Una mujer encontrada culpable por homicidio es liberada por la Justicia porque no recibió sentencia después de un año de permanecer presa. La mujer, junto a otra compañera de andanzas, había asesinado a cuchilladas a un hombre, a quien esperaron agazapadas entre las sombras.
La mujer liberada fue detenida otra vez a las pocas horas. Había perpetrado un asalto armada de un cuchillo, evidentemente su arma preferida, su herramienta de trabajo más preciada.
Esto, que se cuenta con naturalidad exasperante en los diarios locales, es una síntesis de solo una de las historias que sacudieron la modorra de pensadores y teóricos del sistema legal en vigencia en Neuquén. Ante la evidencia de que el cerrado aplauso progresista que saludó al Código Penal de avanzada podía trastocarse en un abucheo descalificador en cuestión de segundos, hubo ocupación y preocupación en las últimas semanas.
El tema rozó las campañas políticas. Como suele suceder, hubo respuestas apuradas, siempre lindando con el oportunismo, que aconseja no hablar demasiado de un tema que es difícil de solucionar. Como el caso Nisman a nivel nacional, que alteró la tranquila siesta de oficialistas y opositores, en Neuquén el caso de las excarcelaciones del Tribunal de Impugnaciones, la letra del nuevo Código Penal, el funcionamiento concreto de la Justicia, y –en definitiva- la gran cuestión de la inseguridad pública, volvió a ganar protagonismo, aunque se trata de un protagonismo no deseado.
El oficialismo del MPN reaccionó lleno de contradicciones ante los primeros amagues de polémica, tras la incial fase de debate surgida con las primeras excarcelaciones de homicidas favorecidos por la demora en sus sentencias. Primero advirtió que el Código Penal no debería ser modificado tan rápido, sino que debería examinarse en todo caso el rol presuntamente culpable del gran aparato judicial que debe aplicarlo. Después moderó esa consigna, para aceptar que el Código no es la Biblia, que toda Ley debe estar sujeta a cambios que la adapten a las circunstancias.
Al mismo tiempo, desde el costado más progre del kirchnerismo, se presentó con rapidez un proyecto para cambiar dos artículos del flamante Código, apuntando a corregir la posibilidad de que algún otro homicida quede en libertad porque se demore una sentencia después del juicio que determina la culpabilidad o inocencia.
En medio de estos hechos, en la primera reunión de comisión de Asuntos Constitucionales y Justicia de la Legislatura tras el inicio de la polémica, se habilitaron los pliegos de dos defensores y un juez penal. En esa misma reunión hubo dos posiciones contradictorias sobre el tema excarcelaciones por vencimiento de la prisión preventiva. Una entendiendo que había estado de acuerdo con lo que dice la Ley y que por lo tanto era inobjetable, sobre la base de que la prisión preventiva no puede abusar del individuo que sigue gozando de la presunción de inocencia. La otra, con la posición contraria, afirmando que la presunción de inocencia se cae cuando hay un veredicto de culpabilidad, y que por ende debe ser relativizada al menos en el caso de disponer libertades que después pueden costarle caro a la sociedad.
Como contexto de estas discusiones técnicas, está, insistimos, el tema de la seguridad pública. A los ciudadanos es muy posible que no le interesen los tecnicismos, sino el simple hecho de que un homicida salga en libertad antes de cumplir con una condena.
En realidad, todos los argumentos e interpretaciones de la Ley se derrumban ante esta simpleza, pues el sistema legal penal entero se fundamenta en el hecho de que un delito, un crimen, debe ser castigado, una vez establecido la culpabilidad del sujeto que lo ha cometido.
El tema seguridad es importante a la hora de definir intención de voto, pero al mismo tiempo parece difícil de abordar para los políticos que disputarán la gobernación el próximo 26 de abril.
El MPN acude a su propia responsabilidad directa, pues gobierna, no de ahora, sino desde hace más de 50 años. Las inversiones del Estado gobernado por el MPN en seguridad han sido cuantiosas. El resultado, medido en estadísticas que poco se muestran pero existen, no es equivalente a esas inversiones. Hay una falla, que el propio MPN reconoce en la intimidad, aunque nunca lo haga en público, no por lo menos en instancia de campaña electoral. Es casi lógico. Es, tal vez, comprensible esto último.
El kirchnerismo neuquino, un conglomerado con cierto nivel de inestabilidad, diseñado y forjado para buscar romper una polarización entre el MPN y el quiroguismo, apostó en lo inmediato a la salida vía reforma del Código porque evidentemente arroja una eventual solución hacia el futuro, y despega a la cuestión de la urgencia de opinar sobre el tema de fondo, la seguridad, uno de los costados flacos de la gestión de la década ganada: es apabullante a nivel nacional la estadística de crecimiento del delito, asociado a crímenes violentos, desaparición de personas, y crecimiento del narcotráfico en Argentina.
El quiroguismo, que une para esta instancia de competencia electoral al NCN inventado por Horacio Quiroga, más el PRO, más la reconquistada UCR, es el sector que más libre se siente de opinar y acentuar el nivel crítico hacia la concreta responsabilidad del Estado. De hecho, se siente cómodo en este debate, porque lo había instalado antes de la polémica por las excarcelaciones, en mención a presuntas complicidades entre el delito y el sistema de clientelismo político que se le achaca al MPN.
Desde el Poder Judicial neuquino, mientras tanto, se dará una definición que sentará la jurisprudencia en el caso de las excarcelaciones, y esa definición sería antes de las elecciones del 26 de abril. El Tribunal Superior de Justicia buscará plasmar una resolución que busque el sentido común, es decir, el sentido necesario para que la Ley no sea una cuestión abstracta, sino útil a los intereses y necesidades de la ciudadanía.
En ese camino, no debe obviarse lo que es una certeza inocultable: los jueces están muy concientes que en Neuquén –como en la Argentina- estamos todos muy lejos de vivir en una sociedad apacible, tranquila, segura.
Por el contrario, nadie está seguro. Cualquiera de nosotros puede ser la próxima víctima.
Si esto no es lo suficientemente poderoso como argumento para que el tema sea clave en la campaña electoral…habrá que concluir que entonces se debate sobre el sexo de los ángeles, como dijo alguna vez un político argentino, para mencionar (con poética elegancia, tal vez ya perdida para siempre) que lo importante quedaba relegado por lo conveniente.

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