Los cortes en el suministro generan incomodidades a los vecinos. Filtros y agua envasada.
Juana Díaz junta agua. La acumula en un tacho de pintura de 20 litros, en una olla, en una jarra de vidrio, en un tupper, en una pava de lata y hasta en un vaso de plástico de los Backyardigans. Son las 12.30 y acaban de darle agua después de toda una noche y una mañana sin una gota. Vive en el sector 10 del barrio Lomas de Tafí, en un dúplex. “Desde el lunes que no tenemos agua en el tanque, así que ahora llevamos tachos al baño para tirar en el inodoro y para bañarnos”, explica la mujer mientras sirve la comida a sus seis hijos, a su marido y a dos niños más que cuida. Son 10 alrededor de una mesa: son 10 platos, 10 vasos, 10 pares de cubiertos y un par de ollas que Juana va a tener que lavar con el hilo de agua que sale de la canilla.
La Sociedad Aguas del Tucumán (SAT) realiza cortes programados en el megabarrio de 5.000 viviendas todos los días entre las 14 y las 20, y entre las 23 y 7. Según la empresa, esta medida permite brindar el suministro con buena presión durante los horarios de mayor consumo. De todos modos, los vecinos aclararon que el servicio suele ser irregular de manera permanente, sobre todo en verano.
“Nunca sabés cuánto va a durar el corte y necesitás tener reservas”, explica Juana. Los vecinos sostienen que el exceso de sarro que posee el líquido y la irregularidad del suministro los obliga a gastar mucho dinero. En la casa de Juana cuentan que el sarro ya les arruinó dos lavarropas y los obliga a llamar al técnico cada 15 días para que les limpie el calefón. “Nos cobra $350 cada vez que viene. Imaginate la plata que se hace con nosotros”, confiesa Juana. Además, la familia consume tres bidones de 20 litros por semana. Eso les cuesta $75 cada siete días.
Stella Maris Farías vive en el sector 6 de Lomas desde 2011. “Desde que vinimos tenemos problemas con el suministro, peor los cortes nunca duraron tantas horas como los de estos días”, dice la mujer. Al igual que la mayoría de los vecinos, ella también compra agua envasada.
A la hora de encender el lavarropas, Juana lo piensa dos veces. “Cuando nos dan agua yo prefiero que se llene el tanque; entonces, no uso el lavarropas. Además, el sarro lo tranca”, explica. En este momento, el tanque de su casa está vacío. “Aunque den agua, no creo que lo podamos usar inmediatamente, porque las cañerías deben estar llenas de aire”, se lamenta.
Karina Brete recuerda el verano pasado y se agarra la cabeza. “¿Sabés que pedí para Navidad? Que cada uno de mis familiares me trajera un bidón con agua. Pasamos las dos Fiestas sin una gota”, cuenta la mujer que vive en el sector 8 del megabarrio. Para evitar el sarro, ella optó por colocar filtros de agua en los grifos. “Sirven para el sarro y para los metales pesados”, detalla la mujer. El costo de cada uno de esos filtros ronda los $1.200, agregó.
Karina sueña con que este año los deseos de Navidad no incluyan bidones con agua. Pero dice que los cortes en el suministro que se producen ahora le están haciendo perder las esperanzas.
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