Escándalo en la Magistratura bonaerense

Esto de no mirar la pelusa del propio ombligo entre los operadores del sistema de Justicia hace que cada vez que el ojo público de la sociedad critica una condena, una excarcelación o el mal desempeño de un magistrado por su incapacidad, su desconocimiento o sus fallos por "devolución de favores", no se advierta que uno de los peores males del Poder Judicial está en el poco transparente mecanismo de selección de los jueces

En el “mientras tanto”, unos pocos, los marcados a dedo por el poder, hacen que la rueda de connivencias y corruptelas siga funcionando. En las reuniones colegiadas y en la asociaciones afines tratan de ampararse en lo que llaman el honor, la hombría de bien y otros difundidos valores. Pero luego, en los vinos de honor, en el café cercano a los tribunales o frente a la Legislatura, se acuerdan nombres y cargos.

Un complejo sistema de examen ante el Consejo de la Magistratura, de selección de ternas, de propuestas al Ejecutivo, muchas veces se resuelve de antemano en esas mesas de “diálogo”. El problema es que el aparato corporativo está diseñado para que en lo público se siga desmintiendo, y en lo privado se profundice, y más en un momento de múltiples vacantes en los tribunales, y de ansiedad política por cubrirlas.

¿Hasta qué punto estas privilegiadas designaciones son conocidas en la previa? Según dicen, basta con la anuencia de ciertos personajes de los tres poderes. No muchos. Unos pocos y “necesarios”. El viernes, un legislador bonaerense y una muy calificada fuente de la Suprema Corte lanzaron la siguiente demostración de “laboratorio”: dijeron que recién el próximo 18 de octubre se darán a conocer las ternas para cargos decisivos en la Justicia bonaerense. Y adelantaron que no sólo ya se sabía quiénes integrarían esa selección, sino también quiénes la ganarían. Es decir, qué nombres irían propuestos ante el gobernador. Para quien a esta altura no perdió la capacidad de asombro, el entuerto suena a escándalo: ya se sabría cuáles son, desde mucho antes, los nombres de las personas que dentro de un tiempo estarán sentadas en algún despacho de la magistratura bonaerense ejerciendo un cargo clave.

Las “fuentes” fueron por más. Tiraron al ruedo los nombres: los doctores Diego Scoda y Patricia Ochoa. ¿El cargo? Nada menos que para fiscal general. Scoda actualmente es interino en Dolores. Y Ochoa es interina en La Matanza. El interinato implica que están en ese cargo sin concurso. Según aseguran los voceros que estuvieron en la mesa chica de la negociación, estos dos magistrados ya son “número puesto” para quedar a cargo, con todas la de “la ley”, como “jefes” de todos los fiscales, tanto en Dolores como en La Matanza.

Para un ciudadano común esto podría parecer “mentira gorda”. Dirá que cómo se puede saber el nombre de un magistrado mucho antes de “tan intrincado y honorable” proceso de selección como el que afirman -a fuerza de gacetilla y lobby- atravesar por el Consejo de la Magistratura.

Las fuentes consultadas por Hoy no sólo arrojaron los nombres. También dieron razones: quien los impulsa es quien los necesita en esos puestos. Son “sus soldados”. Y la madrina no es otra que la procuradora María del Carmen Falbo. Basta con dejar correr unos días. No es una apuesta lúdica por “nombres” en un casino flotante. Es la evidencia de un sistema perverso. A razón y verdad. La verdad es la carta de navegación, y la brújula, la razón universal humana.

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