Escenas del país que recibirá Piñera

Escenas del país que recibirá Piñera
Cuando mañana asuma como primer presidente derechista elegido en Chile desde 1958, el empresario Sebastián Piñera deberá enfrentar daños como los que María Teresa Kralikas revela en esta nota. Decenas de argentinos ya regresaron: el sismo les quitó todo.
El 27 de febrero, a las tres y media de la mañana, la cónsul argentina María Teresa Kralikas despertó y salió a la calle por miedo a que el techo de su casa se le viniera encima. Se refugió en su auto, estacionado en la calle, con su marido y su hija, y trató, en vano, de dormir. Nunca más volvió a hacerlo de la manera en que lo hacía, como le pasa al millón de habitantes de la provincia chilena de Concepción.

La zona quedó desfigurada por el terremoto seguido por un maremoto, con 13.423 viviendas totalmente destruidas, con 28.866 casas con un daño mayor, con una ola de saqueos apagada a fuerza de carabineros, otra ola de psicosis generalizada, con cientos de muertos identificados y muchos otros por identificar. Y con 3.000 argentinos dando vueltas por ahí. Unos, tratando de avisar a sus familiares que estaban vivos, a pesar de que habían perdido todo, casi todo o una buena parte de lo que tenían. Otros, buscados desesperadamente por sus familiares. Las dos, al fin, tareas que ocupan por completo a Kralikas desde hace diez días.

Nada fácil. El primer día, la cónsul no pudo salir de su barrio: los tres puentes que cruzan desde el río Biobío, que permiten llegar a la ciudad, estaban rotos. Uno de ellos fue rápidamente reconstruido y, 48 horas después de la tragedia, Kralikas improvisó la oficina del consulado en el único lugar que consiguió: una comisaría. Desde el último lunes, la sede diplomática volvió al octavo piso de un edificio céntrico que se mantuvo en pie, en medio de estructuras que cayeron o que pronto serán demolidas por precaución. Allí mismo, la funcionaria hace un balance del trabajo:

"Una gran dificultad fue que muchos argentinos no estaban registrados, y ante un drama como éste las cosas se dificultan porque no tenemos nombres, direcciones ni números de teléfono para verificar si están bien", explicó en exclusiva a Crítica de la Argentina. Según la diplomática, "la radio Biobío nos ayudó mucho. Los carabineros y la policía de investigaciones también. Se pudo ubicar al 90% de la gente. Quedan poco más de cien argentinos sin encontrar en Maule, Biobío y Araucanía".

"Estamos trabajando. El último fin de semana, unas ochenta personas se volvieron a la Argentina en dos aviones que dispuso el gobierno. Otra gente se pudo ir por sus propios medios. Y hay gente a la que le estamos dando el dinero para que pueda regresar. Y también hay gente que no quiere volver, porque lo poco que tiene lo tiene acá. Su vida está acá. Ellos quieren que los escuchen. Lo necesitan".

La única argentina que se sabe que murió a causa del terremoto es Graciela Laikán, que fue sepultada por su casa junto a su hija y su marido (los dos chilenos) en la ciudad de Curicó.

En la tranquila Concepción, antes destacada por su río, la cordillera y el mar, los habitantes siguen alertas, obligados a escuchar el llanto de miles de perros antes de cada pequeño movimiento sísmico, a pensar en los millones de dólares y el tiempo que necesitarán para la reconstrucción, a buscar a los que todavía no aparecieron.

La atención médica mejoró y algunos comercios volvieron a vender alimentos. Pero a la paranoia la sostienen las réplicas. Los especialistas ya contaron 210. Y se teme que alguna de ellas vuelva a tener fuerza destructiva. "Esto no ha parado de moverse, nunca", resume Kralikas.

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