Ayer vencía un plazo en la Corte de Salta para que presente los papeles para llevar a la Corte Suprema de Justicia de la Nación, y así evitar declarar en las causas abiertas en su contra.
Fuentes judiciales indicaron que no presentó los papeles y con ello, quedó en firme la decisión de la Corte de Justicia que por mayoría y con el solitario voto en contra de su compañero de pesca, Gustavo Ferraris, había dicho que debería declarar sin ampararse en fuero alguno, tal cual lo dispone la Ley Nacional de Fueros.
En cierta medida se entregó Juan Carlos Romero, como hacen los pescados cuando dejan de luchar luego de ser atrapados por el anzuelo, si vale la comparación apropiada para el caso de este fanático de la pesca con devolución, afición que es recordada debido al uso del helicóptero sanitario para practicar este deporte.
A menos de un mes de las elecciones en donde sabrá si sigue o no en el Senado Nacional y con fueros, Romero parece haber tomado cabal conciencia de que el hilo que lo sostiene al poder se le está cortando. Sabe que Alfredo Olmedo lo está superando y lo va a dejar sin su banca y sin fueros en las próximas elecciones de octubre.
Esta es quizás una de las razones por las que dejó vencer un plazo clave que lo pone a las puertas de tener que ir a un juzgado y él, ex gobernador, a punto de ser exsenador nacional y heredero del poder político y económico de don Roberto Romero, tener que sentarse como cualquier ciudadano común ante a un juez a tratar de explicar los tejes y manejes de su paso por la administración pública.
La causa en la que tendrá que declarar finalmente es conocida como "La Ciénaga". Se inició por la compra de tierras para la construcción de viviendas sociales en un sector que no sería apto ni para construir una cucha de perro pagando por ello un jugoso sobreprecio a una empresa donde el propietario era, justamente, el propio ex gobernador.
Será que después de tanto tiempo de ampararse en los fueros por su condición de Senador Nacional, tanto tiempo de ampararse en un apellido que metía miedo, Romero ha comprendido que su tiempo se ha acabado y toda fiesta llega a su fin.



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