Confirman que el piloto avisó del engelamiento antes de precipitarse
El día después de la caída del avión de la empresa Sol en la Línea Sur fue dominado por la desolación y la incertidumbre. No obstante, un elemento importante surgió durante las primeras investigaciones: la caja negra fue hallada y a partir de allí podría avanzarse en la reconstrucción de los instantes previos al accidente.
Las primeras imágenes del escenario que se difundieron confirmaron sobre el mediodía de ayer la magnitud del siniestro, que marcó el final para 22 vidas y quebró -de la peor manera- decenas de historias familiares a lo largo y ancho del país.
La nave -Saab 340 bimotor- quedó desintegrada sobre un campo del paraje Caltrauna, ubicado a unos 35 kilómetros al sur de Los Menucos. Los restos de sus ocupantes fueron trasladados anoche a Bariloche, por orden del juez federal Leónidas Moldes, quien dispuso el posterior envío hacia Buenos Aires, donde se iniciará el proceso de reconocimiento.
Mientras tanto, la Junta de Investigación de Accidentes de Aviación Civil comenzó a trabajar en el lugar para determinar las razones que hicieron precipitar la nave en su trayecto desde Neuquén hacia Comodoro Rivadavia.
Pese a que la compañía aérea dijo que "no hay indicios" de por qué la aeronave matrícula LV-CEJ se precipitó a tierra, fuentes aeronáuticas revelaron a la agencia DyN que a las 20.37 el piloto pidió descender de 6.200 (1.878 metros) a 3.700 pies (1.121 metros) por "engelamiento".
Los mismos voceros indicaron que un avión sanitario reportó que a las 20.48, hora aproximada del siniestro, escuchó por radio el grito "may day, may day" que utilizan los pilotos en situaciones de emergencia extrema.
De todas maneras, el comodoro Gustavo Brea, secretario general de la JIAAC -dependiente de la Secretaría de Transporte- dijo ayer que "nada se descarta" y que "cualquier aspecto operativo, sea de pilotaje, funcionamiento de la empresa, aspectos técnicos, de tránsito aéreo" serán objeto de análisis. Además, confirmó que participará de las tareas un "asesor, representante acreditado de Saab", y que "los investigadores recabarán declaraciones de testigos del accidente", entre ellos los pobladores de Prahuaniyeu que dijeron haber visto "una bola de fuego en el cielo".
Fuego y explosión
Entre esos vecinos a los que se pedirán datos estará Casimiro Ñanquepán, puestero del campo donde se registró el accidente.
El hombre se había acostado a dormir pasadas las 20 del miércoles. Un fuerte y extraño ruido rompió el silencio de la oscura noche y asustó al campesino, que se levantó sobresaltado. "Salí afuera de la casa porque me pareció como el ruido de un avión. Cuando miré al cielo lo vi dando vueltas sobre la casa, unos metros más alto que los árboles. Era como una bola de fuego que venía cayendo. Después desapareció detrás de la loma y enseguida se escuchó una fuerte explosión y el fuego iluminó el cielo", detalló ante "Río Negro".
Casimiro fue el primero en llegar al lugar del accidente. El avión se estrelló a escasos 600 metros de su casa, en una zona de quebrada. "Enseguida fui a ver y cuando me asomé detrás de la loma todo era fuego y humo. Algo nunca visto", describió. Minutos después, junto a otro poblador de la zona, el campesino intentó viajar a Los Menucos para dar aviso sobre el accidente, pero a mitad de camino se encontró una persona que se dirigía a la misma localidad con el mismo fin. Entonces se volvió.
Unas horas después, el lugar comenzó a poblarse y poco a poco de policías, enfermeros y bomberos voluntarios que llegaron al lugar. A partir de allí Casimiro comenzó a tomar conciencia de lo que había ocurrido: un verdadero desastre. Un accidente que nunca se hubiera imaginado. Ayer, todavía no salía del asombro. Más aún al ver que esa gran máquina de volar se había convertido en pequeños tozos de metal que quedaron dispersos en un radio de unos trescientos metros, junto a los restos de los cuerpos de los 19 pasajeros y 3 tripulantes.
A escasos siete kilómetros de la casa de Casimiro vive Tatay Martín junto a su esposa. A ellos también los sorprendió el accidente cuando estaban a punto de acostarse. "Vino mi mujer y me dijo que me levantara que había escuchado una explosión y se venía fuego. Entonces nos subimos a la camioneta y fuimos a ver de qué se trataba. Cuando llegamos vinos cómo el avión se estaba incendiando. Fue algo impactante", contó ayer.
El accidente dejó una huella imborrable sobre el suelo. También en la mente de quienes lo presenciaron y más aún entre aquellos que participaron de los trabajos que se realizaron ayer en el lugar donde se recolectaron las partes del avión y los restos de las personas que viajaban en el avión.
Toda la zona fue vallada y el acceso de particulares quedó vedado a siete kilómetros a la redonda.
El final de la tarde de ayer dejó al descubierto rostros desencajados que denotaban la cruda realidad que les había tocado vivir a los rescatistas. Esta imagen se acentuó entre los bomberos voluntarios jóvenes, quienes se disponían a volver anoche a sus casas a descansar luego de una ardua y triste jornada de trabajo.
Comentá la nota