El Ministerio de Educación local pidió que cada colegio analice si los utilizará y de qué manera.
“La Nación los manda a todo el país. Acá llegaron y cuando apareció la polémica en los medios de comunicación, los directores lo primero que hicieron fue ir a las cajas de libros que les habían llegado esa semana y buscarlos. Y estaban, así que hablamos con las autoridades de las escuelas porque ellos preguntaban qué hacer”, explicó Olga García, jefa del Programa Educación Obligatoria, quien comentó que junto con las polémicas obras también arribaron a las bibliotecas cerca de 100 títulos de diferentes autores y temáticas. Incluso algunos orientados a los relatos latinoamericanos.
La colección comprende unos cinco libros de la editorial Colihue, pero con el rótulo del Ministerio de Educación e incluyen un compendio de comics en blanco y negro. Cada ejemplar reúne una serie de relatos, conectados porque pertenecen a un mismo género literario o porque tienen algún personaje en común.
Si bien García aclaró que no prohibieron los libros, detalló que les pidieron a los directores que los reservaran en sus oficinas. “Cualquier alumno puede entrar a la biblioteca y nosotros tenemos muchas escuelas que cuentan con nivel primario y secundario y no pueden estar al alcance de los más chicos”, afirmó la funcionaria, quien destacó que tampoco serán de consulta para los estudiantes de cursos más avanzados, ya que quedará a criterio del docente si lo utilizan como material en la clase o no.
“Hay que hacer toda una tarea. El docente debe decir por qué razón y con qué objetivos los quiere usar, en qué contexto y explicárselo a los directores e incluso si los van a poner como lectura no obligatoria, nosotros aconsejábamos que vieran el medio en el que está la escuela, cómo es la comunidad educativa, la edad de los chicos del curso y hablarlo con los padres”, aseguró la jefa de programa. Y agregó que a partir de un acuerdo interno en cada centro educativo decidan la forma en que trabajarán con los textos.
Además, comentó que no elaboraron una resolución, sino que les comunicaron a los supervisores y a los directivos, las recomendaciones para usar esos libros. Incluso destacó que algunos llamaron al Ministerio para preguntar qué hacían con los ejemplares y otros, antes de recibir las orientaciones, habían decidido dejarlos fuera de los estantes de las bibliotecas escolares. Es el caso de la responsable de un colegio en la zona norte, que todavía no recibió la directiva del área.
“Quejas no recibimos, pero sí consultas. No tenemos ningún informe y tampoco lo solicitamos para saber si ya los usaron. Pero ninguno de los que se comunicó nos dijo nada”, dijo García. Pero añadió: “En una sola escuela hubo un pedido de una docente que los solicitó y la escuela no los había recibido todavía, al igual que las directivas del Ministerio. Y después no nos avisaron que hayan reiterado el pedido”.
Cómo los eligen. García explicó que los libros que llegaron de la Nación en cajas fueron seleccionados en 2010. Cada provincia debe enviar un profesional de Literatura para que viaje durante una semana a Buenos Aires para analizar las propuestas de las diferentes editoriales y definir qué libros se adaptan mejor a los Núcleos de Aprendizaje Prioritarios (NAP), que deben cumplir todas las currículas del país, y a los programas particulares de cada localidad. A partir de lo que determina esa comisión, la Presidencia hace la compra del material. “Yo le pregunté a la especialista que fue por San Luis desde 2011, si los había visto y me dijo que no”, aseguró la funcionaria sobre María Malamud, la profesora de Lengua que representa a San Luis en la delegación y que además trabaja en el Plan Provincial de Lectura.
Comentá la nota