El espejismo electoral y la realidad

El gobierno de Jorge Sapag se muestra confiado en una reelección que es posible. En el fragor de la campaña, la eventual polarización ubica espejismos de seguridad sobre una realidad que en realidad tiene dudas importantes.

Los procesos electorales suelen sembrar, al menos en la superficie mediática, espejismos distorsionantes. El poder político tiene generalmente una fuerte influencia en la agenda periodística, ya que el periodismo es en Argentina esencialmente político, o dependiente de la política. Así, el enfoque sobre la realidad suele perderse en una maraña confusa de operaciones, intenciones buenas o malas, ardides, retóricas vacías.

Los medios no son inocentes, y sus consumidores, tampoco. En el siglo XXI, la humanidad tiene un acceso a la información nunca antes visto. El problema ya no es lo que falta, sino lo que sobra. Los secretos, no obstante, continúan siendo secretos, tal vez ahora más que antes. Entre tanta información anarquizada, introducir información falsa es más fácil que en otros tiempos. Y mentir con el arma de la verdad declamada, casi un ejercicio cotidiano.

En Neuquén, obviamente, no pasa casi nada que sea sustancialmente distinto a cualquier otro lugar del planeta en este rubro. La superficie mediática oscila entre los espejismos. En un proceso que conduce al 12 de junio con expectativas de polarización entre el MPN y la Coalición, cada sector alimenta y construye su propia fantasía de realidad.

Quien tiene el poder político actual en la provincia, o al menos el manejo administrativo de ese poder (no es poco, si se tiene en cuenta que maneja un presupuesto de gastos por casi 8 mil millones de pesos), el MPN, es el sector que menos habla todavía. Ha esbozado en la primera quincena de abril, a dos meses de la elección, apenas algunas reafirmaciones de su propia confianza.

Sapag y Pechen recorrerán la provincia y cumplirán la rutina del “cara a cara” acunados por encuestas que los dan, por ahora, con una intención de voto que supera a sus rivales por no menos de 15 puntos. La estrategia es no dejar asomar en los discursos una sola palabra agresiva, un insulto, ni siquiera una mordacidad más o menos audaz.

“Ellos son reactivos; nosotros, proactivos”, dicen. Así, se publicita en los medios ampliamente lo que en este tercer milenio de la humanidad se conoce como “gestión”, que vendría a ser el resultado (bueno, malo, o regular) de lo que hace un gobierno; se negocia con los sindicatos sobre la premisa de dar en cuentagotas lo que se ha ido acumulando mediante picardías presupuestarias; y se derrama, en fin, toneladas de autosuficiencia sobre la esquiva conciencia colectiva, reafirmando la convicción de que para Neuquén la seguridad, la estabilidad, la calidad de vida, pasó y pasará por el MPN.

Esto se ve en el espejo mediático. En la realidad hay dudas provocadas por circunstancias que la gente conocerá o no, pero que existen objetivamente.

Una duda es lo que puede pasar en la relación con los sindicatos estatales. No es que el gobierno tema no poder controlarlos. Sucede que al menos parte de ese sindicalismo está embarcado en el proyecto de la oposición, fundamentalmente a través de UNE. A esa razón de duda política, se le agrega otra que es en realidad un dilema propio: ¿hasta dónde hacer llegar el nivel del gasto salarial en la masa presupuestaria? Ya supera el 50 por ciento, y podría terminar en un par de años en el 60. Es difícil prever la evolución en una economía sostenida por alfileres y distorsionada por la inflación, pero es un tema que preocupa.

Otra duda tiene que ver con el principal recurso económico de la provincia, el energético. El gran edificio virtual de los yacimientos no convencionales esconde entre sus cristales la incógnita del tiempo y la oportunidad. El temor está centrado en una evidencia fuerte: la producción neuquina no ha dejado de caer un solo minuto, año a año, en el último lustro. Entre esta situación y la eventual “explosión” de yacimientos ubicados a profundidades costosas, habrá un período de tiempo que deberá ser financiado de alguna otra manera, por la caída de recursos. Ese período coincidirá inexorablemente con el próximo gobierno.

Si se combinan estas dos grandes dudas, se encuentra fácilmente el panorama real que enfrentará el próximo gobierno, sea este del MPN con su continuidad por la reelección, o de la Coalición en lo que sería un escenario altamente sorprendente por la novedad para la sociedad neuquina.

Un panorama en el que entrarán en contradicción más evidente el aumento del gasto con la reducción de los recursos.

Ese futuro lo ve con mayor claridad, tal vez, el MPN. La Coalición está tentada a creer su propia fantasía voluntarista.

No sería la primera vez que a una etapa distribucionista, el partido provincial le aplique otra de acumulación por ajuste.

Es lo que ha hecho el peronismo a nivel nacional. Y lo que viene repitiendo el país desde el siglo pasado, oponiendo a la noción de política de Estado sustentable, con la de espasmódicos ciclos recurrentes.

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