La Municipalidad remitió al corralón 574 motos durante enero por falta de casco o documentación, en el marco de nuevos dispositivos de control de tránsito que enfocan especialmente en ese tipo de vehículos por dos razones: por un lado, participan en casi seis de cada diez accidentes viales en la ciudad; por otro, son habitualmente empleados para ciertos delitos como los arrebatos.
La cantidad de motos secuestradas en el primer mes del año supera largamente el promedio mensual de 2009, cuando se incautó un total de 4.000 rodados. Claro que la cifra no significa que haya aumentado otra cosa que los controles —más allá del crecimiento que viene observando el parque de este tipo de vehículos en Rosario, actualmente calculado en 350 mil —, ya que los motivos de remisión por el momento siguen siendo similares a los del año pasado: aproximadamente un 60 por ciento es por falta de casco, un 75 por ciento por no tener seguro, un 55 por ciento por no exhibir la licencia para conducir, más del 35 por ciento por circular sin patente y casi un 30 por ciento por problemas en elementos de seguridad como las luces.
En terapia. El subsecretario de Prevención y Seguridad Ciudadana de la Municipalidad, Luis Baita, apeló a números del Sistema Integrado de Emergencias Sanitarias (Sies) para pintar el panorama. "El año pasado el Sies asistió a alrededor de 26 mil personas, de las cuales 9.500 resultaron con lesiones en accidentes de tránsito. En esos incidentes, en un 57 por ciento de los casos participó al menos una moto", explicó el funcionario.
La preocupación al respecto tiene su correlato en la Secretaría de Salud Pública. Allí se están analizando estadísticas para elaborar un informe con el objeto de dar cuenta de lo que para su titular, Lelio Mangiaterra, parece por momentos una "epidemia".
"Alrededor del 40% de la ocupación de camas en las unidades de terapia intensiva se debe a accidentes viales, hechos de los cuales participan cada vez más motos. Es un problema fundamental, porque hay cada vez más motos en las calles y se las puede ver infringiendo normas de tránsito y circulando con hasta 4 personas", señaló Mangiaterra, y remarcó que el problema no sólo pasa por la mortalidad sino también por la gran cantidad de personas que quedan con secuelas como consecuencia de esos siniestros.
Salva vidas. La Municipalidad apela a los guarismos para explicar la política de remitir al corralón a todas las motos cuyos conductores circulen sin casco. "Aunque no falten quienes digan que eso persigue fines recaudatorios, nosotros estamos convencidos de que el casco salva vidas. Porque reduce en un 73% la mortalidad en accidentes y en un 85% la posibilidad de lesiones", señaló Baita.
El funcionario apeló a la necesidad de que los ciudadanos colaboren con la labor del Estado de controlar y educar. "En los operativos que se realizan en la Circunvalación también se detectan motociclistas que circulan sin casco. Y eso, en una ruta que están en reparación y por la que pasan cerca de 40 mil vehículos diarios, entre ellos muchos camiones, es directamente una actitud suicida. Por eso nos parece indispensable que la población empiece a tomar conciencia de este tipo de cosas", añadió el subsecretario de Prevención, aunque admitió que por el momento es bajo el porcentaje de infractores que toma mal los operativos sorpresa: "Todos saben cuáles son aquellas cosas obligatorias a la hora de circular en moto".
No es menor. "No se trata de entrar en posturas paternalistas en las que el Estado dice cómo tiene que vivir la gente. Este problema es algo que va más allá de la salud o la vida propia. Circular en moto sin casco no es una cuestión personal, una elección u opción que le cabe tomar a cada motociclista. Porque las consecuencias que puede sufrir van más allá de él", consideró el titular de la Guardia Urbana Municipal (GUM), Mariano Savia.
El funcionario explicó que en el "imaginario colectivo" no utilizar el casco "está considerado como una falta menor", pero no lo es. "En un choque entre una moto y un auto, que son muy habituales —describió Savia—, hay altas probabilidades de que el motociclista sobreviva si estaba con el casco puesto. Pero si no lo lleva, también es muy probable que muera. En ese caso, el conductor del auto tendrá que cargar con esa vida perdida, lo cual puede llegar a ser una tortura más allá de las consecuencias que deba afrontar en un juicio por homicidio culposo. Eso es un ejemplo de por qué sostenemos que el uso de casco no sólo protege al que se lo pone", sentenció.
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