Desde las páginas de Diario San Rafael se ha hablado repetidamente sobre el pobre sistema de señalización vial de la zona. Son pocos, están en mal estado, en muchos casos la ubicación es incorrecta o su visualización se ve entorpecida por algún obstáculo.
En algún caso se suma otro problema, inaudito para una región que apuesta y se consolida como zona turística: la cartelería no se corresponde con los estándares internacionales imperantes en lo referente a colores, tipografías y semiótica. Es decir, para un turista que alquile un vehículo, por ejemplo, no servirán de nada.
Pero la consulta con un especialista de larga experiencia en temas viales le puso número a la carencia. A la infraestructura vial de la zona estimó que le faltan alrededor de 2.000 carteles, entre todos sus tipos, es decir, informativos, de advertencia o de prohibición.
Al considerarse las dificultades de la red suele señalarse el estado del pavimento, los baches y otros temas por el estilo, pero el problema de la señalización está directamente ligado con la seguridad.
Podría pensarse que la falta de señalización fundamentalmente afecta a los caminos marginales o secundarios, pero en el sur de la provincia no es así. Las rutas más transitadas también presentan una falta de avisos llamativa. Por ejemplo, antes de ingresar en largos tramos despoblados, como es el que une San Rafael con San Carlos, no se advierte en ningún caso sobre la distancia hasta la próxima estación de servicios o sitio donde se pueda cargar combustible. Esto, que es sólo informativo, es vital en zonas desérticas y despobladas.
Hablamos del sur, pero en San Rafael específicamente se conforma un nudo vial complejo e intrincado, el más importante de la región. Para quién no conoce se transforma en un verdadero laberinto, y los empalmes o salidas parecen estar hechos sólo para baqueanos.
Alguien con muchos años en el mundo de la vialidad contaba que, en las ejecuciones de obras, la señalización se deja siempre para el final -como hábito, no porque eso deba ser así- y cuando llega el momento no hay más presupuesto o simplemente no se hace.
Cuando lamentamos el luctuoso saldo que deja el tránsito, año tras año, el tema se debe sumar a los factores. O seguir lamentando.
Comentá la nota