Enemigos íntimos

Carlos Benítez dedicó un cuarto de siglo a juntar pruebas y "vengarse" de Abel Miguel por haberlo echado de la Municipalidad acusándolo de un delito que no se probó. Pero lo que persiguió (y logró) era el juicio ante la sociedad, más allá del resultado".

Escribe: Omar Bello

O sea, a este hombre los barrotes no le bastan y, a la vieja usanza, quiere que Miguel sea empalado en la plaza pública; vivo, por supuesto, así el escarnio dura más. Contactarse con este "denunciante eterno" resulta movilizador. ¿Por qué? Por un lado, uno sabe que probar un hecho de corrupción en Argentina es bien difícil. El sistema está armado de una manera tal que parece blindado a las investigaciones de cualquier grupo o factor. Desde esta perspectiva, Benítez no deja de ser un ejemplo. ¿Se imaginan cómo sería el país con más Carlos Benítez dando vueltas? Personas que, equivocadas o no, dediquen parte de su vida a controlar a los funcionarios públicos. Uno siente que faltan más personajes así. Por otro lado, Abel Miguel tiene todo el derecho a ser definido y considerado inocente (al menos por ahora). Independientemente de sus dudas acerca del accionar del Poder Judicial juninense, el denunciante no puede erigirse en juez de los demás. En algún momento también él debería aceptar lo que dice la Justicia y darse por vencido.

Para que te vaya bien hay que tener amigos; para que te vaya muy bien, enemigos. La frase, que pertenece al mítico Frank Sinatra, tiene su lógica. Con su cariño, los amigos te llevan hasta un estado de bienestar. Con su bronca, los enemigos te convierten en un personaje popular. Lo que no aclaró el viejo Frank es que pasa cuando el plural desaparece y el número de contrincantes se reduce a uno.

Carlos Benítez dedicó un cuarto de siglo a juntar pruebas y "vengarse" de Abel Miguel. Si bien es cierto que la extensa persecución debe haber representado un calvario para el ex intendente, la verdad es que en épocas de pasiones cortas, semejante devoción (aunque resulte destructiva para ambos) no deja de ser conmovedora. Más allá de las pruebas, se trata de una extraña forma de "amor". Lo primero que sorprende en relación a Benítez pasa por lo que sigue: el tema Miguel no sólo no terminó, sino que está lejos de alcanzar un punto final. En caso de que la apelación ante la Cámara de Casación fracase, el hombre se muestra dispuesto a dar batalla en la Suprema Corte. Es más, da la sensación de que si ambos fallan, va a encontrar una vía alternativa. ¿Quién está detrás de él? Por más que todas las miradas señalen a Meoni como sostén de la eterna demanda de Don Carlos, el hecho no parece demasiado relevante.

Con la idea fija

Podría ser el intendente actual o cualquier ser humano que esté dispuesto a fogonear su incandescente bronca. Sin duda, al no querellarlo (se había comprometido a hacerlo), Miguel está tratando de archivar la causa en todos los sentidos posibles. Se trata de un intento que no prosperará. Benítez, quien entre otras cosas es profesor de piano y dirigió una orquesta de jazz, no va a parar hasta demostrar la culpabilidad del ex intendente o morir en el intento. Ahora bien, independientemente de esta tozudez, Benítez no parece una persona resentida. Con razón o sin ella, está realmente convencido de lo que dice. Y si bien por ahora la justicia le dijo "no", su trabajo de investigación parece serio, al menos hay esfuerzo detrás.

"Lo que más me

interesaba era el juicio

ante la sociedad"

El hombre no es un sinvergüenza ni actúa bajo los efectos de la locura. Tampoco parece un extorsionador en busca de dinero. Creo que en eso, y no en los "respaldos" políticos que pueda tener, radica su fortaleza. "¿Usted lo quería ver preso a Abel Miguel?", le preguntamos al comenzar el reportaje. Su respuesta es carne de diván: "No. Incluso mi abogado lo dijo en el alegato, que no interesaba la pena de prisión, aunque se pedía. Lo que más interesaba era el juicio ante la sociedad, más allá del resultado". O sea, a Benítez los barrotes no le bastan, a la vieja usanza, quiere que Miguel sea empalado en la plaza pública; vivo, por supuesto, así el escarnio dura más.

