Siguen conmocionando los casos de violencia de género. Desde las ONG reflexionan que hay que trabajar en la educación, en los diferentes niveles, con perspectiva de género.
Basta con abrir la Sección de Policiales de este diario, escuchar algunos gritos de vecinos o ver situaciones agresivas en la calle para saber que la violencia de género sigue siendo una cruel realidad que estremece a quienes somos testigo de estos hechos y destroza a las víctimas, hijos y demás familiares. Los golpeadores siguen generando temor, pero son cada vez más las santiagueñas se animan a denunciar.
Este flagelo social en estos siete meses del 2015 ya se va cobrando la vida de cuatro santiagueñas, que murieron en manos de un femicida, que arremetieron con odio hacia ellas, sin remordimiento alguno. Es alarmante la cantidad de casos de golpeadores, que desatan su instinto asesino en Santiago.
"Es muy grave la crisis de la violencia. Nosotros recorremos los barrios y vemos que hay un 70% de los hogares en Santiago donde hay violencia de género o vínculos violentos. Es una sociedad que está violentada por múltiples factores, como sociales o económicos, entre otros", contó Analía Santilli, referente del Servicio de Prevención de Violencia de la UPA del barrio Autonomía, de la ciudad Capital.
Diariamente, las mujeres concurren a este tipo de dependencias a pedir ayuda, a contar cómo sufren y tratar de revertir su situación, que también la atraviesan otras miles en todo el país. "Las soluciones para este tipo de casos tienen que ser integrales. Se debe trabajar desde lo psicológico, por ejemplo en los episodios de violencia a la que ha llegado esa mujer, de esa dependencia que le está costando salir. Es decir, que abarca una serie de medidas que hay que atacar en conjunto", añadió Santilli.
Denuncias
Desde el 3 de junio, que se realizó la marcha "Ni una menos", se percibió un avance en la concientización sobre violencia de género, por lo que más mujeres se animan a concurrir a una comisaría u oficina judicial para contar el calvario que vive, resguardarse y proteger a sus hijos.
Según comentó Santilli, el registro que se va teniendo "es de 1.000 denuncias al año, de acuerdo con la Oficina de Violencia Doméstica, pero no todas las mujeres que son víctimas denuncian".
Y es aquí donde se presume que las cifras duplicarían la realidad, porque muchas féminas no se animan, tienen vergüenza o no creen que podría solucionarse su dramática situación.
"Debemos actuar de forma preventiva, por ejemplo poniendo custodias a las víctimas o crear un refugio para proteger a la mujer de ese agresor y al resto de la familia, porque la mujer que sufre violencia la mayoría de las veces rompe la cotidianeidad de su vida, porque tiene que huir con los chicos para que el agresor no la mate", señaló Analía. En cuanto al trabajo de campo que desempeñan desde la UPA y las ONG, Santilli contó que "se ve que un varón cree que tiene el control sobre la mujer que tiene al lado y que puede tratarla como objeto y reglar su vida íntima; es decir de tratarla como un objeto, que es lo que pasa cuando hay un femidicio. En un femicidio, la mujer deja de ser sujeto para ser tratada como un objeto. La golpean para matarla, porque la destruye. Es un objeto a destruir, porque no se la puede controlar", sentenció
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