El escándalo como herramienta política

El escándalo como herramienta política

La desafectación del “chalet de camioneros”, derivó primero en la cámara oculta a Baragiola, y ahora en una agresión con muy pocos precedentes en el cuerpo legislativo.  

Parece un tema menor (comparado con otros), pero la ya “desgraciadamente” famosa desafectación del “chalet de camioneros”, ubicado en Santa Fe y Falucho, ha sido el factor desencadenante de dos de los hechos más bochornosos que vivió el Concejo Deliberante en los últimos años.

Desde ya que la protección de la identidad arquitectónica en nuestra ciudad merece un lugar destacado en las primeras planas de diarios y portales de noticias, pero en este caso en particular la puja parece estar alejada de una simple colisión de intereses.

Las actitudes de los bloques políticos en general, y de los concejales en particular, ha dado lugar a una situación de crisis constante por un tema que, a la luz de la agenda de nuestra ciudad, debería resolverse de otra manera.

Cuando Baragiola, y un par de sus colaboradores más cercanos, concurrieron al Sindicato de Camioneros, lo hicieron en virtud de que el expediente no encontraba los consensos necesarios para su aprobación.

Si se quiere, podríamos inferir que buscaban una salida política, definiendo a la política como “una manera de ejercer el poder con la intención de resolver o minimizar el choque entre los intereses encontrados que se producen dentro de una sociedad”.

La publicación de los videos dinamitó la salida política, y derivó en un escándalo signado por malos entendidos, posiciones “antigónicas”, que no eran tales, y falta de racionalidad en la resolución de conflictos.

Baragiola terminó destituida de la presidencia del Concejo, en una sesión no menos tumultuosa que la de hoy, y la actividad legislativa paralizada por más de 30 días. La justicia dispuso que Baragiola no había incurrido en delito alguno según lo que se desprendía de los videos.

Una “herida” quedó abierta en el seno del cuerpo deliberativo. El escándalo era político.

 

En este caso, el Sindicato de Camioneros “defiende” un interés, es decir: ellos quieren que se desafecte el inmueble, para poder disponer libremente del mismo. Lo extraño es que los interesados “tiraron la piedra” y escondieron la mano, y la piedra dio en el centro de la convivencia y la construcción política en el ámbito legislativo.

Luego de un par de meses de reconstrucción de confianzas y restablecimiento del funcionamiento del cuerpo deliberativo, la comisión de Legislación aprobó nuevamente el expediente en cuestión. La reunión tiene algunos datos llamativos, ya que fácilmente se podía avizorar que no se reunirían los votos necesarios para su aprobación en el recinto.

El expediente llegó al plenario solo con tres votos positivos. Los concejales del radicalismo estuvieron ausentes, es verdad que ocupados en tareas relacionadas a la actividad legislativa, pero su presencia no hubiera permitido que el pedido llegara nuevamente a sesión. Hubo una abstención del massista Azcona, quien hoy repitió esa conducta en el recinto. Al parecer, al oficialismo no le importó está endeble y circunstancial mayoría, e imprudentemente puso el expediente de nuevo en el ruedo legislativo.

Un rumor corría por los pasillos: los “camioneros” coparían las gradas, finalmente sucedió.

Las miradas apuntaban a Baragiola, quien correctamente se abstuvo. No podía opinar sobre un tema que le ocasionó indirectamente un perjuicio personal, actuó de acuerdo a la Ley Orgánica de la Municipalidades y al Reglamento Interno del H.C.D.

Esas miradas no alcanzaron a percibir, seguramente confundidas por tantas lecturas, que el expediente no reuniría los votos necesarios, y que la barra, repleta de camioneros, no sería el mejor escenario para una decisión que no dejara satisfechos a los asistentes.

El resto es conocido por todos, la violencia una vez más en el centro de la escena. Un nuevo capítulo de “El escándalo como herramienta política”.

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