Estrellas amarillas: Madres del dolor

 Estrellas amarillas: Madres del dolor

Una asociación civil de madres que perdieron a sus hijos en accidentes de tránsito intenta concientizar a la comunidad sin esconder su dolor.

Para comprender el trabajo que realizan las madres en Estrellas Amarillas es necesario conocer la historia de dolor que cada una de ellas atravesó en forma particular con la pérdida de sus hijos.

Y saber por qué no quieren ni desean que nadie tenga que pasar por lo mismo.

Betina Colossi tiene 48 años y es mamá de Demián Hermann, un joven de 17 años que falleció en 2013 en un accidente en el Parque Natural Laguna de Gómez. También tiene una hija que en otro accidente perdió una pierna.

Sandra Silvera tiene 49 años y en 2007 perdió a su hijo Patricio Toledo, de 18 años, en un siniestro en calle Benito de Miguel y Ruta 7.

Mónica Rustici (49) es la madre de Emanuel Apodaca Rustici quien falleció en el año 2008, a los 21 años, en un accidente en la Ruta 188.

Pero las historias no se acaban aquí. Ni las que conforman Estrellas Amarillas ni las que silenciosamente cargan el dolor diario de haber perdido a un hijo u otro familiar. Las cifras aumentan descontroladamente en Junín y la toma de conciencia sobre las normas de tránsito y los cuidados necesarios, tanto de peatones como de conductores, parece una tarea utópica.

Una meta: concientizar

Estrellas Amarillas es una organización que funciona a nivel nacional pero que en nuestra ciudad trabaja independientemente.

Son cinco mujeres; cuatro madres y una abuela, sumado a los voluntarios que colaboran a la hora de pintar.

Sobre el inicio, hace dos años atrás, Bettina Colossi cuenta que “veíamos que cada día eran más lo accidentes, y sobre todo chicos jóvenes así que armamos el grupo acá empezamos a ver que podíamos hacer para aportar a la concientización vial, para que la gente tome conciencia del peligro que es andar sin casco, sin cinturón”.

Suelen invitar a padres que perdieron a sus hijos, pero también a todos aquellos que quieran participar de la agrupación, quienes se pueden sumar para colaborar, simplemente para trabajar en la causa.

“Hacemos diferentes actividades como repartir folletos por los barrios. Otra tarea de concientización, aunque duela, es pintar las estrellas. Verlas es fuerte pero es necesario. También hacemos charlas en las escuelas, en donde nos soliciten nosotros vamos. De todas formas se necesita algo más fuerte para que funcione porque en el país tenemos 20.000 muertos al año en accidentes de tránsito. Es decir cada dos horas muere alguien en nuestro país a causa del tránsito”, lamenta Colossi.

“La semana pasada hubo cuatro fallecidos acá. Se habla, se comenta pero después pasa. Y nadie dice más nada”.

Según explican estas tres madres, las estrellas se pintan siempre con autorización de los familiares o a pedido de ellos. Generalmente se realizan en fechas especiales, como puede ser un aniversario.

“Nosotros no queremos que los papás pasen por este sufrimiento. Pero lamentablemente a veces no conseguimos la respuesta que deseamos”.

El pasado 10 de junio -Día Nacional de la Seguridad Vial- repartieron folletos en la ciudad y salvando la buena recepción, hubo actitudes que les dejaron un sabor amargo.

“Escuchamos algunas cosas que nos dejaron mal”, cuenta Belossi.

Frases como “a mi el tema del tránsito no me interesa”, o miradas de desinterés, fueron parte de la jornada.

“Ves a los chicos adelante, ves que no llevan cinturón, no te reciben el folleto, no bajan el vidrio. Es duro ver eso. Hay que cambiar la conciencia de la gente, desde el peatón hasta el que va en colectivo porque si no cambiamos nosotros no va a cambiar”.

Mónica Rustici cree que sería bueno que Estrellas Amarillas existiera solo como un apoyo y que no hubiera necesidad de concientizar.