¿Cómo sería el país

con más Benítez?

Contactarse con este "denunciante eterno" resulta movilizador. ¿Por qué? Por un lado, uno sabe que probar un hecho de corrupción en Argentina es bien difícil. El sistema está armado de una manera tal que parece blindado a las investigaciones de cualquier grupo o factor. Desde esta perspectiva, Benítez no deja de ser un ejemplo. ¿Se imaginan cómo sería el país con más Carlos Benítez dando vueltas? Personas que, equivocadas o no, dediquen parte de su vida a controlar a los funcionarios públicos. Uno siente que faltan más personajes así. Por otro lado, Abel Miguel tiene todo el derecho a ser definido y considerado inocente (al menos por ahora). Independientemente de sus dudas acerca del accionar de la Justicia juninense, el denunciante no puede erigirse en juez de los demás. En algún momento también él debería aceptar lo que dice la justicia y darse por vencido. Le guste o no, tiene que aprender a aceptar los dictados del poder judicial. Incluso un error es mejor que la anarquía absoluta. De todas formas, el caso Benítez vs. Miguel tiene una profundidad que excede lo jurídico. Igual que en las tragedias griegas, hay un transfondo humano muy "didáctico"; básicamente relacionado al ejercicio del poder absoluto. La manera en que miramos a nuestros líderes y el lugar que nos dan a nosotros.

Miguel, una especie

de emperador

en la ciudad

Pónganse por un minuto en el lugar de Benítez: año 1985, con cuarenta y dos años es alejado de su cargo por una presunta malversación de fondos. Abel Miguel es por entonces una especie de emperador de Junín. O casi. Todos lo respetan y veneran. Tan poderoso es que "premia" al desplazado con el ofrecimiento de un puesto en La Plata y, frente a la negativa de éste a mudarse a esa ciudad, con una carta de recomendación. ¿Se entiende? Abel Miguel era una personalidad tan intocable que en un mismo movimiento podía echar y recomendar a alguien sin que le temblara el pulso, conducta que es más propia de un emperador capaz de manejar sus dominios a gusto, que de un funcionario público elegido por el pueblo; autoridad máxima que, ante todo, debe preocuparse por ser justo.

¿En qué quedamos? Si Carlos Benítez era recomendable para un tercero o para otra ciudad, ¿por qué no podía seguir en su puesto? Sólo quedan dos explicaciones: o el ex intendente le debía favores al funcionario desplazado, o es una gran persona que quiso ayudar al caído en desgracia. En ambos casos estuvo mal. Ni una cosa ni la otra resultan admisibles. Fue ese desafortunado puntapié inicial el que originó todo este entuerto. Al fin del día, Carlos Benítez no pudo defenderse porque el ex intendente lo declaró "culpable - inocente". Categoría imprecisa que, en honor a la verdad, es insoportable para una persona de bien.

Devolver el

golpe aunque

no sea necesario

Creo que Benítez le apunta al enorme poderío que tuvo Miguel, no a la corrupción de su gobierno. Lleva veinticinco años disparándole en la frente a un hombre que lo dejó en el limbo. Una curiosidad: justicia de por medio y todo, es casi el mismo lugar que, hoy por hoy, le toca ocupar a Abel Miguel. Ahí lo dejó el denunciante con su constancia y la chorrera de apelaciones. En el libro "Los hombres que no amaban a las mujeres", de Stieg Larsson, uno de los personajes afirma que, así como no tiene sentido pelear cuando uno sabe que va a perder, tampoco se puede dejar pasar la oportunidad de devolver el golpe aunque ya no sea necesario hacerlo ni tenga sentido. Es exactamente lo que está tratando de hacer Carlos Benítez. ¿Vale la pena? Sólo él lo sabe.

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