La esperada fiesta de los neuquinos

La esperada fiesta de los neuquinos
La Fiesta de la Confluencia se instaló a la orilla del Limay. El río que identifica a la zona, a los neuquinos y que unido al Neuquén, sugiere un punto de unión que no siempre es registrado por los habitantes de la región. Aquí, la crónica del debut.

Esta vez, el Municipio capitalino acertó. La Ciudad de Neuquén, se suma a las innumerables ciudades y poblaciones del mapa nacional para hacer su propia fiesta.

La Fiesta de la Confluencia comenzó con un éxito que superó todos los diagnósticos. Un equipo de personas en la organización que funcionó, como corresponde a un equipo en serio. El señalamiento de cada sector, el cuidado del estacionamiento vehicular, transporte gratuito desde el centro al lugar, distribución de stands para venta de artículos de feria desde ropas a artesanías, espacios para comidas con profusión de mesas y variedad de ofertas gastronómicas, la policía provincial en la prevención, baños químicos en abundancia, un escenario gigante con luces a granel, un sonido de excelencia.

Todo se dio con el marco de una noche cálida con luna incluida y un cielo que amenazaba por momentos pero que resultó ser aliado del evento.

La ciudad de Neuquén tiene su fiesta con sus propios artistas. Un desfile de ellos pudo ser apreciado y aplaudido con entusiasmo.

En la primera noche, grupos de danzas nativas, las colectividades con sus colores, música y danzas. Una secuencia que mostró lo que subyace en una sociedad que se formó con protagonistas llegados de diversos lugares del mundo. Una muestra que sensibilizó al auditorio, y que los organizadores supieron armar con inteligencia, para hacer cantar “Canción con todos” con la solista Mariana Jolivet.

El desfile incesante de artistas provocó el asombro de muchos que no conocían la existencia de ellos.

Después de las colectividades, se destacó Jonathan Lillo, con un acompañamiento de muy buenos músicos (todos de la región), quien desplegó su encanto y ganado profesionalismo. Con un repertorio de chacarera, huayno, canciones que ilustran su apego a la tierra natal, pasó como una bocanada de autenticidad necesaria. Después, el trío de Piñeiro, Daniel Sanchez y Cazeneuve dejó su experiencia y talento con cuatro piezas del folklore americano.

La magia en el cielo “Elevé”

En medio de estas presentaciones, el cielo se iluminó para mostrar un espectáculo de alto nivel: “Elevé”, con bailarines, acróbatas y arriesgados volantines humanos. Una maravilla que puso un toque de magia en la noche. La tecnología de “Elevé”, esta troupe de jóvenes de la región y de Buenos Aires, está a la altura de lo más exigente en este tipo de espectáculos aéreos tan en boga. Miles y miles de miradas se treparon a la fantasía de volar con ellos.

Horacio Olano, oriundo y vecino de Cipolletti, es el creador y director de la compañía. El mismo que lidera su “Escuela de danza aérea” en aquella ciudad valletana. Los elementos técnicos utilizados con efectos de fuego y agua, fueron diseñados por su equipo durante dos años. Veintiocho integrantes hicieron vibrar al público que a esta altura, ya sumaban casi cuarenta mil personas.

A medida que avanzaba la noche, el predio se poblaba de jóvenes, y no tanto, que venían por León Gieco y así lo manifestaban con los característicos cantos de sus cosechas. Sin embargo, la aparición de Marité Berbel, logró el silencio y el respeto de todos. Conmovedor fue escuchar a coro “Amutuy”, el tema que reivindica a los mapuches en soledad, precisamente. Una historia cargada a fuego y que Marcelo Berbel plasmó con belleza en esta pieza clásica del repertorio que conoce el país. Los jóvenes que esperaban a León, cantaron a coro y aplaudieron como rubricando una ceremonia acordada.

La presencia de León revolucionó los ánimos y puso de fiesta hasta las mismas aguas del Limay. Nada hace dudar de su vigencia. Pasan los años y Gieco pone en el tapete, los temas que siguen preocupando a la humanidad: el dolor, la ternura, la risa y el espanto. Todo cabe en una canción de este inigualable León.

Un párrafo aparte merece el conductor de la fiesta en el escenario. Se trata de Mariano González. Un locutor formado en las filas neuquinas. Un joven que se fue a Buenos Aires hace muchos años y logró ser del equipo de un maestro: Alberto Badía.

Desde allí creció como un profesional de fuste trabajando en radios de primera línea. Impecable en su lenguaje, en los recursos para sostener el tiempo de espera, sin apelar a un solo gesto o palabra que hiciera dudar de su categoría conductora. Un lujo.

La ciudad de Neuquén ya tiene su fiesta. La Confluencia cobrará altura si los neuquinos sabemos valorar las oportunidades de juntarnos para festejar, aunque sea por un par de días, la alegría de ser patagónicos y el desafío que implica serlo.

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