“Seria bueno que estuviéramos solo para apoyar. Yo manejo, ando mucho y lo veo caótico al tránsito. Han puesto muchos inspectores pero tal vez no tienen mucha conciencia de qué hacer. Faltan cosas esenciales como transporte público, inspectores en lugares fijos. No pasa todo por la multa, hay que buscar otro método para que la gente tome conciencia. La multa no da resultado. Si les sacan la moto, no la retiran y listo. Faltan sendas peatonales, no tenemos semáforos para peatones que son cosas básicas. Hay que buscarle otra vuelta, lo que se está haciendo no da resultado”.

Sumado a estas necesidades de incumbencia política, las mujeres coinciden en que también existe una cierta desidia y desinterés por parte de la gente.

“Creo que hay personas que con una infracción no reaccionan que tienen que usar casco o tener su licencia de conducir. Y convengamos que se secuestra una moto y es más fácil comprar una, que la sacan sin pagar antes que pagar una multa. No está coordinado todo, si no sería diferente. Los controles están pero a la gente no le importa. Hay personas que tienen catorce infracciones y siguen andando igual sin cambiar nada. Te tiene que servir algo así”, reflexiona más allá de lo increíble de la posibilidad de que alguien pueda circular con tantas infracciones acumuladas sin que nuevos controles las pongan en evidencia y generen una infracción mayor.

“Hay mucha intolerancia y una violencia increíble en el tránsito, malas reacciones que tienen que cambiar. Así que hay mucho por hacer y la gente tiene que respetar también. Hay una falla en los valores”.

Estrellas Amarillas cuenta con la colaboración del municipio en cuestiones de folletería, gente particular que coopera con la pintura y pequeñas rifas sumado a dinero que ponen las madres de su propio bolsillo.

“La gente no colabora mucho”, asegura Colossi. “Somos una realidad que nadie quiere ver, pero es la que vivimos”.

Llamada de atención

Sandra tiene hijos que conducen y cree que debe llamarse la atención de los jóvenes, para que respeten las leyes de tránsito y no crean que nunca les va a pasar nada. Pero también los padres tienen que estar presentes y controlar que sus hijos respeten las normas por su propia seguridad y la de los demás.

“Tengo una hija de 16 años así que veo chicas de 15 a las que les regalan la moto, que andan sin casco, sin carnet a gran velocidad”, cuenta Sandra. “Las chicas andan con sus novios en las motos a una velocidad que asusta. Yo me pregunto cómo una madre no lo sabe o no lo ve. Cómo no controla eso un padre. Tenés que ver cómo sale tu hija de tu casa, en qué condiciones, tenés que saber cómo maneja su novio. Los mismos chicos cuando van con otra persona, los varones con sus novias, sus mismos amigos, tienen que entender la responsabilidad que es llevar a otro”.

Alcohol y tránsito

Alcohol, nocturnidad y tránsito son situaciones concatenadas que, en un gran porcentaje, desembocan en accidentes y en los peores casos, causan la muerte de un alto número de jóvenes al año.

La figura del conductor designado es una necesidad imperiosa pero que en nuestra ciudad no cobra fuerza.

Mónica Rusticia explica que en Bragado la medida funciona.

“Creo que hay confiterías que le regalan una consumición al conductor designado y una entrada a la confitería. Hay que incentivarlos”.

Según Belossi, se intentó hacer algo parecido en nuestra ciudad pero no funcionó.

“La costumbre de las previas que hacen los chicos hoy complican un poco el tema. Muchos ya llegan al boliche alcoholizados y todo eso va de la mano”.

Las mujeres coinciden en que los jóvenes son muy importantes ya que “son el futuro de la sociedad y es lo que se nos está yendo”.

Belossi pide “que la gente tome conciencia. Que cuando lleguen a su casa y tengan un minuto de tiempo reflexionen y piensen qué pudieron haber hecho mal para poner en riesgo a otra persona o a si mismos. Si lo trabajamos desde nosotros mismos podemos empezar de a poquito a cambiar la mentalidad.

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