El educador popular, que con su proyecto llegó a comunidades de pueblos originarios y villas de las grandes ciudades, consideró que hubo un gran deterioro en la educación pública desde hace 50 años
En diálogo con PUNTAL, Iglesias realizó un análsis de cómo ve el sistema educativo argentino actual y cómo se enfrenta a él la sociedad. En visita a Río Cuarto para acompañar una serie de trabajos de la Universidad Nacional, consideró que la ciudadanía necesita más información y una escuela más inclusiva.
“De a poco nos fuimos convirtiendo en un movimiento con ciertos criterios, definiciones como una autonomía de los gobiernos y los partidos políticos, de sindicatos, de la Iglesia, no nos referenciamos en estas organizaciones”, dijo Iglesias, y sostuvo: “Además, hemos definido una construcción horizontal, algo muy difícil de conseguir pero que hemos logrado formar, una autarquía financiera, en definitiva todos conceptos que se establecieron en la reforma universitaria. Quizás fueron otras las características de la reforma, pero cuando se produjo se dijo autónoma del gobierno”.
- ¿Cómo se encuentra la Universidad Trashumante en el contexto actual?
- Nosotros seguimos en esta línea, hoy quizás el proyecto más querido que estamos teniendo es el de formar educadores populares de los sectores populares. Algunos le llaman “la escuelita trashumante”. Muchos nos preguntan por qué le pusimos el nombre de “universidad” al proyecto y, en definitiva, es porque se trata de la universidad con la que nosotros soñamos: una universidad que ande, que camine, que vaya por los pueblos, que escuche, que proponga, que ame, que una.
- ¿Se mantiene un vínculo con las universidades tradicionales de la educación formal?
- Hay quienes han escrito sobre nosotros y dicen que somos un proyecto de extensión de la Universidad de San Luis, algo que es una chicana. En realidad el primer año que salimos con el colectivo, en 1998, nos dieron $1.500, después nos fuimos de la extensión. Es poca la vinculación con las otras universidades públicas, pero hemos firmado convenios con algunas instituciones, como con la de Río Cuarto, la de San Luis, la de Rosario, y la de Comahue, entre otras. No obstante, hoy nuestro trabajo va por fuera.
- ¿Qué lugar tienen para acceder a los sectores en los que no se alcanza una educación formal universitaria?
- Hay un espacio, porque la metodología, la política y la ideología de la educación popular, tienen mucho que ver con los sectores populares. Por lo tanto, cuando ellos sienten que uno se acerca sin ánimos de ser candidato ni a concejal o presidente, se genera una confianza muy grande. Además, entienden que vamos a escuchar, a aprender, y en esta experiencia incluiremos a 40 pobladores de villas de emergencia de Córdoba, Rosario, de comunidades peruanas, indios mocovíes, entre otros.
Iglesias señaló que junto a una comunidad de mocovíes de Recreo, en Santa Fe, estuvieron reunidos en cuatro oportunidades. “En esos encuentros aprendieron ellos y nosotros, porque tienen una espiritualidad que supera la religiosidad. Hay mucha gente atea, y cuando rezan o te bendicen, te conmueven”, dijo y aseguró: “Tienen una cosmovisión particular, porque nosotros siempre hablábamos de ideología, y ahora hablamos de ‘tierra’. Para estos sectores la ideología es la tierra”.
- ¿Cómo se vivió ese contacto con los integrantes de la comunidad?
- Nos pasaron cosas muy interesantes y emocionantes. Un día les pregunté a 40 personas por sus orígenes, y todos eran descendientes de pueblos originarios, mientras que nosotros somos descendientes de italianos, españoles, libaneses, y tratamos estar con ellos, siendo “el otro”.
- Estos conceptos de cada cultura que se aprenden en las visitas de la universidad a cada sector del país, ¿se incluye en el trabajo de otro punto?
- No, aunque hay conceptos que sí se vinculan, como el de la “tierra”. La lucha por la tierra se da en todo el mundo, y mucho más en América Latina, donde el caso más extremo es el de “los sin-tierra” de Brasil. En Paraguay también se vivió y ahora ha aparecido en Argentina con una fuerza impresionante. En todos lados se quieren tomar tierras, pero no por una cuestión de ideología, sino que por el simple hecho de que quieren vivir. Hace poco hubo una represión a compañeros nuestros que estaban acompañando un proceso de toma de tierra en Córdoba. La tierra hoy, como dice el dicho, “es para quien la trabaja”. Uno de los mocovíes, nos decía que todas las mañanas se levanta, va descalzo al patio de la casa, se para en la tierra y queda 10 minutos con los ojos cerrados, con todo lo que le transmite la tierra.
El fundador de la Universidad Trashumante señaló que ahora comienza un segundo grupo de trabajo, donde se incorporan 40 personas nuevas de diferentes provincias. “Tendrán como formadores a los que participaron de la primera parte de trabajo. Nosotros seguiremos acompañando, hasta que se termine la etapa”, explicó.
- ¿Cuántas personas se encuentran trabajando en la universidad?
- Nosotros estamos trabajando en este proyecto entre 15 y 20 personas. Después de cada encuentro seguimos trabajando con los registros y sistematización de lo hablado. Nosotros le entregamos a los participantes un video y textos de todo lo que se habló. Estamos en la etapa de producir materiales de lectura. El problema es que hay un gran desconocimiento en todas las clases sociales argentinas de los verdaderos problemas que tenemos. Por ejemplo, los otros días estuve en una escuela pública, y hablando con unas maestras saqué el tema de Monsanto, ninguna sabía qué era.
- ¿Cómo encuentran a los miembros de estas comunidades educativas?
