Judicializada una parte de la interna, no quiere decir que cambie el proceso de fondo, que enfrenta dos sectores en pugna desde hace 20 años. El peligro de no entender el contexto y de llegar tarde a los incendios que se multiplican.
También habría que apuntar que tal intensidad no sería así de no existir la concreta posibilidad de que la corona del poder político en la provincia pudiera cambiar nuevamente de dueño. Nadie se ofusca, ni se apasiona, si en su camino no hay escollos a la altura de la propia importancia.
Observada desde afuera, la discusión que ha llegado a los estrados judiciales no parece ocasionada por cuestiones de mera forma. Hay una fuerte diferencia entre el sistema de representación por circuitos y el sistema de distrito único. Es una diferencia de fondo: el primero, garantiza que los circuitos con más cantidad de electores tengan una mayor representación. El segundo, deja esa proporcionalidad librada al arbitrio y la conveniencia de cada lista.
La justicia, no obstante, resolverá en función de la forma y no del fondo, ya que no puede meterse en cuestiones internas de los partidos políticos: se debe recordar que éstos son instituciones básicas de la democracia, y por ende, tienen soberanía sobre sus actos. En concreto, la Justicia resolvería si fue atinente o no la decisión de la Convención de cambiar el sistema vigente, con el proceso electoral interno ya en marcha, y consecuentemente, si corresponde o no la reacción de la Junta Electoral partidaria de observar la integración de las listas de candidatos a diputados.
Traducida en política la discusión, tiene dos explicaciones según el cristal con que se la mire. Jorge Sapag dice que la Convención manda en estas cuestiones, y que la Junta desconoce esa autoridad por la sencilla razón de que es conducida por su rival, Jorge Sobisch. Del otro lado, Sobisch afirma que Sapag busca dilatar el proceso electoral buscando oxígeno porque está mal en las encuestas, y por eso judicializa.
Por debajo de las declaraciones oficiales, existen las versiones que se dejan trascender para que la prensa se haga eco. Los “off the record” son tentadores, y también, muchas veces, solo disfrazan operaciones culposas para beneficiar y perjudicar a uno u otro bando.
Más allá de esas infidencias siempre interesadas, vale la pena apuntar un dato objetivo y evidente: Es el gobierno actual el que se está enfrentando a Sobisch, y viceversa. Tiene razón el intendente Martín Farizano, cuando alude (con cierto espanto sobreactuado) a la confusión existente entre publicidad institucional y publicidad de campaña. Es todo lo mismo, porque así lo acepta e incluso lo confiesa el gobierno. De otra manera ¿cómo entender la convocatoria estricta a suspender las vacaciones de la planta política porque hay una campaña que realizar y un triunfo que obtener?
En este contexto, todo se exagera un poco. Es casi natural, o por lo menos, se ha vuelto natural por la fuerza de la costumbre. La guerra política, cuando se libra a centímetros del poder real, absorbe todo, acapara prácticamente el 100 por ciento de la atención del gobernante. Es natural por la misma razón que ya son “naturales” los cortes de ruta como forma de protesta. Y todo el discurso sobre su carácter delictual queda reducido a una histeria inconducente, porque en definitiva, el hecho es que ganan los cortes, y pierde la democracia.
Algo habrá que hacer con tanto desatino. Es obvio que no está bien la manera neuquina de hacer política partidaria con plata del Estado. Es obvio que no está bien que el destino de la provincia se juegue en la interna de un partido político. Es obvio que no está bien que todos los problemas se pateen para adelante mientras se resuelve este dilema con fecha 20 de febrero, y que mientras el contexto se incendia, los bomberos nos digan: esperen a saber el resultado de la interna del MPN.
Hay muchas cosas obvias, aunque esto no implica que sean fatalmente ciertas.
Esto es lo que puede suceder con la interna del MPN. Habrá, inexorablemente, un resultado, un ganador, un derrotado. Pero no indicará con absoluta seguridad qué es lo que ocurrirá después en los comicios generales.
Porque –y de esto deberían tomar nota los políticos- la sociedad argentina está incubando un descontento sordo y peligroso.
Un descontento que puede servir para construir o para destruir lo poco que se ha construido en nuestra precaria, adolescente democracia.


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