El “pincha” estiró su paternidad sobre Gimnasia en un partido para el infarto. Perdía 3 a 1, se lo empató en el descuento y lo ganó por penales. Llega envalentonado al repechaje de la Copa.
La noche tuvo todos los condimentos. Muchos goles, pierna fuerte, un expulsado, gran clima en la tribuna, un equipo que lo tenía ganado, otro que lo peleó de atrás y se lo terminó llevando en la definición por penales. Todo eso ofrecieron Estudiantes y Gimnasia en una nueva edición del clásico de La Plata que se disputó en el José María Minella, y que terminó con fiesta “pincha”, que levantó un 1-3 y fue más efectivo desde los 12 pasos para agrandar la paternidad sobre su rival de toda la vida. El partido arrancó caliente en las tribunas, pero frío en la cancha. Se estudiaban, movían la pelota, pero no se inquietaban en los instantes iniciales. Sin embargo, a los 5’, Gimnasia se puso en ventaja, cuando aún no pasaba nada. Porque un pelotazo desde mitad de cancha, a la salida de un tiro libre, encontró dormida a la defensa “pincha”, Maximiliano Meza le ganó las espaldas a Desábato y Pereira y la punteó en asombrosa soledad ante la salida de Navarro para darle la rápida ventaja al “lobo”, que hizo explotar a la popular sur del Mundialista. Con el gol, el juego se abrió. Estudiantes empezó a trepar por la derecha con Álvaro Pereira y Gimnasia defendía con uñas y dientes y apostaba a la salida rápida. Era más el “lobo”, que estaba firme en la marca y más preciso con la pelota, recuperando en el mediocampo y atacando a los centrales de Pellegrino que se veían lentos. Así, Mendoza la ganó en el mediocampo, le tiró el caño a Desábato que lo tuvo que derribar y el tiro libre de Litch se perdió apenas encima del travesaño. En juego y en actitud lo ganaba Gimnasia, que luchaba cada pelota como si fuera la última y no se apuraba para atacar. Estudiantes parecía más pensando en el repechaje de la Libertadores, cuidándose más de la cuenta y muy impreciso cuando la tenía. Roberto Brum, en su debut, era el abanderado de la recuperación y Mendoza el que se encargaba de manejar las ofensivas. El “pincha” apostaba a alguna pelota parada para llegar al arco del pibe Bonnin y la primera chance la tuvo a los 20’, tras un córner al segundo palo, la bajó Schunke y Diego Vera metió una chilena que pegó en el travesaño y se perdió afuera. El uruguayo volvió a tener una ocasión luego de un pase en cortada de Auzqui, pero llegó sin fuerza y su remate fue débil a las manos del “uno”. A partir de ahí, los de Pellegrino crecieron, ya no perdieron tanto las divididas, se adueñaron de la pelota y lograron que los dos puntas de Gimnasia queden muy aislados y, en los pelotazos, se agrandaron los defensores albirrojos. La fórmula eran las pelotas paradas y, en ambas bandas, Estudiantes tiene hombres que hacen laterales como si fueran con el pie. Y de esa forma alcanzó la igualdad: Pereira la metió con los brazos al corazón del área, se molestaron dos defensores y la pelota le quedó en el segundo palo a Carlos Auzqui que, como venía, sacó el remate bajo que no pudo controlar Bonnin. El empate agrandó al “pincha” que fue en busca del segundo sin profundidad, pero levantó a la gente con una buena maniobra de Cerutti por la izquierda. El partido se abrió, se hizo de ida y vuelta y empezaron a llegar las situaciones. Primero fue el “lobo” el que lo tuvo después de que Meza le ganara a Schunke y lo habilitara, y sacó un derechazo furibundo que reventó el travesaño. Estudiantes también se pudo ir en ventaja al descanso con una corrida de Auzqui por derecha, se metió al área, pero esta vez perdió con el achique del arquero albiazul que alcanzó a tapar con el pie. A lo largo de la etapa, hubo muchos roces dentro del área del “pincha”, que los jugadores de Gimnasia protestaron y pidieron penal. Inocente, Schunke no tuvo en cuenta que Carlos Maglio iba a estar más atento a esa situación y en la última jugada de la etapa, lo “abrazó” a Barsotini para impedirle saltar a cabecear, el árbitro lo observó y no dudó en sancionar la pena máxima. Con el tiempo cumplido, sin rebote en caso de no convertirlo, Lucas Litch no se inmutó, sacó a relucir toda su categoría para este tipo de ejecuciones y selló el 2 a 1 con el que se fueron al descanso. El entretiempo enfrió a todos. El regreso no tuvo la misma intensidad, ni adentro ni afuera. Gimnasia estaba cómodo con la victoria y Estudiantes no tenía ideas para llegar al arco rival, más allá de la movilidad y lo que aguantaron la pelota de espaldas tanto Vera como Carrillo. Lo que faltaba era un generador de juego, alguien que saliera del molde cuando pasaban la mitad de la cancha y le llevara la pelota a los puntas. Los fuegos artificiales de atrás de la popular norte, donde estaban los hinchas de Estudiantes, despertó a las dos hinchadas y también a Mendoza, que hizo revolcar a Navarro con un remate bajo. Pellegrino también se dio cuenta cuál era la falencia y mandó a Luciano Acosta por Cerutti, para buscar aceleración de tres cuartos en adelante. En el momento que Estudiantes parecía que lo arrinconaba, metiendo la pelota en el área de Bonnin, se equivocó Carrillo al querer abrir para Auzqui, cortó Litch que buscó a Vegetti, el “9” se avivó, abrió las piernas y dejó pasar para Meza que le volvió a ganar la espaldas a Pereira y ante el achique de Navarro definió cruzado, abajo, para marcar el 3 a 1 para Gimnasia, a los 20’. Su equipo no le encontraba la vuelta y Pellegrino metió dos cambios juntos, en un lugar clave de la cancha: afuera el doble 5 de Gil Romero y Gil, adentro Damonte y Prediger. Los jugadores de Gimnasia se durmieron en los cambios y, al minuto nomás, un tiro libre en la mitad de la cancha, el platinado jugó rápido un tiro libre en el círculo central, la pelota cayó atrás de Oreja, donde estaba Acosta, que la bajó y definió bajo, para poner aún más lindo el partido. Gimnasia tuvo ocasiones de contra para definir pero no se animó a cerrarlo. Y dejó con vida al “león” herido, que fue y fue en busca de la igualdad. Sin muchas ideas, con pelotazos buscando alguna cabeza salvadora y con el corazón que le decía que algo bueno podía pasar. La historia y la paternidad de Estudiantes arrinconaron a Gimnasia en los minutos finales, se lo llevó por delante y a los 46’ se lo empató. Uno más de los tantos bochazos que salieron de mitad de cancha para los delanteros y Desábato que se paró de “9”. Pero no faltó la aparición goleadora del capitán, porque Diego Vera anticipó una floja salida de Bonnin y la peinó al gol para el delirio de todos los pincharratas. En la definición por penales, se notó que no era la noche de Gimnasia, cuando Litch se lo terminó “entregando” a Hilario Navarro. El remate de Acosta que se estrelló en el travesaño revivió la ilusión “tripera”, pero Vegetti le regaló la pelota a la hinchada de Estudiantes e Israel Damonte sentenció la historia que, como casi siempre, vio festejar a la mitad rojiblanca de La Plata.
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