El mejor jugador argentino de todos los tiempos llegó a Las Termas y habló sobre su presente y su trayectoria. Se mostró feliz de conocer Santiago y dio una clínica para 200 chicos. Hoy visitará la ciudad Capital.
A su derecha, el intendente de Las Termas, Miguel Mukdise, y el Dr. José Emilio Jozami, que hizo las veces de conductor. A su izquierda, Daniel Zanni, subsecretario de Deportes. Y enfrente, un puñado de periodistas de los diferentes medios de la provincia e invitados especiales.
“Manu”, que llegó a Las Termas con una tardanza cercana a las 4 horas, pidió hablar antes de que comenzaran las preguntas de los periodistas. “Nobleza obliga, les pido disculpas. Nada quería más que llegar cuatro horas antes, como lo teníamos planeado y pensado, pero por cosas que nos sorprendieron en el aeropuerto, no pudimos subir al vuelo anterior. Si hay algo que no soy es poco profesional y la verdad que quería estar acá como me había comprometido, pero no pudimos hacerlo”, tiró con la caballerosidad que lo ha caracterizado a lo largo de su carrera deportiva.
“Desde ya que estoy muy contento de pisar la provincia por primera vez. Venía pensando que ni siquiera la había pasado en auto todavía, así que estoy contento. En algún momento quiero recorrer todas las provincias de mi país, pero trato de al menos hacer una por año. Era tiempo de Santiago del Estero y estoy contento de estar en una provincia con tanta historia basquetbolística. Y listo para pasar un buen rato con los chicos que nos vamos a divertir mucho, como ya lo he hecho en otros lugares”, agregó.
-¿Cuáles fueron las razones de tus éxitos deportivos?
-No hay un secreto, no hay una razón. Entre tantos chicos que juegan a este deporte tan popular, que por ahí no es como el fútbol pero viene pegadito atrás en cuanto a la cantidad de chicos que lo practican, me tocó a mí. Se dieron un montón de condiciones. Nací en una ciudad en la que se respira mucho básquet y lo mamé desde muy chico. Vengo de una familia de deportistas, de basquetbolistas. Se dieron las condiciones genéticas también y después le metí mucho trabajo, mucha dedicación. Nacer con dos metros y poder saltar más alto que la media, ayuda, pero si uno no se pone en claro un objetivo, no lucha para lograrlo y no se da cuenta que a la vez tiene que relegar muchas cosas, es imposible. Desde los 15 años que no hago lo mismo que mis amigos y me dolía, pero yo tenía un objetivo claro: ser profesional. Y llegar a ser el mejor atleta que mi capacidad física pudiera alcanzar. Estoy muy feliz por cómo se desarrolló mi carrera.
-¿Cuál fue su experiencia con las aguas termales?
-En las preparaciones para el Mundial 2002 y antes del Premundial 2001 en Colón, Entre Ríos. Ahí teníamos sesiones de entrenamiento eternas, de cinco o seis horas por día y recuerdo que volver al hotel y tirarnos en las aguas termales era un bálsamo, un placer incomparable, porque sabíamos que al otro día a las 9 íbamos a arrancar otra vez. Era nuestro momento del día. Esa fue mi única experiencia con las aguas termales.
-¿Quiénes eran sus referentes?
-Cuando era muy chico, recién arrancaba la Liga Nacional. En el 84, tenía 7 años e iba a ver en Bahía Blanca a Estudiantes y desde las primeras veces, yo quería hacer eso, quería jugar en esa cancha y jugar con esa gente. Era un fanático más. En mi infancia, el “Pichi” Campana era el referente y a partir del 89-90, Juan Espil llegó a Estudiantes y como también estaba en mi posición, pasó a ser mi referente. Esa época la NBA se miraba muy poco. Recién en el 91, empezábamos a ver las finales de la NBA, el fenómeno Jordan explotó y todos quedamos enamorados con su juego. A nivel espejo y de observarlos, eran ellos dos. Porque uno a esa edad no soñaba con la NBA.
-¿Cómo se trabaja en los Estados Unidos con los chicos?
-Allá el deporte en los chicos es más liviano que acá. De hecho, los chicos hasta los 13 años juegan los tres deportes, porque se dividen en temporadas. La de verano, se pueden hacer deportes al aire libre y ahí juegan fútbol o béisbol. Y en invierno, bajo techo, básquet seguro y después van agregando otros deportes. Hasta esa edad, los chicos que deciden jugar básquet lo hacen más intensamente y con más dedicación. Con el tiempo, el hecho de que lo puedan hacer al mismo tiempo que la escuela, se consigue una mancomunión muy importante. Y después, ellos son más de 300 millones y nosotros somos menos de 40, con una cultura distinta alrededor el básquet y con un físico distinto también. En la Argentina se trabaja muy bien, sobre todo hasta la adolescencia. Después, el trabajo físico, la tecnología y la infraestructura, hacen que puedan llegar a sacar más ventaja.
-¿Se puede aplicar en la Argentina con una periodicidad mayor, como ocurre en la NBA?
-Todo jugador prefiere jugar que entrenar. Ya no es necesario en la Argentina jugar sólo dos veces por semana, creo que se podría llegar a adaptar. Hoy por hoy todos son profesionales, se podría cambiar el sistema de competición a algo más europeizado o tipo NBA. Claro que acá uno no tiene los aviones privados para jugar tantos partidos en poco tiempo, pero tranquilamente el físico del jugador argentino está adaptado para jugar más de dos veces por semana.
-¿Cuál es el nivel de los jugadores argentinos en la NBA?
-La ventaja física que damos es muy grande, más de lo que la gente piensa. Cuando jugás todos los días con ellos y los tenés que defender, te das cuenta que estás en otro nivel. Pero bueno, es la ley de la supervivencia. Y cada uno trata de encontrar la forma de destacarse de todas maneras, de sumarle al equipo. No siempre gana el que salta más alto, el que la mete de más lejos o el que corre más rápido sino es una combinación de distintas cosas: de tratar de hacer mejor al de al lado, de ser inteligente y esperar tus momentos. Son cosas que te da la experiencia. Y en este caso, lo de Pablo (Nocioni) es un claro ejemplo, lo de Luifa (Scola) y lo mío también. Y lo de Delfino, una vigencia importante. Ya lleva siete u ocho temporadas. Es muy meritorio. Catorce años atrás no hubiésemos ni soñado tener cuatro jugadores contemporáneos teniendo este tipo de carreras. Uno va encontrando las armas, las formas de destacarse y sentirse importante para su equipo.
-¿Cómo hiciste para no marearte con la fama y el éxito?
-Está claro que yo no tuve el tipo de éxito que pudo tener un Maradona o un Messi, porque mi deporte es muy distinto al de ellos. El fanatismo que hay alrededor de nuestro deporte no es el mismo que el del fútbol. Pero así y todo, lo sufrí también, porque nadie te enseña, nadie te prepara para eso, nadie te puede decir lo que se siente que la tranquilidad que tenés no está más, que tenés que empezar a pensar en el otro, que tus días de mal humor tienen que ser maquillados o guardados para dentro de tu casa, porque ese contacto que puedes tener con un chico posiblemente sea el único contacto que ese chico va a tener con vos en su vida. Entonces no es algo que se aprende rápido y de hecho tuve allá por el 2003 un pequeño momento de crisis. Quizá no se notó tanto, pero fue un momento de aprendizaje y hoy soy un tipo distinto al que fui diez años atrás.


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