Confesó que el riocuartense no le quiso arrebatar el arma, como venían sosteniendo sus jefes. En un hecho inédito, pidió disculpas a los familiares de la víctima. Y aseguró que el Ejército le arruinó la vida
En este sentido aclaró que esa versión, conveniente para el Ejército, destruyó su propia vida y la de su familia. Y en un hecho sin precedentes pidió perdón a la familia de “Paco” Bauducco. Comenzó diciendo que ingresó a la fuerza luego de completar el servicio militar como soldado conscripto. Y que le ofrecieron quedarse como cabo en comisión para realizar tareas de fajina. A los dos meses, contó que pasó a la cárcel “para lo cual no estaba preparado”.
Negó haber aplicado tormentos y explicó que gran parte de ellos podrían haber sido cometidos por otros cabos de apellido Pérez. En esa línea argumental destacó que las descripciones realizadas hablan de un Pérez: morocho, de bigotes, fornido, morrudo, y fortachón, pelo negro, de tonada no cordobesa y con una voz particular. Puso a disposición del tribunal fotografías de abril de 1976 y otras de 1977 que muestran cómo era en ese momento. Y culpó a los gendarmes de propiciar las palizas.
“Voy a narrar la muerte de Raúl Augusto Bauducco, lo escribí porque estoy muy nervioso, y nunca quise recordar nada de esto”, comenzó.
“Ese fatídico 5 de julio de 1976 nos llevan para hacer una requisa en la cárcel. Era la primera vez que fui a la cárcel y que tomaba contacto con quienes decían eran terribles delincuentes subversivos que nos decían íbamos a encontrar. Estábamos todos muy nerviosos, menos los gendarmes que tenían experiencia, gente más grande que nosotros”, relató
Recordó que aquél día Mones Ruiz les indicó que su tarea era brindar seguridad al personal de Gendarmería, encargado de efectuar la requisa.
Dijo que había en el patio cuatro suboficiales, bastante separados. “El teniente nos ordena armar, que para los soldados era colocar la bayoneta, cargar el seguro, y haciéndonos la recomendación que ante cualquier movimiento extraño o cosa rara que llame la atención, tengamos la pistola en forma preventiva apuntando hacia arriba. Estábamos todos muy nerviosos era nuestra primera requisa”, dijo.
Gritos, golpes y quejidos
Añadió que “escuchó un tropel, ruidos, gritos, golpes, quejidos, y resbalones y veo a un par de gendarmes con palos que esperaban a los detenidos. Salen los detenidos. Los gendarmes los colocan a lo largo”, dijo. Seguidamente expresó que los vio venir “quejándose por los golpes” y que entre 8 y 10 gendarmes algunos con bastones gritaban y que un oficial los dirigía.
“A mí me asignan un sector de la pared donde termina el patio, hacia la izquierda, hacia la puerta. Habría, calculo yo, unos 100 detenidos contra la pared. En el sector que me toca darle seguridad, un detenido está contra la pared, casi en cuclillas. Antes que venga el gendarme que venía haciéndolos desnudar para requisarlos le digo que se levante y me dice no puedo y trato de levantarlo de las axilas y quedó medianamente contra la pared, veo que se va agachando, cayendo nuevamente, y el gendarme le dice: levantate -entre otras cosas-, y le da un par de gomazos y me dice: hacelo que se levante que ya vengo”.
Pérez comentó que en ese momento estaba muy nervioso por lo que podría pasar porque “eran terroristas” y que entonces “lo busco con la mirada al teniente y no lo ubico, y entonces digo, lo voy a levantar”. “En esos momentos me agacho para alzarlo, él se da vuelta, lo tomo del brazo para levantarlo y yo con la pistola en la mano trato de levantarlo. En un momento dado me toma del brazo y en el envión, la fuerza que hacemos, no lo puedo precisar, fue un segundo y escucho el disparo y lo veo que cae”. Agregó que trató de levantarlo cuando en ese momento viene el gendarme, le saca el arma y dice:
- ¿Qué pasó?
-Se me escapó un tiro.
- No, te quiso arrebatar el arma...
“No fue así, en ningún momento me quiso sacar el arma. Fue un lamentable accidente”, afirmó.
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