El estilo de juego “made in Pellegrino” sigue lejos de apasionar a los Pinchas

Si lo que le falta es sólo tiempo de maduración, ¡cómo no esperarlo! El problema sería si esta fuera la mejor versión.
El triunfo totalmente justo frente a Racing profundizó un debate que no es nuevo entre los hinchas albirrojos. Después de que el diario del lunes lo mostrara ganador tras varias semanas de espera, hoy, sobre el esponjoso colchón que otorga la comodidad del resultado positivo, quizás sea más sencillo elaborar una mirada crítica sin que sobrevuele el fantasma de la saña artera. Si ganar es lo más importante (creencia de la cual jamás renegó la idiosincrasia de Estudiantes), si el pasado domingo lo hizo legítimamente y mostrando clara superioridad sobre su rival, ¿qué es entonces lo que le está faltando al equipo para que su gente termine de entusiasmarse? Convicción. Seguridad. Certeza. Creer más en sí mismo y demostrarlo para que los de afuera confíen sin dudar. Irradiar pleno convencimiento en la receta que pregona su tutor. Pulirla, especialmente de mitad de cancha hacia adelante. Y, sobre todo, adosarle “poder de fuego”. No hay en el mundo un equipo que haya alcanzado metas ambiciosas sin facturar seguido en el área rival. Definir mejor, es parte de esa convicción que por ahora le falta. Estudiantes, que esta vez no sintió tanto temor de que se le escapara la victoria, jugó respetando, con suma obediencia, la idea de salida pulcra y construcción ofensiva bastante esquematizada que Pellegrino ensaya con dedicación en el laboratorio de City Bell. La identidad de su propuesta fue nítida y hasta procuró darle mayor acompañamiento a Carrillo con los aportes por los costados de Franco Jara, que no anduvo bien, y de Patricio Rodríguez, que estuvo debajo del “Chavo” Desábato en el podio de los mejores. ¿INSISTIR O RETOCAR EL MODELO? Esa es la cuestión. Algunos creen que para ver al “León” convertido en una formación temible sólo falta tiempo. Que la insistencia en el trabajo cotidiano, sumada al mayor conocimiento de los intérpretes, decantará en un Estudiantes poderoso. Afirman, y aquí comparto plenamente, que lo importante es tener una idea clara, la matriz del funcionamiento, que esa es la base de futuros éxitos. Otros, en cambio, sostienen que la reiteración exacerbada del mecanismo de ataque terminará engendrando una escuadra previsible. Son lo que gritan que adelante el desorden es mérito; la rebeldía, virtuosismo y la furia, sencillamente el “fuego sagrado” que te hace ganador. Exactamente esto le está faltando a Estudiantes. Y es un deber del cuerpo técnico arbitrar los medios para que dicha carencia vaya desapareciendo. El estilo “made in Pellegrino” desborda corrección, pero el conductor táctico seguramente habrá advertido que el jugador más valioso del campo resultó ese veterano mañero y luchador que es Leandro Desábato. El “Chavo” puede que luzca menos elegante que Santiago Vergini, de reciente convocatoria a la Selección, aunque su vehemencia, oficio y determinación (tres virtudes que le faltan al equipo) resultan clave en el sostén defensivo. El mayor desafío para Mauricio Pellegrino es hacer de este Estudiantes por momentos insulso, un enemigo temido para cualquiera que se cruce en su camino. El Arsenal de Gustavo Alfaro (sospechas de ayudas arbitrales al margen) también tiene una idea definida, pero no descansa en esa mera pertenencia. Le suma rigor físico y “hambre” desmesurado para pelear hasta un mínimo rebote. Hambre. Ahí apareció otra característica esencial que no deberá faltarle al Estudiantes que consiga entusiasmar a todo el pueblo albirrojo.

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