que conlleva y ayudará en su evolución", señalaron los profesionales.
Máximo fue ayer el centro de las miradas, cuando se corrió una manta y se lo exhibió en la sala de Neonatología del Penna.
Con excepción de la gente que allí trabaja y los médicos, todos quedamos sorprendidos de lo pequeño de su cuerpito respirando mejor y con un corazón que latía con un ritmo permanente.
"Por favor, no use el flash. Puede hacerle mal", recomendó una de las especialistas a Rodrigo, nuestro fotógrafo, ávido de reflejar con su cámara una imagen que pocas veces queda grabada.
Igualmente, y pese a la presencia de mucha gente alrededor de la incubadora, Máximo no se inmutó, demostrando que su fortaleza va creciendo a medida que pasan las horas.
Y, tal vez, demostrando que no es tan diminuto como pueda creerse, pues en otra incubadora cercana, otro varoncito había nacido con... ¡580 gramos!
"No quedaba otra salida". En esto coincidieron los doctores Fiorini y Leiva, al explicar por qué se llegó a esta intervención.
Y dieron una explicación que, traducida al lenguaje común, sirvió para entender la gravedad del caso y el callejón en el que había entrado la vida del bebé.
Es que durante 11 días de vida se había tratado de superar la coyuntura con medicación, sin que esta tuviera el efecto deseado.
Específicamente, el niño presentaba lo que se denomina Persistencia de Ductus Arterioso.
¿Qué es el ductus? Es una pequeña comunicación que existe entre la aorta y la arteria pulmonar que, durante la gestación, permite que llegue el oxígeno desde la placenta de la madre, para luego distribuirse por todo el cuerpo del bebé.
Al momento del alumbramiento, este ductus se cierra en forma natural y posibilita que los pulmones, hasta ese momento una esponjita sin movimiento, comiencen a abrirse y cerrarse y el chiquito respire por sus propios medios.
Si el ductus permanece abierto, se origina una hipertensión pulmonar y crece el riesgo de muerte.
--Doctores, ¿cómo detectaron que el ductus estaba abierto?
--Porque Máximo presentaba un soplo distinto a los tradicionales.
--¿De qué dimensiones era el ductus?
--Frente a lo normal, que oscila en poco más de un milímetro, este tenía un diámetro de 2,6 milímetros.
--La medicación no dio resultado...
--No. No quedaba otra salida que operarlo. Se pensó, en un primer momento, en dejar la intervención para el lunes último, pero con el correr de las horas nos dimos cuenta que hubiera sido tarde y programamos todo para el sábado.
En la misma incubadora. Entre los riesgos que presentaba Máximo, sobresalía el de la hipotermia.
Ni siquiera se lo podía trasladar a los quirófanos. Ese trayecto hubiera sido fatal.
A las 10 de la mañana del sábado se abrió la incubadora y allí trabajaron los cirujanos, bajo el intenso calor que daban los tubos de cuarzo que daban temperatura.
Se colocó al bebé de costado, se abrió su tórax, se corrió el lóbulo superior del pulmón y el corazón (del tamaño de una nuez mediana...) hasta llegar al ductus que está sobre la espalda, para luego clausurárselo con un clip metálico especial.
Después se cerró la herida y se dejó un drenaje para sacar el aire que pudiera quedar en el tórax.
"La cirugía fue tan buena que, en 24 horas, Máximo no necesitó más del respirador", comentaron los cirujanos.
Los pulmones se habían expandido totalmente y ya ventilaban correctamente el aire.
Con 16 días de vida, ayer al mediodía Máximo permanecía aún en estado crítico, pues la operación había sido importante, según reconocieron los médicos.
Antes de marcharnos, volvimos la mirada sobre la incubadora y ya estaba cubierta con una manta especial para que quedase aislado de todo y de todos.
Inclusive, de nosotros, que pudimos comprobar que ese hombrecito, de nada más que 800 gramos, había hecho frente a uno de los tantos desafíos que le presentará la vida.
Más allá, claro está, de haberse hecho caca en público...
No es una falla
--Doctor Leiva, ¿el ductus es una falla?
--No. La falla se produce si no se cierra, como este caso. El ductus es necesario para que el bebé viva en la panza de la madre. Si no lo tuviera, no recibiría oxígeno y fallecería.
--¿Es frecuente esta patología?
--En Bahía Blanca debemos ver dos o tres casos por año.
--¿Suelen superarse con medicación?
--En la mayoría de los casos.
--Usted ya ha hecho este tipo de intervenciones.
--Sí, lo distinto de esta operación es que pudimos hacerla en un bebé prematuro y de tan sólo 800 gramos de peso.
--Llegaron en el momento justo.
--Así es. No quedaba otra salida. Hoy todos, cirujanos, equipo de anestesistas, enfermeras y recuperadoras del servicio de Neonatología estamos felices.
--¿Este niño podrá hacer una vida normal?
--Absolutamente.
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