Escribe Raúl David Caballero - Como un complemento de nuestro aporte del lunes pasado, ver aparte, nos apuramos en ofrecer esta nueva entrega donde podemos repasar 10 dilemas que ofrece Francisco Gutiérrez.
A riesgo de dejar, involuntariamente de lado cuestiones para algunos más valorables, reunir diez situaciones, cobran especial interés, teniendo en cuenta que con el comienzo de la campaña electoral, donde Gutiérrez aspira a ser reelecto, se agudizarán también las miradas en busca de resultados del actual mandato.
1.- EL DILEMA DEL REFERENTE POLITICO
Ser un referente reconocido por la trayectoria pasada, resulta clave a la hora de movilizar, debatir y también contener dentro del partido a distintos sectores sociales, muy especialmente dentro del radicalismo y del peronismo que por su conformación vienen cobijando todo el abanico ideológico debajo de un mismo paraguas partidario.
Otra cosa es actuar en política con las condiciones personales y democráticas que reclama un cargo ejecutivo en una de las 15 ciudades más pobladas del país, como Quilmes.
El peronismo, el radicalismo y las demás agrupaciones políticas con todo su colorido, cuentan con referentes respetados por su trayectoria o servicio en algún momento dado, que lucen en funciones legislativas o diplomáticas, pero que no sienten pasión por la administración, la planificación, la coordinación, la supervisión que supone el día a día de una ciudad.
Este puede ser un dilema para Gutiérrez. Es valioso para el partido dónde milita, pero no parece apasionarlo la gestión diaria de la agenda de la ciudad. No. Prometió estar disponible; atender, gobernar de puertas abiertas...
Es como que no lo siente así. Parece como que quiere, pero no puede; sus convicciones de una izquierda a la cubana , son más fuertes. Se termina imponiendo eso.
2.- EL DILEMA DE LA AGENDA DIARIA
Aquí viene bien apuntar que Gutiérrez, a su ya muy activa agenda en UOM a nivel local y nacional, le añadió su responsabilidad como Jefe comunal.
Hoy atiende cuestiones inherentes a su cargo de relaciones internacionales en el Consejo Directivo nacional del gremio, así como temas de la obra social local, que incluye un Sanatorio; así como las lógicas situaciones gremiales que le traen los delegados en las distintas empresas metalúrgicas radicadas en Quilmes. No se conoce ningún secretario adjunto desarrollado, que lo secunde.
En el ámbito político, es el presidente del Partido Justicialista de Quilmes, por lo que alguna preocupación extra llegará desde ahí. Una vez, atendido eso, Gutiérrez pone de su tiempo y energía al cargo que le han asignado los quilmeños.
Además es padre de familia con las demandas lógicas de todo mortal que ha elegido formar un hogar: traer hijos al mundo y hacerse cargo de sobrinos que le encargó la vida.
¿Dónde esta el dilema? Dejando de lado lo personal que puede recorrer a todos los mortales; si bien lo gremial, lo político y la gestión municipal tienen en común que apuntan a cuestiones de interés colectivo; las reglas, cómo la sociedad las mide, son muy distintas unas de las otras.
Unas son las reglas, las responsabilidades y las demandas en el desempeño de un dirigente de un gremio a nivel nacional; otra es la tarea que se espera de un secretario general de una seccional como Quilmes; y otra totalmente distinta es cuando ese dirigente presenta su candidatura para la administración de los negocios públicos de una de las 15 ciudades más grandes del país, con un presupuesto diario de 1.000.000 de pesos.
Una vez a cargo del gobierno de Quilmes, Gutiérrez contrató a 300 funcionarios políticos y llevó la nómina por sobre los 5.000 agentes. Se asegura que además cuenta con 4.000 personas organizadas en 70 cooperativas al servicio de 600 mil personas, en un territorio de 94 km2.
Eso es mucho más que liderar una multinacional.
El sólo recorrido de esa agenda, prueba que no se podrá hacerlo bien todo el tiempo, por más energías y pasión que se tenga. Suena a mucho, a la vez.
3.- EL DILEMA DEL ARMADO POLITICO
La idea de instrumentar políticamente al personal municipal como paso previo a lo que se logre con cada familia beneficiada por un plan de gobierno nacional o en los barrios, es una forma de explicar por qué se sostiene en el tiempo el ahogo financiero de la gestión a pesar de la gran carga de desgaste en términos de opinión pública que supone.
Los funcionarios políticos de Gutiérrez, como ya hemos mencionado en estos días, cobran muy buenos sueldos. A los municipales se les mejoró mucho su situación.
Los problemas de parsimonia y pesadez extrema aparecen a la hora de disponer de recursos frescos para ofrecer un servicio municipal digno en términos tan simples como el alumbrado, el barrido o la limpieza; así no hay cómo pensar en algo más allá.
La simple recorrida por los distintos barrios, aún de aquellos sectores señalados como en el foco de la atención del Jefe Comunal, contradice las mejores intenciones expresadas en palabras políticamente, muy correctas.
La falta de dinero para la reparación de maquinas, para el mantenimiento de los juegos de una plaza o para el desarrollo de un programa de desarrollo humano mínimo, es el justificativo más escuchado. ¿De qué sirve una planta de personal tan numerosa, si no hay dinero para gestionarla?

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