- Hay una desinformación en la población en general. En los chicos ni hablar, es impresionante la falta de información que tienen de la historia de ayer. No saben quiénes fueron Frondizi o Illia. De esto tienen que hacerse cargo la escuela y los padres, porque algo sucedió para que estos pibes no tuvieran esa información. Hoy la escuela le quita a los chicos el deseo de aprender, de leer, por lo menos en la forma en que lo hace. Me refiero a la escuela en general, por supuesto que hay docentes y escuelas que son distintas.
- ¿Hace falta, incluso, una mayor participación desde los organismos estatales?
- Hay una destrucción paulatina de la escuela pública que ya lleva muchos años.
Iglesias realiza un seguimiento sobre esta caída de la educación pública según su análisis. Indica:
n Me parece que el primer golpe fue cuando estaba Arturo Frondizi de presidente, y salió laica y libre. Yo recuerdo que iba a un colegio de curas y me pusieron una banderita verde para que defendiéramos a la escuela privada, y nos peleabamos con los de la pública sin saber qué hacíamos. No es malo que haya escuelas públicas y privadas, lo malo es que el Estado le saque presupuesto a las públicas para convertir las privadas.
n El segundo deterioro grande fue “la noche de los bastones largos”, cuando se dio, por un lado, algo simbólico en el ingreso de las fuerzas armadas a la universidad y, por otro, con la emigración de muchas personas.
n El tercer golpe fue el de la dictadura, pues todavía no se calibra el daño que hizo. Aún hay miedo, y gobiernos democráticos que se encargan de que el miedo siga, como fue la ley Antiterrorista, el proyecto “X”.
n Luego vino Menem con la ley Federal y la de Educación Superior, con lo que la universidad pública argentina rompió con valores clásicos muy importantes. Allí empezó una competencia por ver quién tiene más títulos, quién es más doctor. Está bien que la gente estudie, pero ésta es una competencia para sobrevivir en la universidad, si no se tienen estos títulos no se puede competir en los concursos. Todo esto no te asegura sabiduría, yo conozco a personas que no son licenciados ni nada y tienen una gran sabiduría de la vida. Me parece que todo este deterioro se fue aumentando con la baja de presupuesto cada vez mayor.
Problemas sociales
“Hoy tenemos problemas que están muy escondidos. Hay un millón de pibes, de entre 15 y 18 años, que ni estudian ni trabajan. Hay una deserción espantosa en la escuela primaria y secundaria”, explicó Iglesias, que consideró: “La asignación universal por hijo, que es una buena medida, implica que el chico esté estudiando en la escuela, sino no se la dan. Hoy hay una gran influencia en las escuelas para que los chicos no repitan, no es la solución, me parece una barbaridad, porque siempre atacamos los efectos del problema y no miramos las causas”.
- Incluso el que termina la escuela no tiene mucha probabilidad de ingresar en la universidad.
- Es casi imposible que lo haga. Por eso la lógica de la educación tiene una lógica por la que un chico entra a una clase, está media hora y la deja. Hoy en las universidades no hay chicos pobres, sí de clase media baja, pero que les cuesta mucho seguir. Cuando era profesor a estos chicos les decía que les iba a costar el doble, y realmente llegan muy pocos a los últimos años de las carreras.
- Es difícil una planificación de vida, en estos sectores, que incluya un estudio universitario.
- Claro, es particular ver cómo son los procesos, como reflejaba Gino Germani, lo que fue la época de “M’hijo el dotor”. El portero de un edificio o un carnicero, quienes se encontraban en lo que era la clase baja, tenían en claro que la escuela era una posibilidad del ascenso social.
- Algo que rescata la Universidad Trashumante es el trabajo con diversos ejes, como lo es el arte.
- Tenemos un trabajo grande en la relación del arte con la pedagogía, la educación popular. Nuestra pregunta inicial tuvo que ver con qué tiene para decirle el arte a la pedagogía, a la pedagogía política y viceversa. En esa búsqueda dialéctica fuimos encontrando muchas respuestas. Empezamos balbuceantes, con discos de Zitarrosa, o de Yupanqui, de Los Redonditos de Ricota, intentando interpretar las letras. Después fuimos encontrando el modo de poner en movimiento el cuerpo y la cabeza, ir caminando juntos, y con esto nacieron talleres que son muy emocionantes, porque uno se compromete. Hemos aprendido mucho, como lo fue con el teatro del oprimido.
- ¿Los talleres se mantienen en el tiempo o encuentran un cierre después de ser trabajados?
- Hay estructuras básicas, pero en realidad para que la gente participe la pregunta siempre tiene que ver con el problema, ¿qué problemas ven en el mundo, en Argentina, en Córdoba y en Río Cuarto? Cuando hicimos la primera gira, de 30 mil kilómetros, desde La Quiaca a Ushuaia, fuimos viendo la realidad in situ. El cierre de los ferrocarriles fue un drama, es algo que pudimos ver en todos los pueblos, como se fueron muriendo por el cierre. Cuando le preguntábamos a la gente por el problema mundial la gente no sabía nada, en lo nacional a algo hacían referencia, y de lo local muy poco, por temor a lo que podían decir las autoridades con ellos. Un ejemplo particular es el de Pinto, pueblo de Santiago del Estero, que tiene una sola calle, y la gente decía que el principal problema era el de la inseguridad, pero porque lo veían por televisión. Todo esto es un gran aprendizaje para nosotros mismos, para devolver a la gente para que tome conciencia.
“Hoy en Argentina falta información, a todo el pueblo en general”, aseguró el creador de esta universidad de eduación popular, que concluyó: “Además, falta información para aumentar el aparato de lectura de la realidad. No saben cómo leerla o de dónde hacerlo, por eso a veces se fanatizan, se ponen dogmáticos o sectarios”.
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