Fue a una consulta. El cómplice golpeó al custodio y huyeron.
La visita de ayer al hospital Castro Rendón no fue una más para el detenido Pablo Díaz Encina, el hombre de 34 años acusado de matar a su mujer de un escopetazo. Cuando era trasladado por un policía para curarse una herida en un dedo, ya en el interior del centro asistencial, otro hombre sorprendió al custodio, lo encañonó con un revólver y le pegó dos culatazos que lo dejaron inconsciente. Luego le robaron la pistola reglamentaria y huyeron juntos.
Díaz concurría al hospital todos los lunes y viernes desde que había sido detenido por un caso de femicidio. El feriado pasado corrió la visita un día. Fue así que cerca de las 7, personal de la Comisaría Primera lo trasladó en un móvil carrozado. Iba a curarse un dedo que más adelante los médicos amputarían en una cirugía programada.
Al llegar, ingresó por la calle Buenos Aires, bajo la custodia de un agente de Seguridad. Dentro del centro, el uniformado tuvo que sacarle las esposas y se dirigieron hacia el sector de Traumatología. No llegaron porque al subir unas escaleras, el cómplice de Díaz abordó al custodio con un revólver.
“Lo golpeó en la cara y en la nuca, lo que provocó su desvanecimiento. Mientras estaba en el piso, le sustrajeron el arma reglamentaria y huyeron”, contó el coordinador operativo de Delitos, Daniel Abarzúa.
Los investigadores policiales analizaban las imágenes de tres cámaras de seguridad que tiene el hospital en sus accesos –Buenos Aires, Talero y el sector de la guardia- para determinar el rumbo que tomaron los sospechosos.
“Creemos que pactaron la fuga de antemano”, sostuvo Abarzúa.
El efectivo golpeado es un agente de Seguridad de la Comisaría Primera. Recibió las primeras atenciones médicas en el mismo hospital y luego fue derivado al Policlínico Neuquén. Poco después recuperó el alta.
Ayer, todas las unidades estaban al tanto de la fuga. Aunque el sospechoso es oriundo de Las Heras, Mendoza, los policías inicialmente lo buscaban en la capital neuquina y localidades adyacentes.
Según Abarzúa, Díaz estaba detenido desde junio en la Comisaría Primera, a raíz del asesinato de su pareja ocurrido el pasado 14 de junio, en el barrio Villa Florencia.
No había sido alojado en la Unidad 11 por pedido de su defensor, ya que tenía problemas con otros internos, añadió el director de la Oficina Judicial, Gastón Rosenfeld. Cuando la Justicia formuló cargos contra él, la fiscal del caso Soledad Rangone pidió la prisión preventiva y que fuera a juicio por jurado por el asesinato de su pareja, ya que la pena esperable supera los 15 años.
Le atribuyó el delito de homicidio calificado por ser la víctima su pareja conviviente y por el uso de arma de fuego, en calidad de autor, en concurso real con la portación de un arma de guerra.
Un historial de escapes, pero desde las cárceles
NEUQUÉN
El coordinador operativo de Delitos, Daniel Abarzúa, no registra otra fuga similar en el último tiempo. Otros prófugos que planificaron una huida lo hicieron en ocasión de estar alojados en unidades de detención, como ocurrió el 8 de marzo pasado cuando cuatro internos de la U11 escaparon luego de realizar un boquete en una celda en desuso del pabellón Uno. Ellos fueron Cristian Humberto Manzini, Víctor Alejandro Campos, Sergio Fabián Soto y Alexis Enrique Retamal Jara. Sólo Campos sigue prófugo.
También está el preso Jorge Perdiguera que fue trasladado de la Unidad 11 a una chacra de Plottier para visitar a su abuela. Mientras compartía la mesa con sus familiares, se levantó, empujó a un guardiacárcel y escapó a toda carrera. Ocurrió el 28 de marzo pasado y luego personal de Delitos lo recapturó. La fuga pergeñada más resonante fue la de Luis Aboy, el condenado por el doble crimen de las hermanas Buamscha en Junín de los Andes.
El 18 de septiembre de 2013 escapó dentro de un exhibidor de tortas que los internos habían construido en el taller de carpintería de la cárcel.
Comentá la nota