El general John Allen iba a ser el comandante de la Alianza Atlántica. Aparece involucrado a través de unos mails que le envió a una de las amigas de Petraeus.
La noticia de la infidelidad de Petraeus se conoció el viernes pasado, cuando él mismo anunció su renuncia a la jefatura de los espías y reconocía una relación extra matrimonial con su biógrafa Paula Broadwell, con quien había pasado más de un año en Afganistán. Casi al mismo tiempo, apareció el detrás de escena del anuncio: otra mujer, llamada Jill Kelley, amiga de Petraeus, había informado que Broadwell la había amenazado y por eso le había pedido al FBI que investigara las amenazas.
Siguiendo esa pista, los agentes federales encontraron en la casilla de correos de la biógrafa una serie de mensajes que mostraban una relación entre ella y Petraeus. De inmediato, los investigadores hicieron saber a sus superiores lo que habían descubierto.
Ahora, a esa compleja trama se le agregó al general Allen, reemplazante de Petraeus en Afganistán. El Pentágono sostuvo que el militar mantuvo una “comunicación inapropiada” con Kelley e informó que abrió una investigación sobre el intercambio de mails entre los dos. El ministro de Defensa, Leon Panetta, en un vuelo hacia Australia, explicó que el material que revisan es de unos 20.000 correos. Pero otro funcionario sostuvo, interrogado por The Washington Post , que “sólo fueron una centena de mensajes electrónicos”.
El mismo diario especula que Kelley, que se sentía amenazada por Broadwell, tal vez porque las dos competían por Petraeus, le pidiera ayuda a Allen, a quien conocía de los círculos militares de Tampa, donde viven los dos y también el ex jefe de la CIA.
Por el momento, Allen no ha reconocido ninguna inconducta ni tampoco renunciado a su cargo, pero las leyes militares castigan severamente el adulterio y no habría medias tintas si se comprueba una relación por fuera de su matrimonio. Por eso es que el Pentágono demoró el proceso de confirmación en el Congreso de su designación al cargo como máximo general de la OTAN y en cambio ha pedido que se apurara la ratificación de otro general como el próximo jefe de tropas en Afganistán.
“Allen permanecerá en Kabul hasta que se lleve adelante la investigación. Por ahora sigue siendo el jefe de las fuerzas de las OTAN”, anunció Panetta.
Las versiones periodísticas señalan que, en algunos de los mails que se intercambiaron Allen y Kelley, el general la llama “corazoncito”.
Los dos están casados y tienen hijos, por lo que el episodio, como mínimo, es un drama familiar que por su exposición puede provocar daños a las familias.
Otra revelación de las últimas horas es que un agente del FBI que había informado del caso al Partido Republicano hace unos meses fue separado de la investigación, pero el motivo no fueron las filtraciones sino que él también tenía un vínculo amoroso con Kelley. El propio agente le envió a la mujer un mail con una foto de él con el torso desnudo y frases que apostaban a seducirla.
Esta noticia, además, confirma que los republicanos conocieron el affaire que involucraba a Petraeus antes de las elecciones. Lo llamativo del asunto es que, a pesar de saberlo, no quisieron usarlo a su favor en la campaña. Quizás evaluaron que, como Petraeus es republicano, y los valores vulnerados por su accionar impactan en su electorado por más que haya sido elegido por Obama, el caso podría perjudicarlos también a ellos.
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