El Gabinete de Sapag alcanza alturas conflictivas inéditas. En la UCR las diferencias entre Farizano y Quiroga tienen a UNE como una cuña desestabilizadora. El escenario tiembla, entre la fragilidad estructural de la economía y las ambiciones con rumbo al 2011.
Como se había analizado en esta columna, el Gabinete de Jorge Sapag es la expresión más importante de la ambigüedad de la gestión del gobierno provincial. Habíamos dicho que las contradicciones internas, las diferentes posiciones y hasta el autismo que habita en cada ministro era notable. Para reafirmar este proceso en marcha de una realidad indudable, como pocas veces ha ocurrido en la joven historia de la provincia, un ministro salió a reclamar por los diarios la renuncia de otro.
César Pérez, que ha oscilado en estos poco más de dos años de su irrupción en el primer nivel de la política neuquina, entre el poder asociado a la gloria y la mediocridad lindante con el olvido, es el ministro que salió a denunciar al otro, el de Gobierno, Jorge Tobares, por un supuesto pacto tejido con el secretario general de UPCN, Osvaldo Lorito.
"Se confabularon para voltearme, pero me agarraré al escritorio con uñas y dientes", dijo, palabras más, palabras menos, el enojado Pérez, a través de los diarios regionales.
Tobares, en cambio, no ha dicho nada por los medios de prensa. Se limitó a entrar por una puerta que el mismo Pérez había abierto en Desarrollo Social, después de una casi increíble saga de gestos de amor y rencor hacia un conflicto que la misma administración pública generó, como ocurre casi siempre con los conflictos dentro del Estado.
Es irónico que Tobares sea cuestionado por un "pacto" con UPCN, cuando durante dos años se le había achacado una connivencia demasiado estrecha, comparable a las relaciones carnales de Menem con Estados Unidos en los ’90, con los sindicatos del otro lado del mostrador ideológico-gremial, es decir, con la CTA que agrupa a ATE, ATEN y SEJUN.
La actitud de Pérez obligaría ahora a que el gobernador Jorge Sapag actúe, o por lo menos de alguna señal un poco más importante que la tradicional de que "es normal que haya diferencias en un equipo", o que "el que toma las decisiones es el gobernador de la provincia".
También es cierto que sería poco probable –a menos que sufra ataques de ego inmensurables- que Pérez haya impulsado su enojo público con Tobares sin tener el respaldo de alguien importante. El mismo se ocupó de aclarar que todos los ministros (menos Tobares) están de acuerdo en que el equivocado es Tobares.
Una afirmación tan temeraria le deja poco espacio a Sapag para remedar el daño. O Sapag está de acuerdo con Pérez, y eligió este raro camino para echar a Tobares, o Pérez sucumbió bajo el peso de su ego, y está a punto de ser expelido de la cabina de mando del gobierno.
La situación que abriga este raro conflicto interministerial es la descripta al principio: un escenario en donde los gastos de multiplican y los recursos no aparecen, mezclado con un torbellino de ambiciones desgajadas que intentan confluir hacia el 2011.
Por fuera del microclima del gobierno provincial, las semejanzas son mayores que las diferencias. En el campo de la oposición al MPN, todas las miradas confluyen sobre el radicalismo, y esta interna tan singular que incluye a otro partido, UNE, como una cuña que separa carnes que deberían estar unidas por formar parte de un mismo organismo.
El debate en la UCR es tan singular que admite irrupciones de otros partidos: el PJ, el MPN, Recrear, son organizaciones que actúan porque se sienten involucrados en la necesidad de marcar límites a las pretensiones de expansión de la organización política que conduce cada vez con mayor claridad Mariano Mansilla.
El MPN es el partido más interesado en esta cuestión. Así se lo han dicho algunos dirigentes de peso, directamente a Martín Farizano, el intendente capitalino.
- ¿Vos sos conciente de que estamos alimentando la posibilidad de que los gremios estatales gobiernen la provincia?- le preguntaron recientemente a Farizano.
- Depende…yo creo que el gusano se puede convertir finalmente en mariposa- dicen que dijo el Intendente.
No solo es un problema para la UCR este tema: es EL problema de aquí al 2011. Por eso, Horacio Quiroga, que no imagina otro destino más que el de ser candidato a gobernador y convertirse en el hombre que venció al MPN por primera vez en la historia, ha comenzado a instar a la unión de los radicales neuquinos.
Quiroga no llega a nada si desde el propio municipio que gobernó durante dos períodos le sacan tierra por debajo de sus zapatos.
Esto lo saben perfectamente desde UNE, una organización que se siente cómoda provocando estallidos internos en los partidos tradicionales. Le es sumamente fácil esta misión, aunque no implica necesariamente que le sea tan beneficiosa como cree.
Mientras tanto, desarrolla una línea que le permite mostrarse como una organización incontaminada de aspectos corruptos tradicionales de la política neuquina. Su posición de defensa de los ríos convive con una presión muy concreta sobre intereses que destacadas figuras políticas y sindicales tienen sobre el negocio inmobiliario capitalino, un negocio muy vinculado a las decisiones estatales y a obras en marcha. Por mencionar solo dos: el Paseo de la Costa y la autopista que pronto se terminará entre la ruta 7 y la 22, por las bardas, que originará un nuevo desarrollo urbanístico, y de actividades comerciales y de servicios en general hacia las alturas de la meseta.
El problema de UNE, sin embargo, es su propia vinculación con el Estado. Un capítulo interesante al respecto se escribirá a partir del avance de la causa –ya hay un juez citando a declarar, como anticipó este diario- que investiga la concesión directa de servicios de vigilancia a la cooperativa Esfuerzo Unido de Valentina Sur.
Desfilarán ante el juez por esa causa el propio intendente Martín Farizano, y el actual concejal Mariano Mansilla. También fue citado a testimonial el edil que acusó políticamente al gobierno por estas contrataciones, Mario Pilatti (MPN).
Mansilla se defiende mediante el ataque en esta causa. Invocó razones laterales de la política neuquina. Dijo que el fiscal Ignacio Di Maggio se la tiene jurada por lo que hizo supuestamente a favor de Sobisch en la causa de la "zona liberada" de Huincul, en aquel enfrentamiento entre matones de cascos amarillos y docentes piqueteros. Y habla mal de Pilatti sobre la base de su paso por gestiones anteriores y sus propias causas judiciales, armadas la mayoría de ellas desde el sindicalismo estatal.


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