Coinciden en que hay que “dosificar” las emociones y aprender de los errores del pasado para encarar nuevos proyectos. ¿Son convenientes? ¿Para qué sirven? ¿Qué se puede sacar de positivo?
Pensar en todo lo bueno conseguido en los últimos meses o enmendar los errores que se pudieron haber cometido, no debería ser una tarea tan pesada para la psiquis, sino todo lo contrario.
Tal vez por estas cuestiones surge una pregunta simple: ¿es conveniente hacer balances hacia fin de año? ¿Para qué sirven? ¿Qué se puede sacar de positivo de ellos?
“Finalizar ciclos”
Para la psicóloga juninense Micaela López, la costumbre de hacer balances en estos momentos del año tiene que ver con finalizar ciclos. “Es algo culturalmente establecido que las fiestas y el fin de año, se asocian a la culminación de un ciclo, lo que sin dudas genera sentimientos ambivalentes: por un lado tristeza por lo que no se pudo cumplir, por las pérdidas, momentos de duelo, aunque por otra parte aparece la ilusión de un cambio”, afirma.
“La ambivalencia, o sea esos sentimientos encontrados, generan diferentes emociones, ansiedades sobre el individuo, respecto del supuesto futuro. El fin de año nos enfrenta con el yo actual, las cosas que logré, con lo ideal, con lo que esperaba y tal vez no se cumplió, y eso nos genera satisfacción o no”, explica López.
Para el profesor Alejandro Casas, abogado, docente de sociología y escritor, “todo repaso que haga un individuo de su vida pretérita siempre va a tener aspectos positivos, en tanto y en cuanto el individuo no quede atrapado en el pasado, impotente y temeroso de adoptar decisiones hacia delante”.
En este sentido, Casas destacó que “todo balance del pasado es importante como enseñanza, como aprendizaje y como guía para proyectarnos hacia el futuro”.
“Hay recuerdos, sentimientos, nostalgias, optimismos, proyectos, y resulta inútil pretender sustraernos a esos componentes, decir ‘para mí las fiestas son un día más en la vida, como tantos otros’”, afirma Casas.
Balances ¿sí o no?
Para la psicóloga López, que sea positivo hacer un balance “dependerá de cómo el sujeto se posicione ante la situación, si puede manejar la tolerancia a la frustración sobre las cosas que quedaron pendientes, los errores que se cometieron y fundamentalmente ver los aciertos, plantearse nuevos proyectos”.
“Por la carga emotiva extra e intensa que poseen los balances de fin de año, es conveniente y saludable prepararnos y adoptar ciertos recaudos -o defensas interiores- que nos permitan amortiguar un poco la intensidad de las emociones que se concentran en esas últimas dos semanas del año”, opina Casas. “Es una buena receta dosificar los componentes emocionales: los recuerdos felices y tristes, los encuentros casuales e intencionales”.
López deja una idea para tener en cuenta: “Los momentos de reflexión sobre las cosas que hacemos, que queremos, que vamos logrando, se deberían realizar durante el transcurso del año, tener más tiempo para detenernos en nosotros mismos”.
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