No son escuelas rancho, pero les falta de todo un poco

Más de 30 establecimientos rurales no cuentan con las mínimas condiciones para funcionar. Trabajan sin agua potable, luz, cloacas y con un servicio de transporte precario.

Más de 30 escuelas no cuentan con las mínimas condiciones para funcionar como establecimientos educativos. Cerca de la Quebrada de Escoipe hay cinco establecimientos educativos y un anexo secundario que tienen miles de deficiencias estructurales: trabajan sin agua potable, luz ni cloacas, además, el servicio de transporte es precario.

A unos 50 kilómetros de la capital está la primera escuelita en el paraje El Nogalar que habría que cambiarle todo el sistema de paneles solares. En medio están la primaria de Agua Negra y un anexo del secundario de Chicoana que funciona en una casa prefabricada.

Luego viene la de Escoipe que cada vez que viene un alud queda sin agua por largas temporadas. La más alejada de la ruta es la del paraje La Zanja donde el albergue quedó pequeño y trabajan arduamente para ampliarlo.

En Santa Victoria Oeste, en el Valle del Silencio, están las escuelas de Abra de Santa Cruz, Santa María y Santa Cruz. Ninguna tiene agua potable, cloacas, gas natural ni medicamentos. El falta de un camino en buen estado y de comunicación acrecientan la inseguridad en la zona. La comisaría más cercana está en Victoria, a unas tres horas en camioneta cuatro por cuatro.

En dichas instituciones perdidas en la montaña, más la de Viscachani, funciona el colegio secundario 218 itinerante. Para peor crearon otra, pero en el mismo edificio. Así es que a diario están obligados a convivir en un reducido espacio profesores, señoritas, niños y adolescentes.

Lo mismo sucede en el secundario itinerante que funciona en Pozo Verde, El Divisadero, San José y El Ocultar. En los puestos de Rivadavia Banda Sur también la primaria debe compartir el edificio con la secundaria. En el monte tampoco hay luz, caminos, señal de celular, seguridad, verduras, frutas ni agua apta para el consumo humano. En la escuelita de Finca El Milagro no pueden tomar el agua, lavarse las manos ni los dientes por los altos niveles de arsénico que contiene el líquido elemental. Lo mismo sucede en todo el departamento porque nunca invirtieron dinero en perforar un pozo más profundo.

En el Chaco salteño, los directores hacen "magia" para que sus chicos coman con 5,80 pesos diarios. Para el Ministerio de Educación un niño come lo mismo que un adolescente y pueden albergarse en el mismo espacio.Falta de bañosEn la escuela de Peñas Coloradas, cerca de Aguas Blancas, los chicos usan un bananal como baño. Deben esconderse en el monte para hacer sus necesidades porque los baños químicos están colapsados. En la escuela 4.280, de Abra de Mecoyita, los docentes pagan 800 pesos para llegar a Salta. En la del paraje El Mirador, a 60 kilómetros de Rivadavia Banda Sur, usan los baños como depósitos porque no tienen agua. En un colegio de Colonia Santa Rosa hubo un brote de psitacosis, al parecer, tras dictarse clases durante meses en aulas de cajones de madera debajo de un tinglado.Ser docente en la ruralidadOtra de las escuelas que también trabaja en pésimas condiciones es el anexo del secundario de la localidad de Santa Rosa, donde los chicos tienen clases debajo de los árboles o en los aleros de los ranchos prestados por los wichis.Aparte de las condiciones edilicias de las escuelas, el docente rural tiene que lidiar con los caminos en mal estado, el aislamiento, la falta de respuestas de Educación y los oportunistas al acecho.

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