Sostuvo que el conductor de la combi quiso evitar chocar a un colectivo y pasó al carril contrario. “Cuando vi de frente al camión, me agaché y bajé la cabeza”, dijo.
“Parecía un sueño, pero cuando una enfermera me preguntó el nombre, me di cuenta que era realidad; estaba tirado en la ruta”, repite Aldo Bravo, un empleado de la Municipalidad de Loreto, quien a sus 48 años casi pierde la vida, a sólo ocho meses de que quedara viudo de su esposa Miriam. “Es como volver a nacer”, afirma. Está lúcido, aunque tiene doble fractura de fémur y un corte en el cuero cabelludo.
Aldo reveló que por su 1,88 metro de estatura, cada vez que viaja en combi lo hace en el último asiento, el que da al pasillo. “Es la única forma de estirar mis piernas”, aseguró. Ayer no fue la excepción, a pesar de que una chica, a quien no conoce, lo llamó por su nombre y le dijo que se sentara a su lado, en las primeras filas. Él agradeció y le dijo que era incómodo ese asiento para él.
Al estar frente al pasillo, fue un testigo de la tragedia. “Adelante iba un colectivo que comenzó a disminuir la velocidad, pero la combi no lo hacía, hasta que quedó a pocos centímetros. El chofer giró el volante hacia la izquierda para evitar chocar contra el colectivo, pasó hacia el carril contrario y, en ese momento, vi de frente al camión”, contó. “No había salvación; me agaché y puse la cabeza entre las piernas. Me parece que salí despedido por la puerta trasera”, reveló.
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