Impresiona lo disímil de ambas biografías. José Cano y Juan Casañas pertenecen a la generación de quienes cursaron sus estudios universitarios cuando la democracia volvía a esperanzar -y a entusiasmar- al país tras la larga noche de la dictadura. Sin embargo, mientras el primero sintió el llamado de la política cuando la fiebre alfonsinista lo cubría todo, al segundo el fenómeno le pasó inadvertido y pasó a engrosar esa mayoría silenciosa -tan fatídicamente argentina- que prefiere el más cómodo "no te metás".
Esta fórmula tucumana, que es una réplica de las que se dan en otras provincias, expresa el intento de partidos centenarios -como el radicalismo- por reciclarse y aglutinar tanto a los ex caceroleros descontentos de la política, como a los chacareros que acaban de descubrirla y que no saben cómo canalizar su ira antikirchnerista. Lo que no se sabe aún es si este ensayo transaccional servirá para mitigar -en algo- la hegemonía alperovichista.


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